Sociedad Uruguaya

Mons. Pecorari: “Se necesita llevar a cabo una intensa catequesis para dar a conocer a Jesucristo y a la Iglesia, que continúa su obra redentora”

En el marco de la Misa celebrada en ocasión de la fiesta de San Josemaría

Escrivá de Balaguer, el viernes 26 de junio, en la Catedral Metropolitana, el

Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Anselmo Pecorari, animó a llevar a cabo en la Iglesia que peregrina en nuestro país “una intensa catequesis, en todos los niveles, para dar a conocer a Jesucristo y a la Iglesia, que continúa su obra redentora”.

Enfatizó, asimismo, la necesidad de abrir en cada persona “horizontes de vida sobrenatural”.

“Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar’ (Lc 5, 4).

Esta fue la orden que dio Jesús a Pedro. Y Pedro, jefe de los que pescaban con él, la transmitió a sus compañeros. Escuchando el relato evangélico, conocemos cuál fue el fruto de su obediencia: ‘sacaron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían’ (Lc 5, 6) y tuvieron que pedir ayuda a los compañeros que estaban en la orilla”.

Con esta referencia bíblica dio comienzo a su homilía Mons. Pecorari.

“Quisiéramos obtener del cielo esta gracia que pedimos a Dios por la intercesión del santo fundador del Opus Dei: que aumente nuestra fe, de manera que seamos capaces de ir a pescar ‘mar adentro’, con la seguridad de que es allí donde se encuentran los peces que deben ser pescados”, expuso el Nuncio Apostólico, comentando la referida cita evangélica.

Luego de agradecer al Arzobispo de Montevideo el ofrecimiento de la Catedral para esta celebración eucarística, reconoció ir “conociendo y queriendo a la gente de este país. Veo que son personas buenas, muy buenas”, pero, “son pocos los que conocen a Jesucristo como Jesucristo debe ser conocido y querido. (…)”, señaló. “En consecuencia, está claro que se necesita llevar a cabo una intensa catequesis, a todos los niveles, para dar a conocer a Jesucristo y a la Iglesia, que continúa su obra redentora”, advirtió Mons. Pecorari.

“En la Arquidiócesis de Montevideo, siguiendo la decisión de los obispos

latinoamericanos reunidos en Aparecida, se está promoviendo una Misión a la que todos los católicos se sienten convocados. Ustedes, queridos hermanos que tratan de seguir el espíritu con el que San Josemaría enriqueció a la Iglesia, deben sentirse comprometidos a realizar cada día esta ‘pesca’ a la que Jesucristo nos convoca por el hecho de haber

recibido el Bautismo”, manifestó.

“IR MAR ADENTRO”.

Refiriéndose a las actividades de formación y de enseñanza que los fieles de la Prelatura del Opus Dei, junto con otras personas, han puesto en marcha, señaló que “no basta con dar la enseñanza de la fe colectivamente: ir ‘mar adentro’ significa también llegar al interior de las personas, para abrir a cada uno, según sus circunstancias particulares, horizontes de vida sobrenatural”.

Citó, en este sentido, las palabras pronunciadas por el Papa Benedicto XVI durante la última Jornada Mundial de la Juventud, en Sydney: “El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia. Ésta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acción, comunión con el

Espíritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jesús y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial.”.

A continuación, aludiendo al espíritu de filiación divina «que Dios quiso inculcar en San Josemaría Escrivá y en la Obra que inspiró en su corazón”, observó que “este espíritu es precisamente el que, así como debe movernos a ir ‘mar adentro’, también motivará a cada uno a profundizar en el contenido de su fe, a madurarla intelectualmente con el fin de responder ‘con verdad y caridad’ (Ef 4, 15) a las cuestiones que se plantean en la vida familiar, en el trabajo, en la convivencia diaria. Solamente así, con mujeres y hombres bien formados en las enseñanzas de la Iglesia, se podrá santificar el mundo desde dentro. Nosotros tenemos que ser en el mundo: sal, luz y fermento”.

Haciendo referencia al relativismo imperante en la cultura actual, agregó que “no parece una exageración comparar el ambiente de nuestra época con el clima dominante hace más de veinte siglos, cuando la fe en Cristo comenzaba a abrirse camino en la tierra. Aquellos primeros hermanos y hermanas nuestras en la fe debieron entonces enfrentarse serenamente, a conductas y modos de pensar incompatibles con la enseñanza de Jesucristo.

Viviendo con naturalidad y dando razón de su comportamiento, consiguieron hacer realidad lo que San Josemaría reflejaba en su libro Camino: ‘¡Influye tanto el ambiente!, me has dicho. —Y hube de contestar: sin duda. Por eso es menester que sea tal vuestra formación, que llevéis, con naturalidad, vuestro propio ambiente, para dar ‘vuestro tono’ a la sociedad con la que conviváis. (…) Estoy seguro de que me dirás con el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo: ‘¡Influimos tanto en el ambiente!’ » (n. 376).

Reforzó esta idea al citar otras palabras del Papa a los jóvenes reunidos en Sydney, cuando los animaba a “contribuir a la edificación de un mundo  en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada amorosamente, no rechazada o temida como una amenaza y por ello destruida. Una nueva era en la que el amor no sea ambicioso ni egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie gozo y belleza. Una nueva era en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apatía y el egoísmo que degrada nuestras almas y envenena las relaciones humanas”.

Al finalizar su homilía, Mons. Pecorari pidió a los asistentes que “no dejen de rezar por el Santo Padre, especialmente al celebrar dentro de tres días el ‘Día del Papa’, y de rogar también por sus inmediatos colaboradores. A su vez, recordamos que acaba de empezar en la Iglesia, por deseo del Santo Padre, un ‘Año Sacerdotal’ en el que pedimos por la santidad de los sacerdotes, los diáconos y los obispos de todo mundo. A San Josemaría, que fue un sacerdote que amó sin medida a sus hermanos en el sacerdocio, le encomendamos también particularmente esta intención”.

“Dirijamos nuestra mirada a la Inmaculada Concepción de María, a quien está dedicada esta Iglesia Catedral de Montevideo, pidiéndole que haga eficaces nuestros deseos de ir ‘mar adentro’ y que llene nuestras redes, que proteja a los miembros del Opus Dei y que interceda por esta querida Arquidiócesis de Montevideo y por su pastor, y por la Iglesia Católica en el Uruguay”, concluyó.

Crónica aportada por la Oficina de Información del Opus Dei.

http://www.opusdei.org.uy/art.php?p=34611

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