Sociedad Uruguaya

Guayubira: XIII Congreso Forestal Mundial en Buenos Aires

A partir de este fin de semana (17 y 18 de octubre de 2009) se llevará a cabo en la ciudad de Buenos Aires el XIII Congreso Forestal Mundial. Esto provocó una

importante movida en el sector forestal y empresarial ya en los meses

previos al congreso.

La expansión forestal en Argentina adquiere gran impulso en 1998 con

la Ley Foresal, que otorga una serie de beneficios: subsidios para

plantar, subsidios a través de la devolución del IVA, exención de

impuestos (de ingresos e inmobiliarios), etc. Al igual que en Uruguay

esto significó la promoción de monocultivos de árboles a gran escala

con especies exóticas.

Ante toda esta movida empresarral nos pareció importante rescatar la

otra mirada sobre este tema, la de quienes viven en zonas donde se

han llevado a cabo proyectos de monocultivos de árboles a gran

escala.

El texto que compartimos a continuación surge de un recorrido

realizado por el norte de Misiones –considerada como la  principal

provincia forestal del país — y en especial por la zona donde está

instalada la empresa chilena Arauco con sus fábricas y plantaciones

de pinos –la misma que posee junto a Stora Enso el mayor latifundio

forestal en Uruguay.

http://www.guayubira.org.uy/plantaciones/CFM2009.html

– Argentina: Misiones – pinos, pasteras y mentira

La provincia de Misiones nació bella con su selva misionera, pero

también creció con vocación sufrida. La historia del despojo comenzó

con los conquistadores españoles sometiendo a los pueblos guaraníes

originarios de la zona, quitándoles su libertad y desarticulando su

forma de vida.

En tiempos más recientes, Misiones sangró por su selva, talada

indiscriminadamente y en condiciones inhumanas para la industria

maderera. Por el río Paraná se fueron yendo en jangadas los preciosos

lapachos, timbós, ybira-pitás, peteribís y tantos más, rumbo al

mercado nacional y mundial. En poco más de un siglo la selva

misionera se redujo a un tercio de la superficie original.

Paralelamente creció la actividad agropecuaria. La yerba mate, cuya

cosecha originalmente era de yerbatales naturales, fue sustituida por

la extensión de la producción bajo cultivo, compartiendo el espacio

territorial con el té, citrus y tabaco. Hubo concentración de la

tierra, con grandes plantadores, pero también se impulsó un programa

estatal de colonización agrícola a partir de una estructura

básicamente familiar, a pequeña y mediana escala   propiedades que en

general oscilaban entre 25 y 50 hectáreas  , con cultivos anuales y un

cultivo central de yerba.

En torno a esta estructura se desarrolló una población rural que

trabajaba en su gran mayoría en tareas agrícolas de preparación del

suelo, siembra, cosecha. También habilitaba a que los peones tuvieran

un pedazo de tierra para vivir allí con su familia, lo que les

permitía tener cierta soberanía alimentaria.

Esa situación comenzó a tener un vuelco a partir de la década del 40,

cuando se instala en Puerto Piray, municipio del departamento de

Montecarlo, la empresa nacional Celulosa Argentina para la producción

de pulpa de papel, dando inicio a la plantación de monocultivos de

pinos. Esa fábrica de celulosa, inserta en el modelo de sustitución

de las importaciones, debió enfrentar una gran resistencia obrera, en

el año 1968, por denuncias de condiciones insalubres de trabajo.

En los años de la dictadura, y sobre la represión del movimiento

social, se produce una reconversión de la economía. Se pone en marcha

un proyecto para la construcción de mega fábricas de celulosa con la

mayoría accionaria de Celulosa Argentina: la fallida Celulosa Puerto

Piray S.A.(actualmente una fábrica obsoleta), y Alto Paraná S.A.

La expansión forestal adquiere gran impulso en 1998 con la ley de

promoción forestal 25080, que otorga una serie de beneficios:

subsidios para plantar, subsidios a través de la devolución del IVA,

exención de impuestos (de ingresos e inmobiliarios), eliminación del

cobro de guía y una enorme estabilidad fiscal por 30 años, que el

gobierno provincial puede ampliar a 50.

Esto, sumado a la desregulación de la yerba del mercado consignatario

(que aseguraba al productor un precio de venta superior a sus costos y

negociaba su venta con los grandes molinos), fue el tiro de gracia al

sistema de producción familiar.

Los colonos y los cultivos de citrus, té, yerba, tabaco, se vieron

desplazados por el avance de las plantaciones, fundamentalmente de

pino Elliotti   cuya resina quema la hoja de la yerba y no permite

que crezca abajo  , pero también pino Taeda y eucaliptos. Las chacras

fueron compradas para forestación o utilizadas en algunos casos por el

propio colono para la plantación de pinos creyendo que era un gran

negocio, lo que luego demostró no ser tal para ellos.

Los colonos que perdieron sus chacras se urbanizaron; se debilitó la

figura predominante del empleador rural y con ello también las

fuentes de trabajo que generaban. Fue el desmantelamiento de la

población rural. En el departamento de Montecarlo, por ejemplo, había

parajes en los que en promedio vivían más de 150 familias, y que

desaparecieron o sufrieron notables pérdidas. A la vez que se perdió

población rural, surgieron numerosos asentamientos urbanos y

suburbanos en la zona.

Ese viejo sistema de apropiación que, si bien daba trabajo, se

apoyaba en la explotación de los trabajadores, no cambió por otro más

equitativo. La propiedad de la tierra se concentró y luego se

extranjerizó. Alto Paraná fue comprada en 1996 por la empresa chilena

Celulosa Arauco y Constitución (Celarauco), del grupo Angelini, que

luego compró también Celulosa Puerto Piray. Esta última transacción

ha sido denunciada como un proceso de fraude violento al Estado

municipal, ya que para poder venderla hubo que condonar deudas que la

fábrica tenía con la municipalidad. De los 10 millones de dólares que

debía al municipio terminó pagando 200.000 pesos argentinos

(aproximadamente 50.000 dólares), más 300 hectáreas de tierra, dos

camiones, una pala caterpillar. La llegada de estos capitales

extranjeros no fue gratuita para el erario público.

La entrada de Alto Paraná en escena provocó una concentración de la

tierra en la provincia de Misiones. A modo de ejemplo, solo en el

municipio de Piray la empresa posee el 62,5% de la tierra, y junto

con otras tres reúne el 83%. A nivel de la provincia, las 233 mil

hectáreas de Alto Paraná representan el diez por ciento del suelo

provincial (1).

Y la concentración no es solamente de la tierra sino también de la

materia prima: los pequeños aserraderos se fueron quedando sin acceso

a la madera, rezagados en materia tecnológica, y cerraron, aumentando

el desempleo. Por otro lado, los trabajadores no fueron

necesariamente absorbidos por la nueva fábrica ya que con la

creciente tecnificación, las tareas en las plantaciones de árboles,

como la plantación y la cosecha, que al principio generaban empleo,

fueron sustituyéndose por máquinas y agrotóxicos.

Hoy, con este modelo, el escenario es que el 53% de la población de

la zona no tiene trabajo, y del 47% que tiene ingreso, el 86% gana

menos de un salario mínimo.

A eso se suma la pérdida de agua en la provincia. Originalmente la

deforestación por la tala excesiva fue el principal factor de pérdida

de agua, en la medida que la desaparición del bosque alteró el ciclo

hídrico. Luego, las plantaciones a gran escala de árboles exóticos y

de rápido crecimiento, con su enorme  eficiencia  para aprovechar el

agua a través de sus raíces que llegan a las profundidades del suelo,

agudizaron el problema.

Las plantaciones de árboles destruyeron selva misionera, concentraron

y extranjerizaron la tierra con la consiguiente inequidad social y

pérdida de soberanía, desplazaron sistemas agrícolas familiares,

causaron un sinnúmero de impactos sobre el ambiente y la salud (2).

También trajeron consigo, al decir de uno de los hijos de la tierra

misionera,  la gran mentira     La gran mentira de habernos

transformado en el polo foresto-industrial más importante del país,

para lo que hubo que pagar millones de dólares, más la destrucción de

la selva y de las organizaciones sindicales y sociales .

Detrás de la gran mentira es necesario desnudar la realidad de la

Misiones forestal, en momentos en que la industria de monocultivos de

árboles intenta presentarse en el Congreso Forestal Mundial como una

actividad  ecológica . Para Misiones, el  desarrollo forestal  de las

plantaciones está lejos de traerle un  equilibrio vital , como anuncia

el eslogan del Congreso.

Por Raquel Núñez   raquelnu@wrm.org.uy, en base a la recorrida

realizada con Elizabeth Díaz por el norte de la provincia de

Misiones, con el generoso acompañamiento y valiosa información y

testimonios de Ruben Ortiz, Juan Yahdjian y varios vecinos de la

comunidad Piray 18 y del resto de la zona.

(1)  La invasión forestal , Darío Aranda, publicado el 26 de Julio de

2009 en Página 12, accesible en

http://www.wrm.org.uy/paises/Argentina/invasion_forestal.html

(2)  Misiones: la selva de Quiroga convertida en pinos para

celulosa , Ricardo Carrere, julio de 2005,

http://www.guayubira.org.uy/celulosa/informeMisiones.html

Grupo Guayubira

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