Sociedad Uruguaya

Columna de Jorge Majfud: “Crisis XI”

“Crisis XI” es el nombre de la columna –a modo de ficción- de Jorge Majfud.

“Viernes 17 de abril. Dow Jones: 8.131

Opa Locka, Florida. 6:10 PM

La habían invitado al programa de Lilí porque la consideraban un bicho raro. La anunciaron como la autora de La máscara, un libro que no hablaba de la felicidad ni de cómo ser feliz en ocho capítulos y un apéndice.

La sentaron entre una especialista en tarot y astrología china y un especialista en exorcismo. En un extremo estaba la autora de Cómo ser feliz a pesar de tu marido y más allá Santiago Petradura, el autor del best seller El poder de la mente, según el cual las cosas buenas sólo le ocurren a aquellos que atraen vibras positivas. Sin duda era un programa excepcional, como explicó Lilí, envuelta en una cola de zorro gris y acompañada por la famosa vedette Reina Narcos.

—Este programa de Lilí —introdujo la famosa presentadora— está auspiciado por Mercado Libertad, fotocopias El Diverso y por la Asociación Para la Democracia en el Mundo con cuarteles en más de cincuenta países. A ellos agradecemos la posibilidad de tener hoy un foro con brillantes invitados para debatir, discutir y libremente discrepar sobre cómo alcanzar la mejor felicidad para todos en este mundo lleno de violencia, incomprensión y escasa fe en nuestros Señor. Hoy no vamos a hablar de los escándalos de la farándula, ni de las últimas declaraciones de mi amiga aquí presente que todos ustedes ya escucharon esta semana… (ay Dios mío!, esta mujer es terrible, de la más pura escancia latina) sino de libros, de cultura, de todo el pensamiento y las cosas lindas que está produciendo y creando la inquieta gente nuestra para beneficio del mundo.

Reina Narcos, inesperadamente y antes de hablar en un tono más pausado que lo habitual, se puso unos lentes de lectura y se extendió en el comentario de la contratapa de Cómo ser feliz a pesar de tu marido como introducción a su propia experiencia de cinco ex maridos y seis fieles amantes.

—Y a todos los deseché cuando no pudieron complacerme —explicó, lo que provocó un cálido aplauso por parte del público—… porque las mujeres tenemos que hacernos valer, señor! No al machismo, no a las drogas!

El único problema fue cuando le tocó el turno a la señora Susana Ocampo, cuando empezó a explicar su teoría de la ambigüedad y fragmentación de la cultura como expresión de un complejo imperial.

El ambiente se comenzó a caldear cuando Lilí se puso a refutar a su invitada, apoyada por el calor de la tribuna y los rostros negadores de los otros cuatro escritores.

—Esta señora, por cierto mucho más joven que yo —podría ser mi hija—, ha leído muchos libros pero todos del mismo pelo y con la misma agenda — dijo Lilí.

—Si por el mismo pelo se entiende que todos eran críticos, radicales, documentados, casi que tiene usted razón.

—Profesora, debería usted leer libros que opinan diferente a todos esos críticos que muerden la mano de quien les da de comer. Tantos libros le han lavado el cerebro.

—Que es mejor que tenerlo sucio, lleno de basura mediática y de propaganda de entretenimiento. Ahora, si usted cree y quiere hacerle creer a su tribuna que le debemos la vida y el pan a los ricos y poderosos que deciden qué país se invade para protegernos y qué limosnas se les da a los pobres de este país para mantenerlos conformes en sus guetos citadinos y qué espectáculos se les administra para mantenerlos contentos y distraídos, puede hacerlo. De hecho eso es lo que usted ha hecho toda la vida y de eso ha vivido, no? Y nadie dice que usted lame la mano de quién le da de comer.

—Si no le gusta, por qué no se va a vivir a otro país? Por qué no se va a vivir a Cuba o a Afganistán?

—A otro país? Para qué? Para encontrarme con gente como usted? O peor, porque al menos usted defiende sus propios intereses. Necesita más espacio aquí? No les basta con estar en casi todos lados que además pretenden estar en todos lados, a secas? Así, sin resistencias a sus antojos y privilegios, sin nadie que les moleste en la acción, sin nadie que les incomode en la conciencia? Piden demasiado. No creo que lleguemos a semejante rendición.

—Sería más consecuente con sus ideas. Si se fuera.

—No, en absoluto no. Yo no creo que un país tenga dueños ideológicos. Los lobbies pueden tener el poder de un país y hasta del mundo pero eso no significa que sean sus dueños por derecho. Aquí hay mucha gente decente, sabe? Si este un país todavía tiene algo de democrático, no es gracias a los lobbies que dictan leyes y correctos discursos, sino por aquellos que no se creen todas las mentiras que chorrean edulcoradas desde sus altas torres. Qué pretende? Que le deje a usted el poco espacio que todavía tienen los disidentes? No se conforman con todo lo que ya tienen? No? Sería consecuente que aquellos que invaden y apoyan intervenciones militares, económicas y financieras en países más débiles se retiraran de cada uno de esos países atrasados, violentos, bárbaros en una palabra. Sin embargo, ningún país del mundo tiene tantos intereses y gente metida en países que son criticados y despreciados. Si tanto los critican y desprecian, por qué no se van de allí? Por mi parte, aquí puedo molestar más. No cree usted que molesto? Incluso molesto en los medios a los que soy invitada para simular su tolerancia.

—Es decir, por programas como éste. Dígalo de una vez.

—No pretendo ocultarlo. Es así, el poder se expresa y usa programas como éste para alimentar la ilusión de la libertad de sus consumidores. Pero la verdad no es un negocio y el poder sólo permite lo que no amenaza. Además, por simple agradecimiento a su amable invitación es que le estoy siendo sincera. Ahora, que usted no quiera oírlo, que su tribuna se moleste con la verdad es algo comprensible pero no es mi responsabilidad.

—Usted es una cínica, típica feminista fracasada de pelo corto —la cortó Lilí.

—Sí. El pelo corto en las mujeres, el pelo largo en los hombres siempre es un problema. Con todo debo agradecerle el reconocimiento. Un cínico es lo opuesto a un hipócrita. Un cínico es un hiper-crítico. El hipócrita, como lo dice la palabra, es un hipo-crítico, alguien que ha suspendido la crítica intencionalmente y por conveniencia. Que son los casos más abundantes.

—He escuchado muchas tonterías en mi vida de animadora, pero como ésta nunca. Le voy a pedir muy civilizadamente que abandone el estudio. No voy a tolerar una falta de respeto de esta medida.

La profesora Ocampo se levanta y al retirarse le gritan “comunista! taliban! tortill*(bip)”.

—Al regresar —concluye Lilí, con profesionalismo—, volvemos con algo más constructivo. Porque nuestra gente tiene algo más en el cerebro y en sus corazones que odio y resentimiento. El amor de nuestra gente es el que vemos triunfando cada día, haciendo aún más grande a este país y a este mundo tan lleno de violencia, de incomprensión y de fanatismo”.

Jorge Majfud (a modo de ficción).

majfud@gmail.com

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