Sociedad Uruguaya

Fundación Manantiales: Trastornos de la Conducta Alimentaria

Según los criterios diagnósticos internacionales, los trastornos de la Conducta Alimentaría son un grupo de patologías donde se incluyen a la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa.

Anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa se define por un rechazo a mantener el peso corporal más alto del valor mínimo normal teniendo en cuenta la edad y la talla. Este rechazo se asocia a un miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obesa, se acompaña de una alteración en la percepción de la silueta corporal, de una exageración de su importancia y de la negación del peligro que genera el bajo peso corporal.

A lo largo de la historia se ha ido recogiendo abundante información sobre la existencia de conductas alimentarías desordenadas. Ya desde la antigüedad podemos observar como el sobrepeso era signo de salud, belleza y poder. En los banquetes romanos se comía y bebía con evidente exageración y los vómitos constituían un remedio eficaz y usual para reiniciar la comilona.

También, a lo largo de toda la historia de la humanidad, podemos encontrar datos relacionados con la restricción alimentaría. Inicialmente, estaba más asociada a aspectos religiosos. Los primeros cristianos y los místicos predicaban el ayuno como penitencia y como un medio para lograr un estado espiritual elevado.

Sin embargo, las primeras referencias clínicas sobre anorexia corresponden al siglo XVI. En esta época aparecen datos sobre personas que presentan conductas de restricción importantes que ya son vistas como socialmente inadecuadas y sin que estén justificadas por una conducta religiosa.

La enfermedad no tiene una causa única, sino que existen elementos biológicos, psicológicos y sociales que predisponen a padecerla o la desencadenan directamente.

Los factores predisponentes que configurarían un grupo de riesgo serían uno o varios de los siguientes:

         Ser mujer joven.

         Tener antecedentes familiares de anorexia, bulimia, trastornos depresivos, obsesivos o alcoholismo.

         Sufrir previamente un problema de obesidad (o, simplemente, sobrepeso).

         Poseer determinados rasgos de carácter: perfeccionismo, excesiva responsabilidad para la edad o situación, inseguridad, timidez o introversión, baja autoestima.

Los factores desencadenantes de la enfermedad suelen ser uno o varios de los siguientes:

         Haber ganado peso recientemente y estar a régimen.

         Padecer alguna enfermedad que dificulte o impida comer durante unos días.

         Haber incrementado el ejercicio físico.

         Recibir críticas sobre el tipo o el peso, en cualquier ambiente.

         Tener que enfrentarse a situaciones nuevas o difíciles, perder a seres queridos, encontrarse en situaciones de aislamiento o soledad.

 

Los factores sociales que predisponen a la enfermedad, e incluso la desencadenan, son muchos y muy complejos. La presión social y mediática que existe en torno a la línea y el adelgazamiento tiene un papel decisivo en la aparición y desarrollo de la enfermedad. La moda y la publicidad incitan más frecuentemente a adelgazar que a mantener una buena salud.

Los factores predisponentes y sociales interactúan entre si determinando una serie de cambios en la personalidad y conducta que, en la pubertad y bajo el influjo de los factores precipitantes, conducen al deseo de adelgazar mediante la realización de dietas y/o ejercicio físico exagerado, lo que en efecto produce una pérdida de peso progresiva. La desnutrición resultante provoca trastornos mentales que refuerzan el deseo de seguir adelgazando, instaurándose de esta manera un terrible círculo vicioso psíquico del que es muy difícil escapar.

La Anorexia Nerviosa no es sólo un adelgazamiento de origen mental, sino una modificación global de la conducta nutritiva y sobre todo, una pérdida de la actitud normal ante el peso y la propia figura corporal.

Las anoréxicas, paradójicamente, no tienen anorexia y no existe en ellas, salvo en periodos avanzados, una inhibición real del apetito. Lo característico y definitorio de este síndrome es el rechazo deliberado de la comida para no engordar. Esta pseudo inapetencia o «anorexia voluntaria» se perfila sobre un fondo de perturbación general del comportamiento alimenticio que se repite con asombrosa regularidad entre las enfermas: compulsión a comer a deshoras (especialmente en la noche); alimentación solitaria y a «hurtadillas», evitando la compañía y los horarios habituales; preferencia por los dulces; robo de alimentos; vómitos provocados; abuso de anorexígenos, diuréticos y laxantes, etc.

Bulimia Nerviosa

La Bulimia Nerviosa es una enfermedad que consiste en reiterados «atracones de alimentos» (especialmente de un alto contenido calórico como helados, pasteles, chocolates, etc.).

Un atracón se define como una gran ingesta de alimentos en un corto periodo de tiempo. Después del atracón estas personas se sienten culpables y como método para evitar ganar peso recurren al vomito o a otras conductas inapropiadas. Estas conductas pueden ser el uso de laxantes, diuréticos, enemas o hacer ejercicio intenso, o bien tras un atracón pasar uno o varios días en ayuno.

La personas con Bulimia tienen un miedo intenso a subir de peso acompañado de una alteración de la imagen corporal (se ven así mismos más gordos). Presentan además una baja autoestima y alteraciones en cuanto a su estado de ánimo, con un afloramiento de los estados depresivos y una sensación de falta de control durante un atracón de alimentos, y un autodespresio después del atracón (causa por la cual recurren al vómito).

La historia de la bulimia dentro de su acepción clínica es más reciente que la historia de la Anorexia, se trata de un trastorno del que no se hablaba hace dos décadas y que ha surgido en nuestra sociedad con gran fuerza en los últimos 10 años.

Al igual que la anorexia nerviosa, es más frecuente en la mujer que en el varón, en una proporción de 10 a 1, presentándose alrededor de los 20 años y muy especialmente tras haber padecido una anorexia nerviosa o haber hecho regímenes de adelgazamiento.

 

La bulimia es más frecuente que la anorexia nerviosa. Los estudios sobre su frecuencia en la población juvenil femenina varían, indicando que entre 3 y 10 chicas de cada 100 la padecen.

Con frecuencia, existe el antecedente de obesidad y el hábito de comer en exceso y también son frecuentes los antecedentes de trastornos de personalidad, ansiedad, conductas impulsivas o depresiones.

Muchas bulímicas se atracan cuando se sienten tensas, ansiosas o infelices. Algunas pacientes dicen que comen cuando no pueden dormir. También lo hacen en respuestas a sentimientos reprimidos de incapacidad, cólera o decepción; incapaces de expresar sus sentimientos de manera directa, se atracan, sofocando así sus sentimientos con comida.

Las personas más propensas a atracarse obtienen mayores puntuaciones en sentimientos de incapacidad y en deseos de ser delgadas. Muchas bulímicas dicen que el deseo de atracarse es provocado por desaires o frustraciones intrascendentes, rechazo a confrontación, además de ansiedad o desilusión. Otras dicen que el deseo de atracarse aumenta cuando están preocupadas

Junto con las sustancias que usan para mantenerse delgadas también pueden abusar de sustancias químicas que alteran él animo, como sedantes, anfetaminas, cocaína, alcohol y narcóticos.

Existe una presión importante de la sociedad que fuerza a los jóvenes a estar delgados y esbeltos. Muchos medios de comunicación, especialmente los anuncios de prensa, radio o televisión, venden la idea de que ser o estar delgado(a) estaría asociado a parámetros como la felicidad, el éxito laboral, el éxito en las relaciones sociales y una mejor calidad de vida.

Con la idea de que «todo puede corregirse», de que la delgadez está asociada a la salud, estar sexy, ser bella y tener éxito, algunas mujeres pueden iniciar dietas restrictivas, someterse a conductas de purga, perder la capacidad para controlar pesos o dietas normales y desarrollar una Anorexia Nerviosa o una Bulimia Nerviosa.

En principio, no se puede predecir quien desarrollará un trastorno alimentario. Sin embargo, existen unos rasgos característicos en estos pacientes que pueden predisponer a una persona a padecer este tipo de trastornos:

         Problemas para ser autónomo.

         Tener miedo a madurar.

         Déficits en la autoestima.

         Autocontrol y perfeccionismo.

Es totalmente incorrecto afirmar que las familias son la causa de estas enfermedades. No obstante, determinadas características familiares, unidas a factores individuales de la propia paciente junto con factores socioculturales pueden predisponer a una persona a padecer un trastorno de la alimentación.

Diagnóstico precoz

La anorexia nerviosa y la bulimia, así como otros trastornos de la conducta alimentario, pueden prevenirse o detectarse precozmente. Para ello, se deben aplicar varias (o mejor todas) de las siguientes medidas:

1. Se debe enseñar a los niños y jóvenes, en la familia y en los centros escolares, a llevar una vida saludable inculcándoles conocimientos y hábitos de alimentación sana y de actividad física adecuada a sus facultades.

2. Se les debe ayudar con nuestra comprensión y confianza a conocer su propia realidad biológica y psíquica, sus capacidades y sus limitaciones, infundiéndoles seguridad en sus propios valores de forma que puedan sentirse a gusto consigo mismos y se acepten como realmente son.

3. Se debe evitar proponerles metas académicas, deportivas o estéticas inalcanzables con arreglo a su capacidad mental, sensibilidad o constitución física, ya que ello podría producir una disminución de su autoestima y llevarles a experimentar sentimientos profundos de frustración, que podrían intentar compensar por cauces patológicos como es perder peso para estar físicamente más atractivo, o comer en exceso para «consolarse».

4. Se debe proporcionar a la gente joven un grado adecuado pero no ilimitado de libertad, autonomía y capacidad de decisión. Necesitan crear sus propias vidas y valores, pero también necesitan orientación y supervisión en su salud y en sus actividades.

5. Se debe hacer lo posible por detectar las épocas de crisis en sus vidas (situaciones de aislamiento, soledad, estrés escolar o profesional, etc.), en las que frecuentemente se inician estos trastornos, para proporcionarles apoyo y ayuda.

6. Se debe vigilar especialmente a la denominada «población de alto riesgo» para el padecimiento de estos trastornos: bailarinas, gimnastas, atletas, deportistas, modelos profesionales… En estos grupos la dieta y el control del peso tienen gran importancia, y ello podría llevarles a situaciones patológicas.

7. Se debe tratar de contrarrestar la presión de los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión…) en torno a las dietas, el adelgazamiento y los cuerpos perfectos, inculcando a la gente joven que sus valores fundamentales y los de las personas con que se relacionan radican en sus cualidades, valores y comportamientos, más que en su aspecto físico.

8. Es muy conveniente realizar las comidas en familia, a ser posible nunca en solitario, aprovechándolas de paso para una verdadera comunicación y contacto entre las personas que la forman.

9. Si una persona joven o adolescente precisa perder peso por razones de salud, debe hacerlo siempre bajo un estricto control médico.

10. Si una persona joven o adolescente manifiesta su deseo de perder peso innecesariamente o comienza a reducir su alimentación, se le debe vigilar estrechamente, y ante la más mínima sospecha de pérdida excesiva de peso o reducción anómala de su alimentación, se le debe llevar al médico especialista de inmediato.

11. Son signos de alarma, además de los citados anteriormente, el rehuir comer en familia, el comer en exceso a escondidas, el ir al cuarto de baño inmediatamente tras las comidas y el uso de laxantes.

Más información en www.manantiales.org.uy o en el 2400 3400.

Fuente Imagen: rena.edu.ve

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