Sociedad Uruguaya

Mieres: ¿Desde cuando la iglesia no puede opinar de los asuntos públicos?

Columna del precandidato presidencial, Pablo Mieres (Partido Independiente) cuestionó los dichos del postulante Pedro Bordaberry (Vamos Uruguay) sobre monseñor Daniel Sturla.

“El Arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, igual que varios obispos de la Iglesia Católica, ha manifestado su posición contraria al Plebiscito a favor de bajar la edad de responsabilidad penal de los menores. Explicó con claridad sus razones y desarrolló los argumentos que entendió pertinentes para sustentar su posición contraria.

Sorprendentemente el candidato de Vamos Uruguay, el Dr. Pedro Bordaberry, ha salido al cruce de estas afirmaciones descalificando esta opinión y recomendándole que “… la Iglesia tiene que ocuparse mucho de los fieles y dejarnos a nosotros los políticos el tema de la inseguridad”.

Estas afirmaciones hacen agua por todos lados y ponen en evidencia el pensamiento profundamente conservador y elitista del candidato colorado, que no batllista.

En primer lugar, el Dr. Bordaberry se cree que el problema de la inseguridad es de los políticos. Grave error, el problema de la inseguridad es de todos los uruguayos, y son todos los uruguayos los que deben opinar y manifestarse al respecto. Tan es así, que el propio Bordaberry promovió una recolección de firmas para que sea la gente la que resuelva sobre su equivocada y engañosa iniciativa.

El problema de la inseguridad atañe a todos los ciudadanos y todos los ciudadanos tenemos el derecho de opinar y resolver sobre ese asunto, incluido Mons. Daniel Sturla y los demás obispos, que son tan ciudadanos como todos nosotros.

En segundo lugar, los obispos y la Iglesia Católica, así como también las demás iglesias y cualquier organización religiosa, tienen el derecho y en algunos casos el deber de hacer conocer su posición porque se trata de organizaciones sociales que viven en una sociedad concreta y su función consiste en dar su posición frente a los asuntos de la vida cotidiana de la gente. Justamente, parte de “ocuparse de sus fieles” consiste en dar su palabra sobre los asuntos de la vida social.

La concepción de Bordaberry es propia de la vieja época anterior al Concilio Vaticano II en que se proponía una suerte de escisión entre la vida espiritual y la vida concreta de la gente. Desde el Concilio Vaticano II (hace de esto más de cincuenta años) la Iglesia Católica ha retomado su interés por hacer conocer sus posturas y opiniones en los asuntos concretos de la vida social de la gente, involucrándose en las causas sociales y asumiendo responsabilidades.

Los ciudadanos serán libres de optar por las alternativas que mejor les parezca, pero los jerarcas de la Iglesia tienen todo el derecho a expresarse y a dar sus razones.

Obviamente, atrás de este asunto no hay un problema de dogmas sino de opiniones sobre decisiones que hacen a la construcción de una sociedad y sus valores, por lo que toda organización religiosa tiene derecho a dar su propia opinión.

Es además muy injusto el Dr. Bordaberry al señalar que no vio la misma contundencia en la Iglesia Católica con respecto al tema de la despenalización del aborto. ¿Es que el Dr. Bordaberry vive fuera de la realidad? Cualquier observador objetivo de la realidad nacional puede confirmar que la Iglesia Católica actuó con decisión y firmeza dando su posición contraria a la despenalización del aborto; no creo que exista ningún uruguayo que no se haya enterado de la posición de la Iglesia Católica sobre este tema. Hasta se emitieron declaraciones institucionales de la Conferencia Episcopal Uruguaya.

En cualquier caso, no se entiende esta contradicción en la posición de Bordaberry, por un lado reclama que los obispos se dediquen a sus fieles y no opinen sobre los asuntos públicos y por el otro lado les reclama no haber sido firmes en la postura contra la despenalización del aborto.

Las iglesias como cualquier organización social de este país tiene todo el derecho de manifestarse sobre los asuntos públicos y, en particular, sus jerarcas también tienen todo el derecho (y quizás la obligación o responsabilidad) de hacerlo.

¿Cuál es la diferencia que molesta tanto al candidato colorado? La diferencia es que en este tema Mons. Sturla no opina como él. De este modo queda en evidencia el talante intolerante del candidato.

Pero el asunto de fondo es que en la medida que la discusión avanza sobre el tema que será objeto de Plebiscito, aumenta la sensación de que la ciudadanía está reflexionando sobre esta iniciativa y aumenta la conciencia de que se trata de una medida que no ofrece ninguna solución al problema serio de la inseguridad.

Por eso se preocupa tanto Bordaberry por las declaraciones de Mons. Sturla, porque suma argumentos fuertes en la dirección contraria a la iniciativa presentada.

Nosotros seguiremos sosteniendo que el camino elegido en este Plebiscito es un camino equivocado, engañoso y, además, fuertemente estigmatizante hacia los jóvenes de este país.

Por supuesto que para enfrentar esta propuesta no caeremos en inventar o escandalizar afirmando cosas que la propuesta no dice. No es necesario exagerar porque las debilidades de la propuesta son evidentes”.

 

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