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	<title>Cecilia Durán Archives - Sociedad Uruguaya</title>
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	<description>Diario digital on line desde el 6 de abril de 2006.</description>
	<lastBuildDate>Sat, 12 Jul 2014 17:12:36 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Desde el Escritorio de Cecilia Durán: “Los espejismos de Banana Yoshimoto (Recuerdos de un callejón sin salida)”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Jul 2014 17:12:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Banana Yoshimoto]]></category>
		<category><![CDATA[Cecilia Durán]]></category>
		<category><![CDATA[Los espejismos]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos de un callejón sin salida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cecilia Durán Mena. ceciliaduran@me.com Recuerdos de un callejón sin salida, Banana Yoshimoto, Traducción: Gabriel Álvarez Martínez, Tusquets, México 2011. “Los sueños de grandeza, los anhelos de alcanzar el mayor de los éxitos, la aspiración de llegar más alto nos dan tantas vueltas en la cabeza que nos queda la sensación de que perdemos el piso [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Cecilia Durán Mena. ceciliaduran@me.com</p>
<p>Recuerdos de un callejón sin salida,</p>
<p>Banana Yoshimoto,</p>
<p>Traducción: Gabriel Álvarez Martínez,</p>
<p>Tusquets, México 2011.</p>
<p>“Los sueños de grandeza, los anhelos de alcanzar el mayor de los éxitos, la aspiración de llegar más alto nos dan tantas vueltas en la cabeza que nos queda la sensación de que perdemos el piso y se nos extravía el equilibrio. En ocasiones, nos dejamos embabucar a tal grado con estos espejismos que desorientamos el norte de la vida y nos olvidamos de disfrutar la cotidianidad. Por suerte, Banana Yoshimoto nos atrapa con sus Recuerdos de un callejón sin salida y nos confronta con un hecho evidente y apabullante: la felicidad depende de todo lo que nos rodea (186).</p>
<p>En mi primera aproximación con Banana Yoshimoto entendí que estaba frente a una</p>
<p>hechicera experimentada, que confecciona embrujos en calderos de papel y con polvos de palabra. El espejismo encanta desde el primer renglón. Fascina con palabras sencillas, con frases simples, con anécdotas cotidianas y así, casi sin sentir, ya caímos en sus redes. La sorpresa mayor es darnos cuenta como esta tejedora de ilusiones fue capaz de atraparnos en esa red tan simple para darnos una poción de profundidad y de sentido de la vida. Es tan efectiva que en ningún momento se aproxima a la cursilería ni por error busca dejar una moraleja, sin embargo, por alguna extraña razón, después de recorrer los renglones de sus textos, no tenemos más remedio que reflexionar.</p>
<p>Recuerdos de un callejón sin salida es, a primera vista, una colección de cinco cuentos cuyo título evoca ansiedad, desesperación o martirio. Nada de ello vamos a encontrar en: La casa de los fantasmas; ¡Mamáaa!; La luz que hay dentro de las personas; La felicidad de Tomo-chan; Recuerdos de un callejón sin salida. Cinco relatos antologados y reunidos bajo el título del último y un Epílogo que no conoce desperdicio. Son seis textos independientes, sin embargo, un lector atento podrá descubrir el finísimo hilo conductor que conecta cada una de las historias entre sí y con su epílogo. Si se quiere leer los textos en forma independiente, se puede, ya que cada uno tiene autonomía y fuerza suficiente para sostenerse por sí solo.</p>
<p>Banana Yoshimoto aborda temas tan sencillos como la felicidad, la amabilidad, el trabajo, la buena educación con la profundidad que da la solidez del oficio. Se aproxima a los grandes temas sin grandilocuencias. Habla de Dios:</p>
<p>“Es el esplendor aterciopelado de la noche, el viento que soplaba con suavidad, el titilar de las estrellas, el canto de los insectos…, cosas como éstas.</p>
<p>En lo más hondo de su ser, Tomo-chan lo sabía. Por eso nunca, ni por un segundo, estuvo sola” (157-158).</p>
<p>“En realidad, la felicidad no consiste en ir a ningún lado, sino en sentir esa energía que nos impulsa” (164).</p>
<p>“Me resulta difícil de explicar, pero me parece que Dios amaba a Nishiyama y lo miraba con indulgencia” (188).</p>
<p>Dice Banana Yoshimoto que sus relatos son una recopilación de recuerdos tristes y dolorosos y, aunque es verdad, se puede sentir la melancolía de los personajes en sus separaciones, en sus circunstancias, en las muertes o en las enfermedades, me parece que se trata de otro embrujo, de un nuevo espejismo para hacernos caer en la cuenta de cómo por poner la vista en la grandeza, en el éxito, se pierde la felicidad de lo cotidiano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Me daba la impresión de acabaría viviendo para siempre con una bondad superficial” (16) “&#8230;rechazaba su suerte porque tenía pájaros en la cabeza&#8230; esa especie de melancolía y gravedad que lo envolvía” (19-20)</p>
<p>“Querer renunciar a todo lo que te ha ocurrido sería un acto de arrogancia. Cada uno tiene su particular abismo y tenemos que darnos cuenta de que si nos sucedieran otras cosas, otras mucho peores, como las que suceden en el mundo, nos destrozarían y nos matarían al instante. No hay que olvidar que gozamos de una situación feliz y aventajada y no hay que avergonzarse de ello.” (187).</p>
<p>Recuerdos de un callejón sin salida es para Banana Yoshimoto su obra preferida de todas las que ha escrito hasta ahora.</p>
<p>“Haberla escrito hace que me sienta orgullosa de dedicarme a esta profesión” (212)</p>
<p>Para mí haberla leído me significó una oportunidad para acabar con los falsos espejismos de alturas y grandezas. Fue la reconciliación con la vida diaria, el agradecimiento por la bondad que se manifiesta en lo cotidiano y por la dulzura de la serenidad.</p>
<p>¿Quién se imagina encontrar tanta riqueza en Recuerdos de un callejón sin salida? Banana Yoshimoto debe reír ante la ingenuidad del lector que se deja seducir por el título. Ya se enterará de lo que esta japonesa tiene preparado”.</p>
<p>Fuente Imagen: www.babelio.com</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Del escritorio de Cecilia Durán, “Leer: entre la voz y el silencio”</title>
		<link>https://www.sociedaduruguaya.org/2014/06/del-escritorio-de-cecilia-duran-leer-entre-la-voz-y-el-silencio.html</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Jun 2014 02:35:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Cecilia Durán]]></category>
		<category><![CDATA[Leer: entre la voz y el silencio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una vez más, la interesante presencia de Cecilia Durán a través de su pluma, esta vez, para compartirnos “Leer: entre la voz y el silencio”. “Leer es dejar que la mirada recorra los renglones de la página escrita y permitir que el alma reciba, a través de los signos, las palabras de alguien más. Es [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Una vez más, la interesante presencia de Cecilia Durán a través de su pluma, esta vez, para compartirnos “Leer: entre la voz y el silencio”.</p>
<p>“Leer es dejar que la mirada recorra los renglones de la página escrita y permitir que el alma reciba, a través de los signos, las palabras de alguien más. Es un acto íntimo y cotidiano. La asociación entre la lectura y el silencio es para nosotros en el siglo XXI un evento automático. Un lector de nuestro tiempo buscará un ambiente sosegado y hasta solitario para disfrutar leyendo. Lo sorprendente es que no siempre ha sido así. La lectura en silencio es una adquisición histórica relativamente reciente.</p>
<p>De hecho, la lectura en voz alta precede a la lectura silenciosa. En el pasado, leer era un privilegio reservado a unos cuantos, pocos sabían hacerlo. Por ello, antes del siglo XV, el acto colectivo de recitar en voz alta un texto frente a una audiencia, generalmente iletrada, era la práctica común. Gracias a Gutenberg y la imprenta de tipos móviles, el acontecimiento de la lectura se generalizó y el conocimiento de los textos en silencio ganó terreno, pero antes, leer era un acto comunitario en el que se transmitía conocimiento y generalmente la instrucción era de tipo religioso.</p>
<p>La práctica de leer con los ojos no parece haber ganado popularidad sino hasta muy avanzado el siglo XV. Sin embargo, el primer testimonio de lectura silenciosa lo da San Agustín de Hipona en el siglo IV quien se asombra al ver a San Ambrosio, su maestro, leyendo en soledad y en absoluto silencio. Con palabras de sorpresa describe, “Cuando leía sus ojos se desplazaban sobre las páginas y su corazón buscaba sentido pero su boca y lengua no se movían; puede ser que le moviera a ello el cuidado de su voz”.</p>
<p>San Ambrosio causaba escándalo por leer en silencio en público, no en voz baja, en absoluto sigilo. Era como si su maestro estuviera dedicado al desciframiento de un códice, se arropaba en un ambiente de concentración casi meditativo para abandonarse al acto de leer. La sociedad de su tiempo, acostumbrada a la oralidad y a la vida comunitaria, no comprendía la separación entre el lector y los demás.</p>
<p>Se conoce a San Ambrosio, obispo de Milán, como el padre de la lectura en silencio.</p>
<p>Semejante ocurrencia se contraponía con la tradición y cultura oral de sus tiempos, pero su propuesta logró llenar un vacío que planteaban ciertas necesidades intelectuales. Fue, sin duda, una innovación extraña para su época, en la que todo debía tener un beneficio social. El prestigio de la palabra sonora fue vencido por la voz anónima de un narrador que se encarga de dar voz a los textos en forma íntima. Frente al alto valor emocional de la narración viva, la lectura en silencio no tenía razón de ser.</p>
<p>Sin embargo, como sucede a menudo, no fue el inventor el responsable de la popularidad de su idea. San Ambrosio vivió en el siglo IV de nuestra era. Las huellas de la lectura en voz alta continuaron por años a lo largo de la Edad Media y hasta después del Renacimiento. Las grandes obras de la Literatura que antes eran dadas a conocer en voz alta, empezaron a ser disfrutadas en la individualidad. El recogimiento propiciatorio de la soledad y el silencio obligaban a dirigir el pensamiento a los campos de la reflexión y obligaba por lo tanto al discernimiento coherente del mensaje.</p>
<p>Si la lectura en voz alta propicia la convivencia y el conocimiento masivo, la lectura</p>
<p>silenciosa propicia el dialogo con uno mismo. Optar por la voz o el silencio es elegir entre la voz pública o la voz interior”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Del escritorio de Cecilia Durán: “Boko Haram”</title>
		<link>https://www.sociedaduruguaya.org/2014/05/del-escritorio-de-cecilia-duran-boko-haram.html</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 31 May 2014 21:52:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Boko Haram]]></category>
		<category><![CDATA[Cecilia Durán]]></category>
		<category><![CDATA[niñas secuestradas nigeria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Compartimos hoy una nueva entrega de Cecilia Durán Mena. En este caso, la sensibilidad y el compromiso ético ante una tragedia universal: “Boko Haram”. “Hasta hace poco, los vocablos Boko Haram carecían de significado. Hasta hace poco la combinación de fonemas nos podrían haber parecido armónicas, incluso poéticas ya que la conjunción de estas palabras tienen [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Compartimos hoy una nueva entrega de Cecilia Durán Mena. En este caso, la sensibilidad y el compromiso ético ante una tragedia universal: “Boko Haram”.</p>
<p>“Hasta hace poco, los vocablos Boko Haram carecían de significado. Hasta hace poco la combinación de fonemas nos podrían haber parecido armónicas, incluso poéticas ya que la conjunción de estas palabras tienen una melodía y un tono agradable al oído. Sin embargo, de unos días a la fecha, la entonación de estos vocablos no evocan poesía, ni ritmo, ni sonidos placenteros, nos traen a la mente imágenes de dolor, de angustia, de desconsuelo.</p>
<p>Boko Haram es el nombre de una organización fundamentalista islámica activa en Nigeria, principalmente en los estados del norte de esta nación africana. Uno de los objetivos que ellos enarbolan es el establecimmiento de la Shiri´a como código de justicia. La Shiri´a es la senda del Islám. Es un código de conducta, sumamente detallado que incluye criteros de moral, normas relativas al rito, reglas de vida, en fin, lo que está y no está permitido. La Shiri´a es un catálogo de lo que es bueno y de aquello que es malo. Es la ley musulmana. En la mayoría de las entidades del norte de Nigeria la Shiri´a se aplica de manera informal y es aceptada por la población musulmana que habita esa región geográfica, aunque este código es rechazado por los habitantes de la región del sur del país de mayoría cristiana.</p>
<p>Boko Haram acepta abiertamente el uso de medios violentos y coercitivos contra la población civil para la consecución de sus objetivos políticos religiosos. Para muestra, un botón: el 14 de abril casi trescientas niñas fueron secuestradas de la escuela en la población de Jibik como parte de una campaña política en contra de la educación occidental, que ellos consideran como un pecado, que se da en los estados nigerianos de Borno, Yobe, y Adamawa.</p>
<p>El grupo fue fundado en 2002 y desde entonces se ha declarado rebelde a las fuerzas policiales de Nigeria.En 2011, el estado nigeriano decretó una situación general de emergencia por los ataques terroristas perpetrados y reivindicados por Boko Haram, se decretó toque de queda general. En 2013 el grupo protagonizó varios ataques a centros educativos que dejaron numerosas víctimas mortales. Y, ahora el secuestro de tantas niñas.</p>
<p>La última declaración de Boko Haram fue que ya habían convertido a las niñas al Islam y que estaban dispuestos a intercambiarlas por presos de su organización. Niñas como moneda de cambio, Madres que desde el 14 de Abril no encuentran la calma. Infancias que de un momento a otro se convirtieron en un infierno. La fe como estigma. Una vez más, una línea delgada separa la tragedia de la cotidianidad.</p>
<p>Boko Haram ya no tiene la melodía de los fonemas que integran estos vocablos. Tiene el sabor pastoso de las lágrimas de las madres que cometieron el pecado de llevar a sus hijas a la escuela; tiene el vacío del hueco de los brazos de estas mujeres que siguen esperando el regreso de sus hijas a casa; tiene la cara de confusión de Goodluck Jonathan, presidente de Nigeria, que declara que ya está resolviendo el conflicto y no se entera de que la organización sigue ondeando la bandera de terror.</p>
<p>Siempre he creído que para descorrer el velo del miedo hay que investigar, es preciso conocer las dimensiones de lo temido, es necesario tratar de entender. Hay poca información de Boko Haram y con los pocos datos que existen y que están al alcance, resulta imposible comprender, pero, el dolor de una madre, ese sí se entiende. Todos podemos entender la desesperación de aquellas que miran al horizonte esperando ver la silueta de sus hijas, de las que vuelven sus ojos al cielo y esperan un milagro. Por desgracia, también podemos entender cuando un político se hace el disimulado y declara triunfalismos anticipados, cuando en realidad está desbordado”.</p>
<p>Fuente Imagen: www.telesurtv.net</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Del escritorio de Cecilia Durán: «Viento»</title>
		<link>https://www.sociedaduruguaya.org/2014/05/del-escritorio-de-cecilia-duran-viento.html</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 May 2014 01:44:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Asociaciones y Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cecilia Durán]]></category>
		<category><![CDATA[Viento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Compartimos la entrega de Cecilia Durán titulada “El viento”. Espero que lo puedan disfrutar. “Para los habitantes del desierto, el aire puede ser una bendición o todo lo contrario. El alivio de la brisa tibia que agita las ramas de una palmera puede convertirse en pesadilla en fracciones de segundo. La potencia del viento marca [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Compartimos la entrega de Cecilia Durán titulada “El viento”. Espero que lo puedan disfrutar.</p>
<p>“Para los habitantes del desierto, el aire puede ser una bendición o todo lo contrario. El alivio de la brisa tibia que agita las ramas de una palmera puede convertirse en pesadilla en fracciones de segundo. La potencia del viento marca la diferencia. Las tormentas de arena asustan a la gente con sus miles de millones de granos microscópicos que van llegando, primero silenciosamente y después acompañados de un silbido. Polvos arenosos que suben pendientes, rodean edificios, remontan escalones, se instalan en los porches, abren puertas, rompen ventanas, llegan a los pisos de arriba. Entierran todo.</p>
<p>Casi siempre, la humanidad cuenta las historias de ciudades que desaparecieron después</p>
<p>de una inundación, de un incendio, de la irrupción de un volcán o de un terremoto; pocas son las que dan testimonio de las que han sido destruidas por el viento. En el imaginario de la gente quedan registros del Diluvio Universal, de la destrucción de Sodoma y Gomorra por el fuego, del destino de Pompeya después de que apareció el Vesubio, pero el viento, el suave viento también Kolmanskop en Namibia fue, en los albores del siglo XX, la ciudad más rica de África, ahora sólo quedan vestigios bajo las arenas del desierto de Kalahari. Su destino estaba echado, el terreno sobre el que se edificó estaba ligado fatalmente a las tormentas de arena que durante milenios barrieron el paisaje todos los días en las últimas horas de la tarde. Entonces, ¿qué sentido tuvo construir edificios, casas, piscinas, casinos y calles tan anchas? ¿Con qué afán se conformaron ejércitos de barrenderos, si era imposible vencer a los implacables granos de arena?</p>
<p>Todo tiene siempre una explicación lógica a pesar de la incongruencia aparente. Todo</p>
<p>es cuestión de escarbar para obtener la respuesta. En 1908, Zacharias Lewala, un trabajador ferroviario, encontró un diamante en la arena mientras ponía los rieles de la línea Lüderitz-Aue.</p>
<p>El leal servidor entregó su descubrimiento a su superior, el señor August Stauch. Namibia era entonces colonia alemana y Stauch solicitó el permiso de explotación de la zona.</p>
<p>La parafernalia de la riqueza se desató según se iban encontrando más y más diamantes.</p>
<p>Kolmanskop se convirtió en el oasis más ostentoso del desierto. Herr Stauch se aseguró de evitar que una avalancha de exploradores llegara al lugar que se mantuvo siempre con una población constante de cuatrocientos mil habitantes y con un nivel de vida muy superior al del resto de las poblaciones cercanas.</p>
<p>La desgracia de la Segunda Guerra Mundial, la consecuente pérdida de las colonias</p>
<p>alemanas y la Independencia de Namibia empujaron a Kolmanskop a transformarse en una ciudad fantasma. Eso y que ya nadie más encontró diamantes por ahí. Ahora la ciudad parece un espejismo que emerge entre las dunas: lujosas mansiones medio enterradas en toneladas de polvo, bañeras de porcelana que contienen millones de granos dorados, ventanas desvencijadas por las que entraron grandes ráfagas de arena, vestíbulos amplios convertidos en mares de tierra de los que emergen trabajosamente barandales de hierro forjado y techos que lucen candiles de cristales de Bavaria medio rotos.</p>
<p>Los fundadores de Kolmanskop murieron en circunstancias similares: Zacharias Lewala</p>
<p>igual de pobre que antes de su descubrimiento, Stauch desamparado en Alemania Oriental. La ciudad también murió, solo quedan los materiales de aquellos días gloriosos, antes de que los murmullos y rugidos de viento dieran cuenta de ellos.</p>
<p>Kolmanskop es tierra fantasmal, igual que Pompeya, que Real de Catorce, que Chernobyl.</p>
<p>No fue un incendio, ni el petrificarse de la lava, ni un terremoto lo que acabó con ella. Tampoco el exterminio fue inmediato. El pesado rumor del viento hirió esa superficie y le arrancó la vida. No en balde, en el desierto se le teme al viento”.</p>
<p>Fuente imagen: www.imagui.com</p>
<p>&nbsp;</p>
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