Sociedad Uruguaya

El agridulce sueño del apicultor uruguayo

«Voy a seguir a las abejas hasta que estén sobre la Tierra», resumió un productor uruguayo ante el desafío generado por los cambios climáticos en este país, según consignó Patricia Montero Lafourcade para la agencia IPS.

Sequías prolongadas, seguidas de graves inundaciones, se suman en Uruguay al alto precio de los combustibles, la baja del tipo de cambio que afecta la competitividad de exportadores, el aumento del área cultivada de soja y la presencia de agroquímicos que matan las colmenas.

Todo conspira contra la viabilidad de muchos proyectos apícolas comunitarios en este país de 3,3 millones de habitantes.

Liliana Rodríguez, psicóloga de profesión, se dedica a la apicultura desde los 20 años hace ya tres décadas, cuando conoció a su marido, quien trabajaba con las abejas desde los 16. Ya abuelos han explotado miles de colmenas en varios campos del país.

«Cuando lo conocí a Ignacio comenzó todo. Teniendo un trabajo cada uno, él empleado de una inmobiliaria y yo de Ancap (la petrolera Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland), tuvimos el sueño de armar una empresa apícola a la par de formar una linda familia», relató Rodríguez a IPS.

«Por entonces la naturaleza era estable y lo que mi esposo estimaba de cosecha de miel era exactamente lo que luego se cosechaba», recordó.

«Ese fue el mejor termómetro que he tenido en 30 años. Hasta que las cosas de la naturaleza fueron cambiando para mal. A medida que avanzaron los años, mi esposo no acertaba la cantidad de kilogramos de miel que él estimaba cosecharíamos», continuó.

Estudios científicos prevén que, en los próximos 10 a 15 años, el clima en Uruguay adquirirá características tropicales, lo cual afectará las distintas producciones del campo y, por ende, la economía del país, sustentada hoy en las exportaciones agropecuarias.

Los cambios ya registrados determinaron que los promedios de kilogramos por colmena, que iban en crecimiento, se estancaran, hasta que llegó «el momento en que hubo que tomar la decisión de bajar la cantidad de panales, pues la relación costo-producción se fue achicando», explicó Rodríguez.

También debieron empezar a vender bienes comprados con la producción de años atrás para, «en estos fatídicos cinco años, mantener la empresa tan querida», admitió la productora.

Los efectos del cambio climático amenazan las importantes divisas que deja la apicultura en Uruguay.

En abril de 1834 arribó al territorio uruguayo la primera colmena en manos de Bernardino Rivadavia (1826-1827), el primer presidente de Argentina, quien desde 1812 había mostrado interés en poblar y desarrollar la producción agraria en los por entonces desiertos campos próximos al Río de la Plata.

«El que siente el oficio nunca lo va a dejar, yo voy a seguir las abejas hasta que éstas estén sobre la Tierra», subrayó Eduardo Rivero, encargado del Banco de Fomento Apícola de la Intendencia Municipal de Paysandú, el gobierno de este occidental distrito cuya capital está ubicada a unos 360 kilómetros de Montevideo.

Este banco es el único en Uruguay que brinda asesoramiento gratuito a los productores de la zona. Rivero es también uno de los 600 apicultores de Paysandú. Comenzó con esta actividad a los 18 años. Hoy tiene 54.

El consumo de miel ha aumentado, al punto que en invierno equipara a los derivados lácteos, comentó a IPS Rivero.

La apicultura acompañó el desarrollo cooperativo del país. A través de este sistema, se exportó más de la mitad de la miel, porcentaje que se fue reduciendo hasta el tres por ciento actual.

Con 20 colmenas se obtiene un tambor de miel que vale 700 dólares. Dependiendo de la floración, en esa misma cantidad de colmenas se pueden cosechar hasta cuatro veces por zafra.

Actualmente hay entre 3.000 y 4.000 apicultores en Uruguay, 50 por ciento de los cuales están ubicados en el norte del país.

Cuatro años atrás se exportaba por valor de unos 40 millones de dólares, equivalentes a 20.000 toneladas. Pero la pasada zafra no superó las 5.000 toneladas. Se prevé que la presente mejore ese número, aunque no significativamente.

Los principales destinos de la miel uruguaya son Alemania, Estados Unidos y Brasil.

Ante el escaso apoyo desde el gobierno nacional, que sí ha protegido otras áreas del sector agropecuario, muchos productores pasaron de empresarios a peones de campo.

Integrantes de la Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola de Uruguay manifestaron a IPS que el debate en el sector se centra actualmente en cinco grandes áreas: sanitaria, ambiental, productiva, comercial y gremial.

Para el técnico rural Ariel Arrambide, «la actividad gremial está bastante disminuida».

Como muchos otros apicultores, Liliana e Ignacio han sido «corridos» de los campos en los que avanzó el cultivo de soja y la forestación no melífera (que lleva o tiene miel).

La apicultura ya no otorga «una rentabilidad acorde a la dedicación que es necesario brindarle», para cumplir con las normas internacionales sanitarias y la llamada trazabilidad (seguimiento de información que permite conocer la historia de la miel a lo largo de su cadena de producción)», según Liliana Rodríguez.

Esto ayudó a que los productores uruguayos sean ejemplo en el mundo, complementó Rivero, obligándolos a adoptar otra forma de organización, que ha redundado en mayor calidad del producto, con seguimientos «desde la colmena hasta la sala de extracción».

Actualmente, en Uruguay la miel se extrae solamente en salas habilitadas por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Existe un Registro Nacional de Apicultores, donde cada productor y cajón de colmena están identificados con un número.

«Hoy luchamos por mantener nuestro dulce sueño de seguir siendo apicultores, buscando en la diversificación de subproductos de la colmena, como propóleos, ceras y jaleas reales, el apoyo necesario para cubrir costos y vivir dignamente con nuestra familia», planteó Rodríguez.

Ella apela a una «mayor valoración de lo que significa la apicultura para todas las demás ramas de producción y para la naturaleza».

«Si la abeja desapareciera del planeta, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida». La frase, atribuida al genio Albert Einstein, recuerda su crucial rol como polinizadoras de plantas.

Fuente: Agencia IPS. www.ipsnoticias.net

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