Corría el 20 de junio de 1969, la visita del Gobernador de Nueva York Nelson Rockefeller a Uruguay ocupaba las principales narraciones informativas que se disponían a entregar los canillitas.

El gobernador neoyorquino se preparaba para dar al día siguiente una charla en Punta Del Este junto al presidente Jorge Pacheco Areco, en el marco de una gira por Latinoamérica, encomendada por el flamante electo presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

En esos días las clases habían sido suspendidas por una epidemia de gripe, por lo cual los niños y adolescentes no debieron madrugar en la fría mañana del inicio del invierno austral, la oposición al gobierno uruguayo llamaba a la epidemia de “gripefeller” según José D’Elia en su libro “Memorias de la Esperanza”. También en esos días se había efectuado el cambio de mando en el Ministerio del Interior, Alfredo Lepro dejaba la cartera dando paso a Pedro Cersósimo.

La presencia del magnate empresario y gobernador de Nueva York hizo que se reforzara la vigilancia policial a empresas e instalaciones relacionadas al país anglosajón, lo cual creó un marco que fue aprovechado por el Movimiento de Liberación Nacional “Tupamaros” para llevar a cabo el atentado más grande de la historia uruguaya hasta el momento. Fue así que, en la gélida mañana del 20 de junio, el MLN vistió a dos de sus miembros de policías montevideanos y los enviaron en motos a la planta de la empresa norteamericana General Motors en el barrio de Sayago, donde se ensamblaban vehículos de las marcas Chevrolet y Opel. El hecho de ver presencia policial en las inmediaciones no sorprendió al sereno, Andrés Aspiroz, era algo normal y era de conocimiento público un refuerzo en la seguridad. Pero aquellos policías en moto no eran representantes de la seguridad pública como pensó el trabajador, sino parte del inicio de un violento atentado: en apenas unos minutos las oficinas, cinco vehículos estacionados al frente de las mismas, tanques de combustible, surtidores y parte de las instalaciones se vieron vueltas en llamas.

Atentado MLN General MotorsLa inmensa cortina de humo se visualizaba en todo el barrio y gran parte de la ciudad, el MLN había propiciado un duro mensaje contra la visita de Nelson Rockefeller, los daños se valoraron en más de 1 millón de dólares y no se registraron víctimas fatales.

La moderna instalación de GMC en Sudamérica se había reducido a cenizas y el barrio de Sayago copaba la portada del New York Times y varias cadenas televisivas.

Al día siguiente mientras el norteamericano se reunía en la ciudad esteña con el presidente, un comando tupamaro interrumpe una transmisión de radio para dar un mensaje contra la presencia de la visita del enviado de Nixon, y el presidente Pacheco.

En varios centros educativos se izaron banderas de Cuba y del Vietcong, mientras que en uno se cambió un escudo nacional por una imagen del Che Guevara, como menciona el senador y ex Presidente Sanguinetti en su libro “La Agonía de una Democracia”.

Por Miguel Mieres miguelmieresroldan@gmail.com para Sociedad Uruguaya.