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	<title>Johana y Washington Archives - Sociedad Uruguaya</title>
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	<description>Diario digital on line desde el 6 de abril de 2006.</description>
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		<title>La oportuna parada inesperada en Santa Rosalía, un bello pueblito francés…</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Oct 2020 14:34:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Exodo Oriental]]></category>
		<category><![CDATA[Johana y Washington]]></category>
		<category><![CDATA[pueblo francés en México]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Rosalía]]></category>
		<category><![CDATA[Trotamundos uruguayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Imperdible esta historia francesa, ¿francesa?, en México, de la mano de una mirada especial que conjuga la belleza estética, y la humana en cada rincón del planeta que recorren. Son Johana y Washington, los Trotamundos Uruguayos. Y luego de leer una de sus historias, probablemente, quedarás a la espera de una próxima entrega. Aquí la [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Imperdible esta historia francesa, ¿francesa?, en México, de la mano de una mirada especial que conjuga la belleza estética, y la humana en cada rincón del planeta que recorren. Son Johana y Washington, los <strong>Trotamundos Uruguayos</strong>. Y luego de leer una de sus historias, probablemente, quedarás a la espera de una próxima entrega.</p>
<p>Aquí la comparten para <em><strong>Sociedad Uruguaya.</strong></em></p>
<p>El auto se detuvo frente a una adorable casita, de esas que perfectamente puede ser la de tus abuelos, encuadre que completaba una mecedora de madera, y dándole un toque de “abuelo aventurero” unas calaveras de pez espada y demás animales decoraban el patio, que terminaba con aires de lejano Oeste.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-101436 alignright" src="/wp-content/uploads/2020/10/1.jpg" alt="SantaRosalía1" width="560" height="747" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/1.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/1-225x300.jpg 225w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/1-375x500.jpg 375w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/1-315x420.jpg 315w" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" /></a></p>
<p>Luego de conocer a la esposa del chofer, a su nieto y una perrita pug, y habiendo pactado volver en unas 3 horas mientras ellos cumplían con unas diligencias médicas, nos fuimos a recorrer Santa Rosalía.</p>
<p><strong>Un pequeño pueblo pero con grandes avances</strong></p>
<p>En 1885 un grupo de franceses notaron la riqueza minera a costas del cobre que esta zona de Baja California tenía, y pactaron con el presidente de aquel momento (Porfirio Díaz) para poner su compañía y de esa manera extraer el mineral.</p>
<p>Gracias a esa concesión se creó “El Boleo”, compañía minera de la cual hablaremos más adelante, y la cual remontó a un pueblito que pasaba desapercibido a ser una de las zonas más avanzadas de la época.</p>
<p>Los franceses trajeron a varios de sus trabajadores con sus familias, y para que se sintieran como en casa, todas las casitas siguieron estilos franceses de la época: chalets de madera, con techo a dos aguas, escaleritas en la entrada, etc.</p>
<p><strong>Trajeron además la electricidad al pueblo, convirtiéndolo en la segunda ciudad de México con energía eléctrica</strong> (seguido únicamente de Ciudad de México, la capital del país) y por supuesto, la única zona de Baja California con semejante beneficio.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101437" src="/wp-content/uploads/2020/10/2.jpg" alt="SantaRosalía2" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/2.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/2-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/2-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/2-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/2-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/2-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p><strong>A día de hoy se pueden ver las conexiones eléctricas de la época</strong>, de hecho, la casa del señor que nos llevó mantenía el interruptor de la luz en forma de perilla giratoria y las conexiones a dos cables en forma de “H”, tan clásicas de la Francia de hace casi 150 años.</p>
<p>Aunque en México ya había línea telefónica desde 1878, los franceses trajeron muchos teléfonos de Europa, factor que sumó a esa fama de “adelantado” que se ganó el lugar.</p>
<p><strong>Es sabido que el destino de la mayoría de los pueblos mineros es el olvido y la posterior conversión a pueblo fantasma una vez que se acaba el mineral que se fue a buscar, pero Santa Rosalía fue una excepción a la regla.</strong></p>
<p>Aunque 69 años después, en 1954, la compañía francesa de minería cierra y los trabajadores europeos vuelven a sus tierras, la zona siguió explotándose por personas mexicanas hasta 1972 cuando, ahora sí, no quedaba más nada que extraer de aquellas canteras.</p>
<p>Y una vez más, superando el olvido, Santa Rosalía se mantuvo hasta el día de hoy, convirtiéndose en un pueblo tan pintoresco y cargado de historia, que su abandono fue impensable.</p>
<p><strong>No fue una piedra preciosa esta vez, pero sus habitantes encontraron la manera de que su lugar de residencia continuara siendo una mina de recursos inagotables.</strong><br />
Muchas personas trabajan en el ámbito del turismo, otras en el puerto, mientras que muchas se mueven hasta Guerrero Negro, una ciudad con muchas fábricas y empresas que da trabajo a varios residentes de Santa Rosalía.</p>
<p><strong>La minería, la chispa que catapultó a Santa Rosalía</strong></p>
<p>Este pueblito no sería como hoy lo conocemos si no fuera por sus yacimientos de cobre, y alguna que otra piedra semi preciosa en la vuelta.</p>
<blockquote><p><strong>Mientras caminábamos por las callecitas del pueblo, nos dejábamos llevar por la prolija alegría que manaba de esas casitas coloridas, con madera vieja pero cuidada.</strong><br />
Las personas del pueblo son perfectamente conscientes que el hecho de <strong>vivir allí convierte a su hogar en parte de un museo constante</strong>, así que algunos se animan a emperifollar  gratuitamente sus jardines o incluso convertir el garaje de su casa en una exhibición de adornos varios.</p></blockquote>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101438" src="/wp-content/uploads/2020/10/3.jpg" alt="SantaRosalía3" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/3.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/3-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/3-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/3-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/3-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/3-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Y aunque de a ratos, mientras uno camina entre las casitas esperando ver una abuela detrás de cada ventana, se puede olvidar que estamos en un lugar que debe su brillo a la minería, no va a pasar mucho tiempo hasta que algo nos lo recuerde, como puede ser, nuevamente, la decoración de alguna casa, o un trozo de maquinaria o fierro utilizado en las fábricas que dieron empleo a tanta gente en el pasado.</p>
<h5><strong><em><u>El Boleo</u></em></strong></h5>
<p>Este era el nombre con que se conocía a la cantera de cobre más famosa de la zona, y fue dado porque el mineral apareció en una forma rocosa más o menos esférica (boleo significa “conjunto de bolas”…sí, yo también pensé en cosas indebidas, no lo neguemos).</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101439" src="/wp-content/uploads/2020/10/4.jpg" alt="SantaRosalía4" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/4.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/4-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/4-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/4-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/4-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/4-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>De hecho, se encontró otro mineral en la zona y se bautizó “la boleita”, y así en confianza te digo que esta piedrita azul me gustó tanto que donde llegaba a ver un cachito de ella por ahí me iba a hacer más feliz que encontrar oro puro.</p>
<p>A día de hoy podemos visitar el edificio de El Boleo, nombre que también llevaba la compañía francesa que explotó aquella cantera. El edificio está convertido en museo, y es donde antaño se cumplían las tareas administrativas.</p>
<p>Para todos aquellos que tenemos alma retro, es un paseo muy recomendado en Santa Rosalía.</p>
<p>¿Mencioné que es gratis?</p>
<p>Claro, ese es uno de los motivos por los cuales es recomendado, pero además, porque ahí dentro se encuentran calculadoras del tamaño de una caja registradora de hoy, máquinas de escribir para todo tamaño de papel, partes de maquinaria y hasta de barcos, y muchísimas cosas más que van a hacer latir su corazoncito en sepia.</p>
<h5><strong><em><u>La Fundidora</u></em></strong></h5>
<p>Cerca del puerto hay una estructura metálica imposible de pasar por alto.</p>
<p>Dentro de este esqueleto podemos ver los órganos de lo que fue la fundidora de metales, como su nombre bien lo indica, donde se derretía todo el mineral para su posterior comercialización (hasta 180 toneladas diarias).</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/5.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101440" src="/wp-content/uploads/2020/10/5.jpg" alt="Santa Rosalía5" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/5.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/5-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/5-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/5-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/5-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/5-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>A día de hoy, <strong>esa estructura está sobre la calle, y al ser abierta se puede visitar sin pagar nada</strong>, pero nos contaron que también hay visitas guiadas donde una persona va explicando el funcionamiento de las máquinas que se pueden ver allí, y un poco de historia general del lugar.</p>
<p>En frente a ella hay una estación de servicio, por si además de tener un pésimo sentido de la orientación son además despistados (o sea, si son como yo).</p>
<p><strong><em><u>Único lugar con playas negras</u></em></strong></p>
<p>Si de algo se jactan los habitantes de Santa Rosalía es de ser uno de los pocos lugares del mundo con playas negras.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/6.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101441" src="/wp-content/uploads/2020/10/6.jpg" alt="SantaRosalía6" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/6.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/6-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/6-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/6-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/6-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/6-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque también es cierto que esta presunción se les termina pronto cuando nos explican que <strong>el color negro de las aguas es debido a la inmensa cantidad de residuos minerales tóxicos que se quemaban en el edificio de “El Chute”</strong>, una estructura a día de hoy quemada que se puede ver si se camina la costa. En ese edificio se almacenaba la escoria, se quemaba y posteriormente se transportaba río adentro, dando el tono negruzco a las aguas de la playa (y matando cuanta vida se encontrase dentro de ella, claro).</p>
<p>Hasta diría que es la estructura que más llama la atención, incluso más que la Fundidora, por ese tono negro que la hace ver como si el incendio hubiese sido reciente.</p>
<p>Para llegar a ese edificio, nosotros caminamos toda la zona del muelle, la cual no dejaba de ser particular por sus baldosas blancas y explanada amplia.</p>
<p>A un lado estaba el mar, con algunos muelles semi destruidos y botecitos en condiciones dudosas. Al otro lado, edificios abandonados le daban un toque post apocalíptico, entre ellos, lo que parecía ser una vieja taquilla.</p>
<p>El contraste entre las baldosas blancas, evidentemente modernas, con los edificios abandonados hacían que la zona se sintiera original para visitar en el día, aunque probablemente se pudiera sentir turbia si la visita fuera de noche.</p>
<h5><strong><em><u>Eiffel haciendo de las suyas en Latino América, otra vez.</u></em></strong></h5>
<p>Pero no son solamente la minería y las casitas lo que hacen de Santa Rosalía una zona con tendencia al turismo, sino que al igual que en Guadalajara, otros de los motivos es su iglesia.</p>
<p>La verdad, la Iglesia de Santa Bárbara no es ni la más linda, ni la más cuidada que hayamos visto, de hecho, estéticamente no nos pareció la gran cosa.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/7.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter  wp-image-101442" src="/wp-content/uploads/2020/10/7.jpg" alt="SantaRosalía7" width="622" height="829" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/7.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/7-225x300.jpg 225w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/7-375x500.jpg 375w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/7-315x420.jpg 315w" sizes="(max-width: 622px) 100vw, 622px" /></a></p>
<p><strong>Lo llamativo acá es que fue creada por el mismísimo Eiffel, el creador de la famosísima Torre Eiffel</strong>, santo de devoción de algunos, un gran “meh” para otros.</p>
<p>En el correr de este viaje no es la primera vez que nos encontramos con obras arquitectónicas de este afamado señor, y aunque no conocemos su principal obra de arte, podemos decir que ya nos sentimos cercanos.</p>
<p>La primera vez que vimos algo suyo fue en Perú, más concretamente en Iquitos, la ciudad cuna del caucho en la selva Amazónica.<br />
Allá había una casa sobre la esquina central, enteramente en hierro.</p>
<p>Y es que este hombre amaba el hierro.</p>
<p>El siguiente encuentro fue en Costa Rica, donde en un pequeño pueblo llamado Grecia, se levantaba una iglesia de metal, que terminó allí por error, mientras se la transportaba en barco con destino al país de Grecia.</p>
<p>Finalmente, nuestro tercer encuentro sigue sin ser la obra maestra de Eiffel, pero además sigue sin movernos un pelo.</p>
<p>La Iglesia de Santa Bárbara pasa desapercibida en un pueblo que es en sí mismo una obra de arte.</p>
<h5><strong>EL HIELO PICADO DE SAN LINO</strong></h5>
<p>El camino continuó en la camioneta del señor, que nos contaba sobre su trabajo en Guerrero Negro.</p>
<p>Se encargaba de la pesca y venta de la jaiba, una especie de cangrejo que se da mucho en la zona, especialmente en las cercanías de Guerrero Negro. Por eso, el solía ir a cargar la pesca ya sea a aquella ciudad o a San Ignacio. En esta última el camino a veces se volvía intransitable, por lo que tenía que consultar a la gente de la zona antes de dirigirse allí.</p>
<p>Y esta vez teníamos que parar muy cerca de aquel pueblo, en otro todavía más chiquito llamado San Lino.</p>
<p>El atardecer nos hizo la pica cuando la camioneta frenaba, bien cerca de una máquina que en unos minutos estaría picando grandes bloques de hielo para expulsarlo triturado dentro de la caja de la camioneta.</p>
<p>Pero mientras eso no sucediera, aprovechamos a caminar el pueblo… y bien digo, caminarlo (entero) porque no iba más allá de algunos pasos.</p>
<p>Algunas palmeras sustituían los cactus que habían predominado, con pocas excepciones, en nuestros kilómetros recorridos por Baja California.<br />
Un vistazo satelital al mapa deja en claro el cambio que estábamos presenciando en vivo, poco a poco, donde el retazo verde se hacía cada vez más intenso.</p>
<p>Cuando el sol había terminado de esconderse, ya habíamos dado la vuelta al pueblo, y volvíamos a la fábrica de hielo justo a tiempo para ver la escarcha saliendo por la manguera, llenando la camioneta.<br />
El señor nos hizo señas para que subiésemos a mirar; probablemente nuestra mirada de niño que ve algo nuevo era notoria e indisimulable. Allá nos trepamos con él para apreciar como la escarcha se convertía en pequeñas dunas, formando un pequeño desierto nevado dentro de la caja de una camioneta.</p>
<p>De nuevo en la ruta nos contó que la jaiba necesita estar en hielo semi derretido para mantenerse viva pero aletargada, que es la forma en que la venden a sus clientes. En ese estado, este molusco sobrevive hasta 43 horas, o al menos, ese fue el tiempo máximo que él pudo mantenerlas con vida.</p>
<p>Sobre las 20:00 hs, nos detuvimos en la entrada de un pequeño restaurante ubicado en el pueblo de Vizcaíno. El lugar era de esos que mezclan las funciones de panadería, con café de pueblo y restaurante.</p>
<p>Un gato nos dio la bienvenida, y un cartel dentro del local nos facilitó el acceso a internet por unos minutos, los suficientes para que el señor pidiera una bandeja de quesadillas y ensalada, 3 café, y 2 pastelitos dulces de queso tipo ricota llamados “ratoncitos”, que me recordaron a una tarta que se hace en mi familia y por un momento me transportaron al hogar.</p>
<p>Todo eso (menos uno de los café) era para nosotros dos. <strong>Solamente para nosotros</strong>.</p>
<p>Sin haber pedido nada, y a pesar que él tenía que estar en Guerrero Negro antes de las 21 hs, quiso darnos un último regalo de despedida, como si toda la ayuda y simpatía que nos había brindado hasta ahora no fuese suficiente.</p>
<p>A veces nos da la sensación de que no podemos exteriorizar toda la gratitud que sentimos, y solo nos queda esperar que una sonrisa y un “gracias” repetido hasta el cansancio sean suficientes para expresar eso, mucho más que eso. Ojalá sea en estas situaciones donde los ojos hablen más que las palabras.</p>
<h5><strong>GUERRERO NEGRO</strong></h5>
<p>Llegamos durante la noche, a pocos minutos de dar las 21:00 hs. La camioneta del señor que nos apadrinó ese día nos dejó, como le pedimos, en la puerta del cuartel de bomberos.</p>
<p>Del cuartel solo se veía la entrada de garaje semi abierta donde se distinguían los camiones rojos en su interior, pero no podíamos ver ninguna garita, ni ser humano en los alrededores mientras bajábamos las mochilas de la camioneta.</p>
<p>Para el momento que apoyábamos la segunda en el suelo, y cerrábamos la puerta, dos niños habían aparecido corriendo por la calle, y posicionados a nuestro lado nos preguntaban “¿se van a quedar acá esta noche?” mientras señalaban el cuartel.<br />
Con un “sí” confuso (¿de dónde habían salido estos niños? ¿Cómo nos habían visto venir en el preciso momento de llegar?) nos dejaron, y se echaron a correr a una casa cercana.<br />
Un minuto después, un muchacho en uniforme rojo nos saludaba y nos mostraba en qué parte del cuartel podíamos poner la carpa, al lado de los camiones. Nos mostró el baño y el bidón azul donde estaba el agua para lavarnos los dientes y para utilizar en el inodoro (ya que no había agua corriente).</p>
<p>Mientras esquivábamos las dos carpas que ya estaban armadas allí, el muchacho nos explicó que un poco antes de nosotros habían llegado dos chicos brasileros en bicicleta, y aprovechó a preguntar nuestra nacionalidad. Luego de esto y cerciorándose que estábamos cómodos, nos dejó solos nuevamente.</p>
<p>Nos tenía sorprendidos lo acostumbrados que estaban en este cuartel a recibir viajeros.</p>
<p>Ya nos había pasado de no tener que explicar nada en otros lugares, donde con solo acercarnos y pedir un lugar para dormir nos decían que sí enseguida, pero nunca nos había pasado que recibieran sin haber siquiera terminado de llegar.</p>
<p>Al día siguiente, cuando nos levantamos, los brasileros ya se habían ido; a decir verdad, yo había escuchado cuando salieron, una hora antes que nosotros nos levantásemos.<br />
<strong>Me pareció descubrir un eco conocido en una de las voces pero volví al mundo de los sueños por un rato más, y al despertarme se lo comenté a Wa… nos preguntamos si podría ser aquel chico que conocimos en Argentina… pero no ¿verdad? ¿Qué probabilidades había?</strong></p>
<p><strong> <a href="/wp-content/uploads/2020/10/8.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101443" src="/wp-content/uploads/2020/10/8.jpg" alt="SantaRosalía8" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/8.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/8-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/8-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/8-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/8-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/8-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></strong></p>
<p>Habiendo agradecido al bombero de turno, nos despedimos, y buscamos un lugar seco por el cual caminar.</p>
<p>A pesar de ser Baja California una zona con tan pocas lluvias, Guerrero Negro estaba inundado.</p>
<p>Con los championes (zapatos, zapatillas) empapados y el barro pegado a las suelas alcanzamos la calle principal de la ciudad, con la esperanza de encontrar algún motivo (además de los amables bomberos) que nos hagan apreciar un poquito el lugar… pero todo fue en vano.</p>
<p><strong>Guerrero Negro es la ciudad limítrofe entre Baja California Sur y Baja California</strong>. Es la última ciudad grande antes de esa línea imaginaria que divide las zonas de la colita mexicana.</p>
<p>Lo único que sabíamos de ella es que en sus cercanías hay un salar que algunos turistas visitan a veces, y también habíamos leído sobre el esqueleto de una ballena. Para nosotros era un lugar de pasada, así que no esperábamos nada de ella, pero verla a la luz del sol fue un poco decepcionante.</p>
<p>Las construcciones estaban en muy mal estado, y eran en su mayoría grandes bloques de cemento gris, donde no podía siquiera adivinarse si tenían personas en su interior o estaban abandonados. Tal era la solitud que se reflejaba a través de cada ventana oscura.</p>
<p>Ni personas ni perros caminaban por sus veredas y apenas algún auto rompía de vez en cuando el silencio post apocalíptico.</p>
<p>Guerrero Negro, como nos enteraríamos luego, es una de esas ciudades pensadas para trabajar, por lo que no es de extrañar que carezcan de cualquier atractivo estético.<br />
Solo faltaban las retroexcavadoras para recordarnos al paisaje post apocalíptico de Comodoro Rivadavia, al Sur de Argentina.</p>
<p>La salina que habíamos averiguado está en la ciudad, es de hecho una de las principales fuentes de trabajo de la zona, por lo que es normal ver camiones transportando sal hacia un lado y otro.</p>
<p>Caminando cruzamos lo que nos quedaba de ciudad hasta llegar a la salida de la misma, donde continuaríamos haciendo dedo.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/9.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101444" src="/wp-content/uploads/2020/10/9.jpg" alt="SantaRosalía9" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/9.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/9-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/9-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/9-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/9-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/9-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Luego de pasar una solitaria iglesia amarilla que nos llenó de curiosidad, y fabricar hipótesis basadas en el cementerio que creímos ver a su lado, encontramos un punto óptimo, y dejándonos llevar por la cercanía con una ciudad tan gris, y el poco movimiento que vimos, nos preparamos para esperar por horas.</p>
<p>Las horas se convirtieron en minutos cuando un auto se detuvo a nuestro lado antes de lo esperado.</p>
<h5><strong>Un brasilero amigo, dos países, tres ciudades.</strong></h5>
<p>Cuando estábamos en Brasil conocimos a una viajera argentina.<br />
Con ella intentamos conseguir entradas para una ópera en el Teatro de Manaos, aquel teatro al que de todas formas nosotros dos intentamos ir luego, vestidos con ropa zaparrastrosa entre personas de gala, y donde claro, no pudimos entrar.</p>
<p>Aquel día que intentamos conseguir las entradas, ella nos presentó a un chico que había conocido en el viaje, y con quien se encontraría a las afueras del teatro. El chico era brasilero pero hablaba español. No cruzamos muchas palabras aquel día, pero supimos que él quería salir a recorrer América en bici.</p>
<p>Ocho meses luego, coincidíamos quedándonos en la misma casa de Mérida (México), donde una pareja de viajeros panameños nos hospedó por una semana, y nos dejó cuidando a sus mascotas por otra semana más mientras ellos se daban una escapada a la costa. El brasilero estaba ahora con su bici, pedaleando América.<br />
Pasamos noches jugando todos al monopoly de cartas, y riéndonos con las experiencias de viaje compartidas.</p>
<p>La tercera vez fue dos meses luego, cuando hacíamos dedo en el pueblo donde nos dejaron las personas que nos levantaron a las afueras de Guerrero Negro.</p>
<p>Mientras íbamos en el auto, pasamos a dos ciclistas, y suponiendo que eran nuestros compañeros de cuartel de bombero, aquellos que escuchamos y vimos sus carpas pero no a ellos. Nos doblamos en el auto para intentar ver sus rostros en los pocos segundos que el movimiento nos permitía.</p>
<p>Como había mucho viento, llevaban sus caras tapadas así que no pudimos corroborar nada.</p>
<p>Un par de horas más tarde, mientras hacíamos dedo en otro pueblo, calculábamos el tiempo que les podría tomar en llegar a donde nosotros estábamos. Por un lado, queríamos seguir avanzando, pero por otro queríamos que ellos llegasen a tiempo, antes que un auto se detuviese, para saludarnos, y sacarnos la duda.</p>
<p>El dedo en Jesús María estaba complicado.</p>
<p>Frente a nosotros, la tiendita de Armando (que al parecer vendía panchos (hot-dogs) estaba cerrada, pero a nuestras espaldas estaba el parador de la estación de servicio donde cada mucho tiempo llegaba un auto, del cual bajaban personas muy rubias: a veces sacaban fotos con réflex enormes, otras compraban fundas de latas de cerveza.</p>
<p>Finalmente, vimos asomar en el horizonte un par de siluetas pequeñas que venían como flotando… eran dos ciclistas.</p>
<p>Nos preguntábamos qué pasaría si el brasilero era el que nosotros pensábamos… ¿se detendría a saludar? ¿Nos reconocería?</p>
<p>La respuesta no se hizo esperar más; las bicicletas se detuvieron y el chico se destapó la cara.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/10/10.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101445" src="/wp-content/uploads/2020/10/10.jpg" alt="SantaRosalía10" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/10.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/10-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/10-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/10-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/10-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/10/10-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Era la tercera vez que nos veíamos en el viaje.<br />
Ya podíamos decir que el era la persona que vimos más veces en todo lo que va de esta travesía.<br />
</strong>Su acompañante era otro chico, también de Brasil, que al igual que él recorría América en bici, y se habían unido en el transcurso del viaje.</p>
<blockquote><p><strong>Diez meses, dos países, tres encuentros casuales, y una extensa jornada de autostop fue lo que nos costó para, finalmente, sacarnos una foto e intercambiar contactos en el celular.</strong></p></blockquote>
<p><strong>Me gusta pensar en esta relación viajera como algo que no necesita de nuevas tecnologías para estar conectada, ni siquiera necesita medios materiales.<br />
De alguna manera, la ruta se las arregló para juntarnos nuevamente, en el mismo lugar a la misma hora. Nunca necesitamos de un reloj, ni una paloma mensajera, ni siquiera de la magia electrónica del siglo XXI para coordinar ninguno de los encuentros.</strong></p>
<p>Y estamos casi convencidos, que aun teniendo ahora una posibilidad de contacto al alcance de un par de movimientos del dedo, lo que nos volverá a reunir será la impredecibilidad.</p>
<p>Porque sí, aunque dicen que la tercera es la vencida, de alguna manera implícita prometimos volver a vernos… quizás bajo el frío gélido de alguna zona que ya no se siente tan lejana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por más información sobre otros viajes y contacto con los <strong>Trotamundos Uruguayos:</strong></p>
<p>Anexos: <a href="http://www.viajeinterminable.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=http://www.viajeinterminable.com/&amp;source=gmail&amp;ust=1595708671602000&amp;usg=AFQjCNHXzv-0SLqYNp1fvKv1FR9-SZTtkQ">viajeinterminable.com</a></p>
<p>Instagram: <a href="https://www.instagram.com/viajeinterminable/" target="_blank" rel="noopener noreferrer" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=https://www.instagram.com/viajeinterminable/&amp;source=gmail&amp;ust=1595708671602000&amp;usg=AFQjCNEIsNJPSgta7Wedk87Myhfk87J0TA">https://www.<wbr></wbr>instagram.com/<wbr></wbr>viajeinterminable/</a></p>
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		<item>
		<title>Trotamundos Uruguayos: Las cataratas petrificadas de “Hierve el Agua”</title>
		<link>https://www.sociedaduruguaya.org/2020/09/trotamundos-uruguayos-las-cataratas-petrificadas-de-hierve-el-agua.html</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Sep 2020 14:40:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Exodo Oriental]]></category>
		<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA["Hierve el Agua"]]></category>
		<category><![CDATA[cataratas petrificadas]]></category>
		<category><![CDATA[Johana y Washington]]></category>
		<category><![CDATA[Trotamundos uruguayos]]></category>
		<category><![CDATA[Tule]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>México tiene miles y miles de encantos. En esta oportunidad, Johana y Washington, la pareja de “Uruguayos Trotamundos”, nos transportan a un universo especial: unas cataratas petrificadas. &#160; Todo este título suena surreal: ¿cataratas petrificadas en un lugar que se llama “Hierve el Agua”? Sí, así como lo leíste. Tiempo atrás nos habían contado que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>México tiene miles y miles de encantos. En esta oportunidad, Johana y Washington, la pareja de “Uruguayos Trotamundos”, nos transportan a un universo especial: unas cataratas petrificadas.</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo este título suena surreal: ¿cataratas petrificadas en un lugar que se llama “Hierve el Agua”?</p>
<p>Sí, así como lo leíste.</p>
<p>Tiempo atrás nos habían contado que <strong>en el mundo sólo hay 2 cataratas petrificadas</strong>, una de ellas está Turquía, mientras que la otra se encuentra precisamente, en territorio Mexicano; ante semejante maravilla de la naturaleza, y tan escasa además, no dudamos un segundo en marcar ésta último en nuestro mapa.</p>
<p>El momento de visitarla sería estando en Oaxaca, ya que desde aquí se podía llegar fácilmente a <strong>Hierve el Agua</strong>, el pueblito que albergaba en su interior estas famosas cataratas de piedra.</p>
<p><strong><em><u>¿Cómo llegar?</u></em></strong></p>
<p>En principio, una de las personas que nos estaban compartiendo su techo en Oaxaca, nos había ofrecido el tour que realizaba un amigo suyo, en el cual por 250 pesos mexicanos per cápita podía llevarnos a varios puntos turísticos de la zona, entre ellos, las cataratas petrificadas, Monte Alban, el árbol de El Tule, y algunos lugares más.</p>
<p>La verdad es que el costo no era caro, si tomamos en cuenta que era un recorrido que duraba unas 12 horas, pero lo cierto es que no todos los destinos del tour eran de nuestro interés particular (y algunos probablemente cobrarían entrada), e ir hasta ellos para quedarnos esperando en la puerta mientras las demás personas del tour entraban no nos tentaba demasiado. Además, siempre nos había gustado eso de encontrar la forma de llegar por nuestra cuenta a todos lados y permanecer en ellos el tiempo que nosotros queramos sin que alguien nos esté esperando.</p>
<p>Básicamente, lo que extrañaríamos en un tour es <strong>la libertad, y la sensación de aventura y “arréglate como puedas”</strong> que tiene el ir por nuestra cuenta.</p>
<p>Así que lo que hicimos fue buscar una parada de bus, en el centro de Oaxaca que nos dejara en Mitla, un pueblito relativamente cercano a Hierve el Agua. Después de mucho preguntar llegamos a una parada de buses, cerca de una cancha de béisbol, y por 20 pesos mexicanos cada uno (aprox. 1 dólar) llegaríamos a Mitla, precio para nada mal si consideramos que el recorrido era de unos 44 kms.</p>
<p>Una vez llegados a Mitla, vimos como unas chicas estadounidenses que venían en el mismo bus con nosotros, se bajaban, y aceptaban enseguida subirse a una camioneta estilo mini van.<br />
Sin saber a dónde dirigirnos para seguir rumbo a Hierve el Agua, consultamos con los señores del lugar de donde salían las mini van. Nos dijeron que, efectivamente, <strong>esas eran las camionetas que transportaban personas directamente hacia el parque de Hierve el Agua, y que podían llevarnos por 50 pesos mexicanos cada uno,</strong> lo cual nos pareció precio de turista, así que dándole las gracias, nos alejamos del lugar.</p>
<p>Es cierto que no podíamos recorrer los 28 kms que nos separaban de las cataratas a pie, pero antes de averiguar este precio habíamos buscado un almacén alejado de la parte a donde llegaban los turistas, justamente para consultarle cual era el precio normal de un transporte a Hierve el Agua, y el almacenero, nos contó que <strong>hay camionetas que por no más de 35 pesos nos dejan allí,</strong> motivo por el cual rechazamos los 50 pesos de las mini van.</p>
<p>Continuamos buscando… a lo mejor había alguna terminal de segunda con costos menores.</p>
<p>Así dimos, efectivamente, con otra terminal, alrededor de la cual había únicamente personas locales, y fue en este lugar donde pudimos comprobar nuevamente que <strong>la empatía latinoamericana es cosa real</strong>. El diálogo fue más o menos así:</p>
<p>-Disculpe, ¿sabe dónde podríamos encontrar buses económicos que vayan a Hierve el Agua?</p>
<p>-Sí, a unas cuadras hacía atrás, salen unas mini van que cobran 50 pesos por persona.</p>
<p>-Si, las vimos, pero nos habían dicho que podían conseguirse opciones más económicas.</p>
<p>-¿Más económicas? -dudó unos momentos- ¿de dónde son?</p>
<p>-De Uruguay, América del Sur.</p>
<p>-¡Uruguay! Uy vienen desde lejos. Si quieren pueden esperar acá en frente una camioneta que pasa una vez cada tanto, y los deja en Hierve el Agua por unos 25 o 30 pesos.</p>
<p>Y así fue como, nos encontramos esperando una camioneta, frente a la terminal donde trabajaba el pelado, sentados al lado de un señor bien viejito con un bastón y una bolsa.</p>
<p>Cada tanto, el pelado cruzaba, se sentaba al lado nuestro y nos preguntaba cosas sobre el viaje, sobre Uruguay, o me tiraba uno de los mejores elogios de mi vida, al decirme que yo le recordaba a una luchadora de “Street Fighter” por la ropa y los guantes.</p>
<p>Cuando una camioneta pasaba y se detenía donde nosotros esperábamos sentados, el pelado corría desde donde estuviera e intercambiando unas palabras con el chofer nos daba el visto bueno o no.</p>
<p>Finalmente, uno de los choferes le comentó <strong>que se dirigía a San Lorenzo y que podía llevarnos por 25 pesos cada uno.</strong></p>
<p>Aceptamos y nos subimos.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101215" src="/wp-content/uploads/2020/09/1.jpg" alt="HierveAgua1" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/1.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/1-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/1-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/1-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/1-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/1-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>La camioneta, medio de transporte bastante utilizado en pueblos pequeños de Latinoamérica, usaba la caja para transportar personas, y tenía una lona a modo de techo, y un par de asientos largos a los costados para que la gente pudiera sentarse; íbamos en compañía de 3 señores de bigote, y una señora cargada con bolsas. Todos vestían de forma muy campechana y humilde con la prolijidad que los años les inculcaron; los hombres tenían bigote blanco, y al menos 80 años en su haber. La señora, que rondaba los 60, se bajó a medio camino, pegando un salto con una agilidad que ni Bambi, mirá.</p>
<h5><strong><em><u>Fábricas de Mezcal</u></em></strong></h5>
<p>En el camino hacia Hierve el Agua no vimos una, ni dos, ni tres fábricas de Mezcal, sino al menos 10, y todas con ese estilo tan rudimentario y clásico que habíamos presenciado en nuestro camino hacia Oaxaca; <strong>la rueda de piedra, con un cilindro que encajaba en ella, y el cual era movido en círculos por un burrito que caminaba sin pausa pero sin prisa a su alrededor.</strong></p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101216" src="/wp-content/uploads/2020/09/2.jpg" alt="HierveAgua2" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/2.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/2-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/2-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/2-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/2-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/2-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Seguro que alguna vez oíste hablar del mezcal. Más te digo, probablemente habías oído hablar de él sin saberlo… te lo pongo más <strong>fácil ¿alguna vez habías oído el rumor de que existía una bebida alcohólica con un gusanito en su interior?</strong></p>
<p>¿Sí? Entonces felicitaciones, ya conocías algo del mezcal.</p>
<p>Para nosotros, el mezcal es esa bebida que confundíamos con el tequila (siempre tan expertos en el tema de las bebidas alcohólicas nosotros) pero nos enteramos que no, que es otra cosa, y que cuando probamos sentimos que tenía gusto a humo.</p>
<p>Oaxaca es el estado con mayor producción de mezcal de todo México, así que un paisaje bastante típico y que pudimos apreciar mucho en esos kilómetros que nos separaban hasta Hierve el Agua, fue el de las plantaciones de Ágave, las cuales son fácilmente reconocibles por parecerse mucho a la planta del ananá (piña) que tanto habíamos visto en Costa Rica, con al diferencia que cada “piña de ágave”, como suelen llamarse, puede pesar hasta 100 kg.</p>
<p>El proceso de creación del mezcal es bastante particular y a día de hoy se realiza de forma artesanal en muchísimas zonas de Oaxaca: se hace un hoyo en el suelo, se ponen piedras en el, y allí se quema la piña durante 4 días, lo que hace que el mezcal tenga ese sabor ahumadito tan característico. Luego, se muele la piña en ese molino de piedra tirado por un burrito que tanto llamó nuestra atención. Luego vienen las etapas de fermentación y destilación tan típicas de las bebidas alcohólicas, y finalmente, se embotella.</p>
<p><strong>Ahora, en cuanto al gusanito, déjame que te corrija: no es un gusano, sino una larva, la larva del Ágave (o maguey).</strong> Y no, no todos los mezcales lo tienen. De hecho, sólo el mezcal joven abocado es el que suele tener a este desdichado animalito que le tocó ahogar un poco más que sus penas en alcohol.<br />
Hay quienes dicen que realza el sabor, otros dicen que esta costumbre nació en una fábrica que buscaba diferenciar sus botellas de mezcal con la de tequila y luego se hizo una costumbre popular, mientras que otros lo consideran una simple estrategia de ventas.<br />
Desconocemos cuál es la versión real, pero es innegable que la dichosa larva da ese toque exótico que tantos turistas buscan en los países latinos, ayudando a incrementar sus ventas a aquellos que quieran demostrar su valía.</p>
<p>Una característica muy triste de esta planta la hace ver como una verdadera mártir: luego de dar un fruto, la planta muere. A lo mejor, ahora cuando tengas un vasito de mezcal, quieras dedicar un brindis a esa planta que murió para que vos te estés tomando ese trago.</p>
<h5><strong><em><u>Llegamos a San Lorenzo… ¿y ahora qué?</u></em></strong></h5>
<p>Cuando el chofer anunció que habíamos llegado a destino, nos encontramos de repente en un pueblo muy chiquito, donde no había ni rastros de turistas.</p>
<p>Siguiendo un poco el mapa y otro poco los letreros que señalizaban los caminos de tierra, encontramos el que nos llevaría a Hierve el Agua.</p>
<p>Cuando llegamos a la parte que parecía salir del pueblo, o al menos de la zona más “urbana”, por llamarle de alguna manera, nos encontramos con una casetita de madera y una cuerda en el piso… sí, los tan famosos retenes hechos por locales, que ya habíamos conocido en Chiapas. Esos retenes que no son controlados ni por el gobierno ni autoridades policiales, sino que simplemente alguien decide poner una cuerda en el camino y pedir dinero, a veces justificado con algún buen motivo y otras veces sin justificación alguna.</p>
<p>Estos retenes se cobran únicamente a las personas que van en auto, sobre todo porque cuando te dan un motivo, suele ser el arreglo de las carreteras, y eso fue exactamente lo que nos dijeron a nosotros, cuando nos detuvieron saliendo de San Lorenzo.</p>
<p>La diferencia es que nuestro vehículo eran nuestros pies.</p>
<p>Escuché como la señora al costado del camino le preguntaba a otro señor sentado en una silla de jardín blanca: “¿a ellos les cobro?”, y giré la cabeza ante esta pregunta para ver el momento justo en que el señor afirmaba con la cabeza. Un segundo después, la señora nos cobraba 10 pesos a cada uno para poder pasar. Si ya de por sí cobrar a los peatones era algo sumamente inusual en estos casos, mucho mas lo era si tomamos en cuenta que a los rodados se les cobra la cuota por vehículo, no por pasajeros que vayan dentro.</p>
<p>Dicho de forma clara y directa: sí, nos vieron la cara de turistas y quisieron aprovecharse de la situación.</p>
<p>Luego de pagar la “cuota”, nos dieron un papelito prolijamente impreso, formato ticket (como esos papelitos que te dan cuando comprabas una rifa en la escuela) donde decía que la cuota era para el mantenimiento de las carreteras. Carreteras que no existían porque eran caminos de tierra, pero bueno, esto es creer o reventar. Quiero creer que también llevan mantenimiento.</p>
<h5><strong><em><u>La caminata hacia las cataratas</u></em></strong></h5>
<p>Unos 4 kilómetros de caminata nos separaban del Parque Hierve el Agua, así que, aun con el sol en la cara, aprovechamos a disfrutar el paisaje.</p>
<p>Un paisano que trabajaba la tierra nos hacía señas con las manos, y nos acercamos a conversar. Nos preguntó si íbamos a las piscinas, a lo que respondimos que sí, suponiendo que el parque sería conocido de esa forma por allá, y con la excusa de señalarnos el camino ya bastante bien señalado y marcado, nos dio un poco de charla.</p>
<p>El señor no sabía que Uruguay estaba en América del Sur, y se sorprendió cuando entendió que veníamos de bastante lejos.</p>
<p>Estas pequeñas conversaciones son siempre agradables, porque de alguna manera el intercambio de palabras alegra el día tanto de este señor en su rutina laboral, como de estos viajeros que gustan de ver el mundo a través de los ojos de las demás personas.</p>
<p>Además de las plantaciones de mezcal que abundaban por todos lados, también nos encontramos con unas palmeritas muy simpáticas que, a día de hoy, seguimos sin saber cuales son y para qué se plantan en masa.</p>
<p>La tierra se nos pegaba al sudor, pero seguro valía la pena.</p>
<p>Nada se nos cruzaba en el camino, más que alguna lagartija que se delataba con el movimiento repentino de la vegetación al costado del camino, o con algo que veíamos moverse rápidamente por el rabillo del ojo.<br />
Ya no se veían campesinos trabajando, ni personas de ningún tipo. Los animales de granja no son particularmente populares en la zona tampoco; todo lo gobierna el Ágave.</p>
<p>Bueno, el Ágave y esas palmeritas misteriosas.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101217" src="/wp-content/uploads/2020/09/3.jpg" alt="HierveAgua3" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/3.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/3-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/3-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/3-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/3-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/3-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Finalmente, el último cartel que anunciaba “Hierve el Agua” apareció con un fondo de casitas perdidas entre el pasto.</p>
<h5><strong>PARQUE HIERVE EL AGUA</strong></h5>
<p>Apenas llegar, justo al lado de la entrada hay una caseta en donde se puede comprar la entrada al parque.</p>
<p><strong>La misma tiene un costo de 25 pesos mexicanos (1 dólar) por persona, invariablemente si seas nacional o extranjero.</strong></p>
<p>Con esa entrada tenés acceso a todo el parque, podés meterte en cuanto charco te encuentres (salvo aquellos en los que está prohibido entrar claro) y hacer todos los trekkings que encuentres.</p>
<p>Un precio excelente para un lugar tan lindo.</p>
<p>Lo primero que encontramos fue lo que el paisano denominó “piscinas”, que no eran otra cosa que manantiales naturales de agua templada y cristalina, donde varios turistas disfrutaban sentaditos dentro, y alguna chica modelaba mientras otro chico le sacaba fotos.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101218" src="/wp-content/uploads/2020/09/4.jpg" alt="HierveAgua4" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/4.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/4-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/4-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/4-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/4-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/4-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Las cataratas petrificadas se veían de fondo, decorando el paisaje. Aunque no dejaban de ser impresionantes, nada tenía que ver con la imagen que tendríamos un rato después, cuando hiciésemos el trekking que te permite estar a su lado.</p>
<p>Al ser un parque, hay baños públicos… lo que no estamos seguros es ¿si se puede entrar o si son de pago (no encontramos información actual que diga si se cobra o no para entrar, pero recomendaría llevar cambio en moneditas, por las dudas).</p>
<p>Aunque como en todo parque hay tiendas para comprar comida y bebida, recomendamos llevar una botellita de agua propia para evitar precios más elevados.</p>
<p>Y además, si querés hacerlos trekkings, la vas a necesitar.</p>
<p>Nosotros hicimos todos los trekkings que vimos, uno de ellos nos llevó justo encima de la cascada petrificada, desde donde obviamente no se veía la susodicha (a menos que te acercaras peligrosamente al borde del acantilado, arriesgando el pellejito) pero se podía observar un ojo de agua con la curiosa particularidad de estar burbujeando sin parar, lo que hacía que a su alrededor hubiera siempre agua, mojando el piso, y un cartel alertando de la peligrosidad de una resbalada en semejante altura.</p>
<p>Ver este pequeño manantial burbujeante nos hizo sumar 2 + 2 y nos dimos cuenta… “Parque Hierve el Agua”… aunque esta agua no estuviera hirviendo, creo que todos sabemos que ocurre cuando el agua llega a su punto de ebullición… exacto, burbujea.</p>
<p>Ahora es también cuando el misterio se presenta: <strong>¿por qué burbujea el agua si no está caliente?</strong></p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/5.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101219" src="/wp-content/uploads/2020/09/5.jpg" alt="HierveAgua5" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/5.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/5-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/5-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/5-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/5-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/5-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Aparentemente, si algo abunda en todo el territorio ubicado sobre la Sierra Mixe, donde estos caprichos naturales se encuentran, son diversos minerales, muchos de ellos en forma de gases.</p>
<p><strong>Estos minerales fueron los culpables (dicho con todo el cariño del mundo porque OH POR DIOS LO QUE HAN CREADO) de prácticamente todas las cosas que nos hacen suspirar y frotarnos los ojos en el parque del bien llamado, Hierve el Agua.</strong></p>
<p>De hecho, se dice que el agua de los manantiales está tan cargada de minerales que las propiedades curativas de pegarse un bañito en ellas es bastante considerable.</p>
<p>Ok, todo muy lindo con los manantiales, el agüita verdosa, las burbujitas, pero ¿y las cascadas para cuando?</p>
<p>Justo después de algunos kilómetros de caminata, kilómetros llenos de escalones amplios, de esas que nos hacen sudar la gota gorda porque son demasiado amplios para saltarlos de un paso y demasiado chicos para caminar sobre ellos cómodamente sobre ellos, nos vamos a chocar de lleno con la catarata petrificada.</p>
<blockquote><p><strong>Si desde lejos era impresionante, de cerca es increíble.</strong></p></blockquote>
<p>Aunque todos sepamos que una catarata, para ser llamada como tal, necesita tener agua fluyendo y nos hayamos negado a llamarle “catarata” a lo que parece únicamente un pedazo de piedra enorme con formas inusuales, cuando estemos al lado no vamos a tener alternativa: sí, esto es una catarata. No sé cómo, pero es una catarata.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/6.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-101220 alignleft" src="/wp-content/uploads/2020/09/6.jpg" alt="HierveAgua6" width="528" height="704" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/6.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/6-225x300.jpg 225w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/6-375x500.jpg 375w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/6-315x420.jpg 315w" sizes="(max-width: 528px) 100vw, 528px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em><u>¿Y cómo puede ser que la piedra tome esta forma tan… acuosa?</u></em></strong></p>
<p><strong>Por mucho que me guste pensar que la </strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Medusa_(mitolog%C3%ADa)">https://es.wikipedia.org/wiki/Medusa_(mitolog%C3%ADa)</a> <strong>Medusa  del mundo mitológico estuvo haciendo de las suyas por este rincón del mundo</strong> (y por Turquía), la realidad es mucho menos mágica pero igualmente impresionante desde un punto de vista científico.</p>
<p>Según leímos, lo que hoy vemos como piedra fue, efectivamente, agua en algún momento muy lejano en el tiempo.</p>
<p>Dicha agua estaba tan cargada de minerales (sí, otra vez los minerales en acción) que al hacer contacto con el aire, generaban una reacción química que desconozco, solidificando el líquido.</p>
<p>Tampoco te vayas a creer que esto fue una cosa instantánea, que un día los niveles de minerales llegaron al punto justo donde si eran tocados por el aire toda el agua se solidificaba de sopetón y chau agua.</p>
<p>No.</p>
<p>Se supone que para que la cascada quede como la vemos hoy, con semejante cantidad de agua solidificada, <strong>tuvieron que pasar muchos, muchísimos años… siglos, para regalarnos esa vista de un mundo casi onírico, donde el agua se convierte en piedra y el agua hierve estado fría.</strong></p>
<h5><strong><em><u>Rebotes y patinadas dentro del camión</u></em></strong></h5>
<p>Para irnos de Hierve el Agua teníamos dos opciones: volver como fuimos, es decir, caminar los 4 kms que nos separaban de San Lorenzo, y una vez allí conseguir una camioneta local que por 25 pesos nos lleve a Mitla, y de Mitla tomar un bus hasta Oaxaca, o… hacer dedo.</p>
<p>Caminando de regreso, fuimos haciéndole dedo a todo lo que pasara, <strong>y más rápido de lo que imaginábamos, un camión se detuvo y nos invitó a subir en la parte trasera.</strong><br />
Se trataba de uno de esos camiones cuya parte trasera es una gran “caja” de maderas altas, como las que se usan para transportar grandes cantidades de frutas.</p>
<p>Iba casi vacío, siendo únicamente una silla el pasajero que estaba a bordo de la caja, y en la cual nos dijeron podíamos sentarnos si queríamos; como el piso estaba manchado de aceite quemado, uno de nosotros se sentó en ella, mientras el otro disfrutaba del paisaje. Así lo hicimos en un turno cada uno.</p>
<p>Vimos como el chofer pasaba el retén donde nos habían cobrado 10 pesos a cada uno, pero obviamente, el chofer pagó únicamente 10 pesos por el vehículo, y más nada.</p>
<p>El viaje fue muy divertido, tomando en cuenta que ante los frenazos y los múltiples lomos de burro (bumps, topes) aquel que fuera sentado en la silla volaba de una punta a otra del camión, en una suerte de patinaje sobre el piso aceitoso, mientras el que iba parado podía disfrutar del paisaje con los mofletes al viento.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/7.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101221" src="/wp-content/uploads/2020/09/7.jpg" alt="HierveAgua7" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/7.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/7-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/7-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/7-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/7-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/7-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El chofer detuvo el camión luego de un pozo bastante profundo en la ruta que nos hizo saltar, para preguntarnos si estábamos bien (en inglés, porque el estaba convencidísimo que nosotros no podíamos ser hispano parlantes), y nos dijo que le avisemos cuando queramos parar.</p>
<p>Nuestro aviso llegó cuando, según el mapa de Wa, estábamos a poca distancia de El Tule, una zona de Oaxaca donde teníamos algo muy interesante de visitar.</p>
<h5><strong>EL ARBOL DE EL TULE</strong></h5>
<p>El árbol que se ubica en el jardín de la Iglesia Santa María del Tule es conocido por una cosa…<br />
<strong>es una bestialidad.</strong></p>
<p>Esta es la forma más sincera y descriptiva que encontramos para referirnos a este enorme árbol con alrededor de 2000 años de antigüedad.</p>
<p>Se dice que son necesarias unas 30 personas tomadas de las manos para abrazar los 44 metros de diámetro que tiene su tronco, porque sí, el árbol de El Tule es conocido por ser aquel con el tronco más ancho del mundo.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/8.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-101222 alignright" src="/wp-content/uploads/2020/09/8.jpg" alt="Tule8" width="614" height="818" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/8.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/8-225x300.jpg 225w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/8-375x500.jpg 375w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/8-315x420.jpg 315w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acá no hay ombú que le compita. Este árbol es enorme y punto.</p>
<p><strong>Para ingresar al jardín de la Iglesia y verlo de cerca es necesario pagar una entrada, pero sino, igualmente puede verse desde afuera;</strong> la única diferencia es que vas a tener 1 reja más en medio (y digo una porque además, el árbol está rodeado por una pequeña valla de metal) y que no hay banquitos del lado de afuera para que puedas sentarte a apreciar las caras que según dicen, se distinguen en él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y semejante árbol viene acompañado de una copa frondosa no, frondosísima.<br />
Es gracioso tomar una fotografía de la iglesia con el árbol al lado, y comprobar lo pequeñita que se ve la iglesia a su lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><a href="/wp-content/uploads/2020/09/9.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101224" src="/wp-content/uploads/2020/09/9.jpg" alt="Tule9" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/9.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/9-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/9-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/9-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/9-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/9-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a>Éste árbol, pertenece a la especie de los Sabinos (también conocido como ahuehuete),</strong> y no es el único plantado en el jardín de ésta iglesia, ya que mientras éste se ubica a su izquierda, si miramos contra el lado derecho de la iglesia vemos que allí se levanta otro sabino, igual de frondoso pero con un tamaño considerablemente menor. Se trata de nada más ni nada menos que la descendencia de su vecino de la derecha, su hijo, del cual se espera igualmente un tamaño considerable dentro de unos cuantos cientos de años.</p>
<p>Como suele suceder, en torno a las grandes maravillas naturales, ahí estamos los humanos para encontrarles explicaciones esotéricas, mágicas, que nos hagan soñar un poquito más.</p>
<p>Es así como las leyendas alrededor de este Sabino son varias.</p>
<p><em>Rebuscando en internet, son varias las versiones que pueden encontrarse, pero hay dos que resaltan muchísimo más: una de ellas cuenta que <strong>el árbol fue plantado hace 1400 años por un sacerdote de nombre muy gracioso. Pechocha, que además de sacerdote era conocido también como “dios del viento”, denominó a este enorme Sabino como el “árbol de la iluminación”.</strong></em></p>
<p><em>Otra versión muy conocida es la de Condoy, el rey nacido de un huevo y perteneciente a la civilización mixe. Cuenta la leyenda que éste encargó la construcción de la ciudad de Mitla, la cual se puso manos a la obra. Pero un mal día un gallo cantó, y como era considerado de mal augurio, el rey mismo emprendió camino hacia Mitla para detener la construcción, y en su regreso, <strong>de tan cansado que estaba se detuvo a descansar en el camino, clavando su bastón en la tierra. Para su sorpresa y la de quienes le acompañaban, del bastón brotó un árbol de dimensiones descomunales.</strong></em></p>
<p>Lo más lindo de esta versión es que se cuenta que este árbol creció para proteger al rey que se había sentado a descansar, y que mientras siga en pie, todo el pueblo permanecerá bajo su protección y la del Rey Condoy, que según dicen, continúa viviendo a día de hoy, en su escondite favorito… alguna parte del cerro Zempoaltepetl (o Cempoaltépetl).</p>
<p>Otra creencia que germinó en torno a este árbol y te dejé entrever unos párrafos más arriba, es la posibilidad de distinguir rostros animales en él.<br />
Nosotros hicimos el intento pero no descubrimos ninguno, supongo que nos faltó enfocar con el lente de la imaginación.</p>
<p><strong><em><u>El Tule</u></em></strong></p>
<p>Aunque opacada por el brillo del Sabino, no podemos dejar de mencionar la belleza de El Tule como pueblo.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/10.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-101223" src="/wp-content/uploads/2020/09/10.jpg" alt="Foto10" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/10.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/10-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/10-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/10-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/10-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/09/10-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>A pesar de su cercanía con la ciudad de Oaxaca, todo en él se siente pueblo; las plazas extremadamente limpias, los monumentos bien conservados, los mercados con tejidos locales que nos tentaron más de una vez haciéndonos cuestionarnos qué tan necesaria era una mantita en nuestra mochila (incluso bajo los 30 grados que achicharraba nuestras cabezas), y por supuesto, su gente, siempre amable y sonriente.</p>
<p>Claro que un punto con una atracción tan única como puede ser el árbol más ancho del mundo conlleva a la creación de varios lugares pensados especialmente para el turista, como mercados, restaurantes de precios algo elevados, etc.<br />
Pero de todas formas, no sentimos ese agobio tan característico de las zonas abarrotadas de turismo, al contrario, se respiraba un ambiente bastante pueblerino, como si todos los que rondásemos la zona viviésemos allí hace años.</p>
<p><strong>El Tule es uno de esos lugares que recomendaríamos visitar, con árbol o sin él.<br />
</strong>Aunque le deseamos de todo corazón, larga vida al Sabino protector del pueblo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Por más información sobre otros viajes y contacto con los trotamundos uruguayos:</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong><strong><em>Anexos: viajeinterminable.com</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong><strong><em>Instagram: https://www.instagram.com/viajeinterminable/</em></strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Trotamundos uruguayos en Campeche: Ciudad misteriosa, tierra de serpientes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Aug 2020 17:09:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Exodo Oriental]]></category>
		<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Campeche]]></category>
		<category><![CDATA[Johana y Washington]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Johana y Washington nos comparten su segunda entrega dedicada a Campeche (México), ciudad misteriosa, tierra de serpientes. Estos trotamundos uruguayos nos cuentan sus vivencias y comparten el conocimiento sobre la cultura de otras partes del planeta, las características de los pueblos, las bellezas naturales, acompañados de sus compañeras incondicionales: sus mochilas, testigos de privilegio en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Johana y Washington nos comparten su segunda entrega dedicada a Campeche (México), ciudad misteriosa, tierra de serpientes.</strong></em></p>
<p><em><strong>Estos trotamundos uruguayos nos cuentan sus vivencias y comparten el conocimiento sobre la cultura de otras partes del planeta, las características de los pueblos, las bellezas naturales, acompañados de sus compañeras incondicionales: sus mochilas, testigos de privilegio en sus viajes y sus sueños.</strong></em></p>
<p><em><strong>Compartimos las vivencias de estos peculiares viajeros orientales.</strong></em></p>
<p><em><strong>Anhelamos que disfruten de este encantador viaje en esta “tierra de serpientes”.</strong></em></p>
<p>Desconocemos si Campeche tiene los túneles subterráneos que la historia cuenta y por los cuales se le otorga el apodo de «ciudad misteriosa», pero sí podemos corroborar la veracidad de su otro apodo por el cual se la conoce&#8230; tierra de serpientes.</p>
<p>Si nos ponemos exquisitos, según la lengua maya, Campeche viene de Can Peech, que significa «serpientes» y «garrapatas». Nosotros solo pudimos comprobar la parte de las serpientes.</p>
<p>De todas formas, vamos a empezar por lo que más se conoce a esta ciudad: los piratas.</p>
<p>Antes de llegar a Campeche, alguien nos dijo que no había mucho para ver, con excepción de las murallas que se construyeron para defender la ciudad de los ataques piratas que tanto se pusieron de moda allá entre el siglo XVI y XVII.</p>
<p>No sé ustedes, pero a mí me decís que en la historia de una ciudad está incluida la palabra «piratas» y ya me entusiasma, no porque sea fan especial de ellos, sino más bien por todo ese romanticismo con el que nos los mostraron en el último siglo (si Jack Sparrow, te estoy mirando a vos). Por si fuera poco, el pirata tiene esa cosa de que, aunque generalmente sea malo, de alguna manera nos evoca recuerdos de la infancia, convirtiéndolo automáticamente en un personaje que de alguna manera nos transporta a buenas épocas, sin importar cuál sea tu edad (Capitán Garfio, el pirata de La Isla del Tesoro, el juego «Monkey Island»&#8230; y la lista continúa).</p>
<p>En conclusión, que los piratas son una buena forma de llamar la atención de casi cualquier persona, y Campeche lo sabe.</p>
<p>Pero, además, no solo lo sabe, sino que tiene de donde agarrarse, porque fue blanco principal de estos rateros marítimos, allá por los 1500 en adelante.</p>
<h5><strong>FORTALEZAS DE CAMPECHE</strong></h5>
<p>Por el 1500 y pico, el puerto de Campeche era parada obligatoria para todos aquellos barcos que zarpaban cargados de mercancía del nuevo mundo hacia España, siendo la madera de Tinte de Palo una de las principales cosas que los llenaba.</p>
<p>A esto le sumamos que, al repartirse las tierras de América entre las potencias europeas de la época, España se llevó la mayor parte, cosa que no le gustó nada a países como Inglaterra, Francia y España, así que no tuvieron mejor idea que dar carta blanca a sus habitantes para saquear las tierras españolas del Nuevo Mundo.</p>
<p>Con este cocktail de cosas, no es de extrañar que Campeche se hiciese famosa por sus repetidos ataques a mano (o garfio) de piratas provenientes –o aliados– con estas 3 potencias (que, a final de cuentas, todos eran de alguna manera gobernados por la Corona Británica).</p>
<p>Y ya que mencionamos la palabra, Campeche se lleva uno de los tantos orígenes especulados con los que carga la palabra cocktail; se dice que por allí se preparaba un trago mezclado de alcohol con moras, entre otras cosas, el cual iba decorado con una pluma de cola de gallo, al que los piratas llamaban «cocktail» ya que, tanto en inglés como en francés, cock significa gallo (coq en francés) y tail significa cola. Pero esta es solo una de las posibles etimologías de la palabra.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100894" src="/wp-content/uploads/2020/08/1.jpg" alt="Campeche1" width="800" height="599" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/1.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/1-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/1-500x374.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/1-768x575.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/1-600x449.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/1-561x420.jpg 561w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los constantes ataques hicieron que el pueblo de Campeche tuviese que tomar armas en el asunto, y no solo lograron espantar a la tripulación filibustera en alguna oportunidad, sino que además exigieron la construcción de las murallas que hoy vemos para proteger la ciudad de futuros ataques.</p>
<p>Además, construyeron túneles bajo tierra, por donde escapó gran parte del pueblo durante algunos de los ataques más recordados.</p>
<p>A día de hoy se cree que son varios los túneles aún no descubiertos, ya que alguna vez sucedieron derrumbes en las calles de Campeche que no tienen otra explicación más que la posible existencia de cuevas subterráneas.</p>
<h5><em><u>¿Se puede subir a las murallas?</u></em></h5>
<p>La respuesta es sí, se puede, por una módica suma de dinero.</p>
<p>En caso que no quieras pagar por ello, de todas formas debajo del muro vas a poder ver cañones reales, y algunos cuartos que ofician de museo, donde se recrean las cosas que, en teoría, utilizaban los piratas; lo digo de esta forma porque me pareció una representación demasiado romántica, ya que podemos ver una bandera con la clásica calavera de huesos cruzados, un barril, un cofre de madera, y claro, un muñeco a escala real con unas pintas muy similares a las de Jack Sparrow.</p>
<p>No dudo que esta imagen que tenemos del pirata sea basada en casos reales, pero creo que en estas representaciones estaba DEMASIADO romantizado.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100895" src="/wp-content/uploads/2020/08/2.jpg" alt="Campeche2" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/2.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/2-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/2-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/2-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/2-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/2-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h5>¿SABIAS?</h5>
<p><strong><em>El término pirata es el más generalizado, pero hay términos específicos para referirse a algunos de ellos. Por ejemplo, los llamados FILIBUSTEROS son los piratas pertenecientes a la Corona Francesa. Los CORSARIOS eran aquellos con un permiso otorgado por el rey, donde les autorizaba a saquear y robar. Y también estaban los BUCANEROS, piratas de origen caribeño, que antes se dedican a la caza (de hecho, la palabra bucanero viene del término «boucan» que significa «ahumar»). </em></strong></p>
<p>Nosotros elegimos pagar los 15 pesos mexicanos cada uno por subir a las murallas que se encuentran a los lados de la Puerta de Tierra.</p>
<p>Si bien al momento del levantamiento de las murallas, las puertas eran 4, a día de hoy solamente quedan 2, la puerta de Mar y la puerta de Tierra, las cuales pueden ser visitadas fácilmente.</p>
<p>Recorrer las murallas es algo que, aunque pueda sonar innecesario, por la módica suma que tuvimos que pagar nos parece que vale la pena.</p>
<p>Es cierto que lo que más vas a ver van a ser pasillos muy largos de piedra, pero también se aprecian las pequeñas casetas donde los vigilantes montaban guardia al resguardo de la lluvia, y hasta hay zonas donde se puede bajar y observar puertas y pozos de agua que se mantienen de las épocas de los piratas.</p>
<div id="attachment_100896" style="width: 465px" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2020/08/3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-100896" class=" wp-image-100896" src="/wp-content/uploads/2020/08/3.jpg" alt="Campeche3" width="455" height="607" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/3.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/3-225x300.jpg 225w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/3-375x500.jpg 375w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/3-315x420.jpg 315w" sizes="(max-width: 455px) 100vw, 455px" /></a><p id="caption-attachment-100896" class="wp-caption-text">Vestimenta típica de la mujer campechana</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>A mí en particular me hizo el día cuando, el señor que oficiaba de cuidador/cobrador, nos abrió la puerta enrejada dándonos pase libre a la escalera que conduce a la parte alta de las murallas, y justo antes de cerrarla con candado tras de nosotros, dijo «cuando quieran bajar, toquen la campana» para enseguida desaparecer, sumándole mística al asunto.</p>
<p>La campana en cuestión era una campanota como la de las iglesias, ubicada en lo alto de la muralla, de esas que cuando suenan se escucha en varias calles a la redonda.</p>
<p>Yo estaba feliz.</p>
<p>Quería recorrer todas las murallas, pero a su vez, aunque me daba un poco de vergüenza, quería tocar la campana.</p>
<p>Recorrer toda la muralla y sus partes interiores nos llevó una buena media hora, y apenas nos cruzamos con 2 personas más allá arriba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando el momento de bajar llegó, una pareja de novios estaba posando frente al lente del fotógrafo, justo debajo de la campana que teníamos que hacer sonar.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100897" src="/wp-content/uploads/2020/08/4.jpg" alt="Campeche4" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/4.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/4-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/4-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/4-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/4-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/4-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Quiero creer que lejos de distraerlos, las dos veces que alboroté a todas las palomas con el din-don, le sumó encanto al momento de recién casados&#8230; aunque lo que haya sonado haya sido una campana que en otras épocas alertaba de posibles ataques piratas.</p>
<h5><strong><em><u>Fuerte de San Miguel </u></em></strong></h5>
<p>Siendo uno de los lugares turísticos más famosos de la zona, el Fuerte San Miguel es uno de los grandes representantes de la resistencia contra los piratas.</p>
<p>El brigadier Antonio Oliver propuso la construcción de este fuerte, asegurando que como venía la mano, la defensa de la plaza de Campeche estaba bastante complicadita.</p>
<p>Tanto hizo que se terminó construyendo esta fortaleza que a día de hoy oficia de punto turístico, en la cual vemos los vestigios de los medios de defensa que utilizaron en aquella época para defenderse de los ladrones de altamar.</p>
<p>A día de hoy, la fortaleza se convirtió también en un museo con 10 salas, entre las cuales se exhiben, además, piezas arqueológicas de las civilizaciones que habitaron la zona de Calakmul.</p>
<p>Cosas que nosotros no corroboramos porque elegimos no entrar.</p>
<p>La entrada al fuerte no es particularmente costosa, a fecha de 2020 cuesta 55 pesos mexicanos (2 dólares y medio) pero habiendo ya visitado las fortalezas de la ciudad de Campeche, no sentimos la necesidad de entrar al de San Miguel.</p>
<p>Esto queda a criterio de cada uno, quizás si tú presupuesto es más holgado, o si amas el tema que se exhibe allí, la mejor idea sería pagar y entrar.</p>
<p>Nosotros nos conformamos con caminar por los bosques a su alrededor, y sobre el puente levadizo del fuerte, donde a sus costados unas iguanas oficiaban de cocodrilos para alimentar nuestra fantasía de cuento de hadas.</p>
<h5><strong>LA NOVENA</strong></h5>
<p>Estando en Campeche, y gracias al hecho de conocer a una persona hermosa de la cual estamos convencidos nos ayudó a querer tanto a esta ciudad, tuvimos la oportunidad de asistir a lo que se conoce como «novena».</p>
<p>Una novena es un acto de devoción que festejan las personas en sus hogares, y aunque antes solían realizarse durante 9 días, a día de hoy duran únicamente un par de horas.</p>
<p>Quien festeja la novena suele invitar a todos sus allegados y conocidos, contratar a alguien que toque el teclado y cante, y luego de realizar los cantos y oraciones, se procede a una comilona de gran magnitud, todo invitado por la persona que organiza la novena, que déjame recordarte, es alguien como vos y yo, no es una organización de ningún tipo. Además, generalmente la comida es casera.</p>
<p>La abuela de nuestro amigo festejaba una novena precisamente mientras nosotros estábamos en su hogar, así que tuvimos el placer de asistir a la primer novena de nuestra vida.</p>
<p>Dejáme decirte algo&#8230; sí pasas a una o dos cuadras de uno de estos eventos, te vas a dar cuenta.</p>
<p>La música se escuchaba desde muchos pasos antes de llegar, y la alegría de las personas se transmitía en el aire.</p>
<p>Y fue acá donde finalmente probamos la famosa «Cochinita Pibil», preparada por la abuela de nuestro amigo quien, además, es una excelente cocinera.</p>
<p>También nos dieron una bandeja llena de dulces típicos, y fue gracioso comerlos al lado de la puerta de un consultorio odontológico.</p>
<p>Al final, no solo nos retiramos con la panza llena, sino con la experiencia de haber vivido un evento que no sucede seguido ni en todos lados, una de esas cosas a las cuales caes de carambola, y agradeces al destino por haber cuadrado tan bien las cosas.</p>
<h4><strong>MERCADO DE TIBURONES</strong></h4>
<p>El paseo por el mercado es un clásico de nuestras salidas cuando queremos conocer una ciudad, y el mercado de Campeche, aunque muy similar a la mayoría que visitamos en Latinoamérica, tenía una particularidad: tiburones.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/5.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100898" src="/wp-content/uploads/2020/08/5.jpg" alt="Campeche5" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/5.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/5-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/5-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/5-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/5-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/5-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, leyeron bien, en la zona donde se vendía pescado, la gran mayoría eran tiburones, y hasta llegamos a ver alguna mantarraya.</p>
<p>De hecho, estando allá comimos «pan de cazón» que es un plato a base de un tiburoncito llamado, precisamente, cazón.</p>
<p>Todo hay que decirlo, ya habíamos probado tiburón una vez (aunque otra especie), y en Uruguay, así que somos conscientes que no es algo tan difícil de conseguir, pero no deja de sorprendernos ver un montón de tiburones sobre los mostradores metálicos que hacen zigzag en el mercado de Campeche.</p>
<p>Un señor nos llama para mostrarnos como hace sonar el caparazón de algún animal marino, como si fuera un cuerno de guerra,  soplando por uno de sus extremos (el tipo se creía La Sirenita), y luego le pone una mandíbula de tiburón en las manos a Wa y poco más que me obliga a sacarle una foto, pidiendo bis porque Wa no sonrió lo suficiente para la cámara&#8230; Quizás el señor esperaba una sonrisa con tantos dientes como esa mandíbula que nos ofreció.</p>
<h5><strong>GENTE NORMAL CON RECONOCIMIENTOS ESPECIALES</strong></h5>
<p>Otra de las cosas que hacen de Campeche una ciudad especial son sus estatuas.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/6.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100899" src="/wp-content/uploads/2020/08/6.jpg" alt="Campeche6" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/6.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/6-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/6-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/6-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/6-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/6-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caminando por cualquier callecita pueden encontrarse diversas personas inmortalizadas en hierro, en actitudes cotidianas, como pueden ser vendiendo dulces, cargando una canasta sobre su cabeza o descansando a la sombra de una muralla.</p>
<blockquote><p><strong>Al principio creíamos que eran estatuas genéricas, pero un señor se acercó para hablarnos de algunas de ellas, y entendimos que esas personas de alguna manera respiraban.</strong></p></blockquote>
<p>—¿Saben? —nos dijo— Al vendedor de golosinas de la plaza lo llegué a conocer. Me acuerdo que yo tenía 6 años cuando le compraba unos caramelos verdes alargados.</p>
<p>Se refería a la estatua del vendedor de caramelos que todavía no habíamos visto, pero estaba en la plaza principal.</p>
<p>Luego nos siguió contando.</p>
<p>—Y mi papá conocía al aguatero —un suspiro lleno de recuerdos se le escapó en el aire antes de seguir—. Yo todavía recuerdo cuando me mandaba a comprarle 2 litros de agua.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/7.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100900" src="/wp-content/uploads/2020/08/7.jpg" alt="Campeche7" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/7.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/7-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/7-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/7-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/7-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/7-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De alguna manera, sus palabras resonaban dentro nuestro, susurrando lo que no queríamos escuchar: dentro de poco, ya no quedaría nadie que diera vida a estas estatuas. Nadie que los recuerde.</p>
<p>Los ciudadanos ilustres de Campeche no son simplemente estatuas que adornan la ciudad, son personas, seres que alguna vez fueron parte del movimiento, del gentío que hoy recorre las calles evitando pensar que algún día vamos a ser como ellos, caras desconocidas y cuerpos inertes, que alguna vez respiraron el mismo aire que hoy exhalamos con enojo, con rabia, con cansancio.</p>
<p>Las estatuas de Campeche, definitivamente, son un recordatorio muy importante, no solo de estas personas que habitaron la ciudad, sino de todos aquellos que estamos y vamos por la vida pegando figuritas del álbum sin pararnos a pensar si es así como queremos vivirla, como si no hubiera un mañana, como si fuésemos eternos.</p>
<p>Bueno, aquí una revelación: no lo somos.</p>
<p>Y estas estatuas, de alguna manera, están ahí para recordárnoslo.</p>
<h5><strong>ATARDECERES EN CAMPECHE</strong></h5>
<p>Hace ya tiempo que vamos por la vida captando atardeceres.</p>
<p>Por ahí es más poético apreciar un amanecer que un atardecer, más esperanzador, con una significación más amena que la del atardecer.</p>
<p>Pero cuando la realidad te sacude no podés darle la espalda: en Campeche hay que apreciar los atardeceres.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/8.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100901" src="/wp-content/uploads/2020/08/8.jpg" alt="Campeche8" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/8.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/8-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/8-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/8-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/8-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/8-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cualquier lugar de la ciudad es bueno para ello. El más clásico es desde la rambla (malecón), donde un circular murito de piedra oficia de auditorio para nosotros, el público de seres chiquititos que va a admirar esta obra de la Mamma natura, con el mar Caribe, el cielo, las nubes y el sol como únicos actores.</p>
<p>Pero nosotros pudimos atestiguar que cualquier rincón de la ciudad se convierte en escenario improvisado para el show de colores que las 6 de la tarde nos ofrece religiosamente.</p>
<h5><strong>LUCES DANZARINAS</strong></h5>
<p>Y si hablamos de show tenemos que hablar de ellas.</p>
<p>Aunque Mérida sea la ciudad cultural por excelencia, la cercanía que guarda Campeche con ella hace que inevitablemente se contagie un poco, y, en consecuencia, tengamos actividades gratuitas como este show de luces que pudimos disfrutar.</p>
<p>Los horarios varían, pero se pueden averiguar en la caseta de turismo, o incluso sobre una placa que figura en un muro monumental cerca del lugar donde se lleva a cabo el show y del cual me arrepiento de no haberle sacado foto.</p>
<p>Unos escalones de piedra ubicados estratégicamente albergan muchas personas que se juntan a disfrutar del show de luces y agua.</p>
<p>Media hora implica unas cuantas canciones para todos los gustos: Queen, Coldplay, Enya, Andrea Bocceli, culminando con una cantante mexicana.</p>
<p>Los chorros de agua bailan al compás de la música, y las luces los colorean.</p>
<p>Lo único que puedo entender preocupante es el no saber si esa agua es reutilizada o no, pero si logramos despegarnos de ese pensamiento por media hora, el show de luces y agua es algo sumamente recomendado de Campeche.</p>
<h5><strong>RUINAS DE EDZNÁ</strong></h5>
<p>Fueron estas las últimas ruinas Mayas que visitaríamos, aprovechando nuestra estadía en la ciudad amurallada de México, desde donde es bastante sencillo llegar.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/9.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100902" src="/wp-content/uploads/2020/08/9.jpg" alt="Campeche9" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/9.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/9-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/9-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/9-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/9-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/9-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Los 50 kms entre Campeche y las ruinas pueden sortearse tomando un bus que cuesta 40 pesos mexicanos por persona, y recorre toda la distancia, dejándote en la entrada a las ruinas.</p>
<p>El bus se toma detrás del mercado de la ciudad, y el tema de los horarios conviene averiguarlo previamente; nosotros llegamos allí a las 9, pero tuvimos que esperar 4 horas ya que el bus salía a las 13:15 horas. Desconocemos si sale otro más temprano.</p>
<p>Una vez allí, optamos por preguntarle a las personas que cobraban la entrada en el parque cuándo podríamos tomar el próximo bus que volviera a la ciudad, y nos dijeron que a las 17:00 hs sale el último bus con destino Campeche, que es el que toman los empleados del parque.</p>
<p>Si elegís tomar ese bus, como es el último, lo mejor es avisarles a los empleados del parque que te esperen y avisen al chófer para que no se vaya sin ustedes.</p>
<p>Nosotros no tuvimos que recurrir a eso porque, como terminamos de recorrerlo sobre las 16 horas, decidimos intentar hacer dedo y funcionó muy bien, llegamos a Campeche en una camioneta negra con dos señores de lentes oscuros que tomaban cerveza y nos repetían constantemente que «no teníamos que tener miedo porque ellos no eran secuestradores».</p>
<p>No teníamos miedo las 2 primeras veces que lo aclararon, pero a partir de la tercera la cosa empezó a ponerse sospechosa.</p>
<p>Así con todo, llegamos sanos y salvos a Campeche.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/08/10.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100903" src="/wp-content/uploads/2020/08/10.jpg" alt="Campeche10" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/10.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/10-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/10-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/10-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/10-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/08/10-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El costo para ingresar a las ruinas de Edzná es de 65 pesos mexicanos por persona, pero los domingos pueden ingresar gratis aquellas personas de nacionalidad mexicana o los residentes en el país.</p>
<p>El horario del parque es de 09:00 a 17:00 horas.</p>
<p>La ciudad de Edzná se estima fue creada entre el 400 y 1000 d.C. y fue abandonada alrededor del 1450.</p>
<p>En sus 25 kilómetros cuadrados se pueden apreciar detalles con los cuales ya estaremos familiarizados si visitamos otras ruinas mayas, como Tikal, en nuestro caso.</p>
<p>El tallado en piedra caliza, los cortes cuadrados y las figuras de dioses en las piedras son clásicos de la cultura precolombina de la zona.</p>
<blockquote><p><strong>Otra cosa que puede llegar a entrar dentro de los atractivos turísticos de la zona, son las iguanas&#8230; al menos para las personas bicheras como nosotros.</strong></p></blockquote>
<p>No solamente hay muchas, sino que la mayoría están tan acostumbradas a las personas, que, aunque no se van a dejar tocar, es probable que puedas fotografiar varias desde bien cerquita, en posiciones de «píntame como a una de tus chicas francesas» arriba de alguna piedra.</p>
<p>Mi favorita fue la que bauticé como «Crocotóteles», una iguana que parecía estar sumida en pensamientos existenciales mientras veía el horizonte sobre una piedra.</p>
<h5><strong>NUESTROS PRIMEROS ENCUENTROS CON SERPIENTES</strong></h5>
<p>En el momento no lo sabíamos, pero luego entendimos: sonaba perfectamente lógico que nuestros primeros encuentros con serpientes en estado salvaje hayan sido en el lugar cuyo nombre significa «Tierra de serpientes y garrapatas».</p>
<p>Y es que ya nos cruzamos con varios animales extraños en el viaje, tuvimos una situación de alerta máxima con un escorpión en Argentina, dormimos con pulgas, y espantamos arañas del tamaño de nuestra mano en Perú (con algunas hasta compartimos baño durante días).</p>
<p>Pero nunca habíamos visto serpientes.</p>
<p>Al menos no en vida salvaje, así, mano a mano sin jaulas que nos separen ni guardias que puedan detener a nadie.</p>
<p>Pero Campeche vino a romper con eso.</p>
<p>La primera la vimos cuando volvíamos del Fuerte San Miguel, aquel que fuimos a ver desde fuera porque no quisimos pagar la entrada, ni nosotros ni la chica checa con la que íbamos, ni el Campechano que nos llevó.</p>
<p>Los escalones de piedra tenían vegetación a un costado, y ella descansaba tranquilamente, un par de escalones por delante nuestro.</p>
<p>Wa que iba unos pasos por delante, me detuvo en seco y en ese momento ella se dio cuenta, y toda verde como era, se desenroscó y trepó las piedras del costado, dejándonos con una sensación mezcla de miedo con emoción.</p>
<p>La segunda fue más complicada.</p>
<p>Caminábamos por una de las huellas de tierra entre las ruinas de Edzná, uno de esos caminos de hechos únicamente por los cientos pasos de las personas, cuando nuevamente, Wa que iba un paso adelante se detiene de golpe&#8230; la diferencia es que esta vez estaba mucho más cerca, por no decir, casi encima de ella.</p>
<p>Lo que parecía una soguita negra con rayas rojas iba cruzando el camino muy pancho, y no reparó en estos dos caminantes sino hasta que Wa le puso el pie justo al lado.</p>
<p>La pobre se asustó más que nosotros, y empezó a doblarse en interminables eses entre nuestros pies mientras nosotros zapateábamos para atrás y para adelante tratando de desenredarnos.</p>
<p>Al final, la serpiente se decidió y reptó derecho cruzando el camino y quedándose un rato quieta sobre las piedras, mirándonos de cotelete, en una especie de saludo cordial, un saludo que era un «hasta nunca»&#8230; o quizás solo estaba considerando presentar una queja a la intendencia por la falta de semáforos en los caminos de tierra de Edzná.</p>
<p>Por más información sobre otros viajes y contacto con los trotamundos uruguayos:</p>
<p>Anexos: <a href="http://www.viajeinterminable.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=http://www.viajeinterminable.com/&amp;source=gmail&amp;ust=1595708671602000&amp;usg=AFQjCNHXzv-0SLqYNp1fvKv1FR9-SZTtkQ">viajeinterminable.com</a></p>
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		<title>Trotamundos uruguayos en Guyana: «¿Y no le tienen miedo al jaguar?»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sociedad Uruguaya]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jul 2020 03:15:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Exodo Oriental]]></category>
		<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[¿Y no le tienen miedo al jaguar?]]></category>
		<category><![CDATA[Guyana]]></category>
		<category><![CDATA[Johana y Washington]]></category>
		<category><![CDATA[Trotamundos uruguayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Johana y Washington son una pareja de uruguayos, de 30 y 33 años respectivamente, que partieron el 25 de Julio del 2018 para recorrer el mundo, llevando solamente lo que entra en sus mochilas, con el fin de conocer -y dar a conocer- la calidez de las personas y sus diferentes culturas a través del [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Johana y Washington son una pareja de uruguayos, de 30 y 33 años respectivamente, que partieron el 25 de Julio del 2018 para recorrer el mundo, llevando solamente lo que entra en sus mochilas, con el fin de conocer -y dar a conocer- la calidez de las personas y sus diferentes culturas a través del mundo.</em></strong></p>
<p><strong><em>Es con una gran alegría que recibimos sus aportes y peculiar experiencia de vida para compartir quincenalmente con Sociedad Uruguaya.</em></strong></p>
<p><strong><em>Habiendo recorrido ya América del Sur y Centroamérica le llegó el turno a Norteamérica; en este momento nos encontramos en México.</em></strong></p>
<p><strong><em>Son los Trotamundos uruguayos que en esta oportunidad nos invitan a viajar junto a ellos –y soñar- desde Guyana.</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guyana fue de esos países que no sabíamos qué esperar, y terminó sorprendiéndonos, siendo hasta ahora de los más memorables.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100802" src="/wp-content/uploads/2020/07/1.jpg" alt="Trotamundos Guyana1" width="1280" height="720" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/1.jpg 1280w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/1-300x169.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/1-500x281.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/1-768x432.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/1-600x338.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/1-747x420.jpg 747w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></a></p>
<p>Pero empecemos por el principio.</p>
<h5><strong><u>LETHEM Y NUESTROS PRIMEROS PASOS EN GUYANA</u></strong></h5>
<p>Nuestra entrada al país fue a través de Lethem, directamente desde Boa Vista.</p>
<p>Lethem resultó ser una ciudad comercial, y como tal, sin grandes atractivos paisajísticos ni arquitectónicos.</p>
<p>La gente de Brasil puede permanecer en Lethem sin marcar el pasaporte, y es por eso que se observa mucha gente de la zona comprando en las tiendas chinas que copan el pueblo.</p>
<p>Nosotros en cambio sí lo marcamos ya que vamos a ir más allá. De hecho, la oficina de migraciones fue el primer cambio grande que sentimos&#8230; sobre todo cuando escuchamos la pregunta «do you have yellow fiver vaccine?» («¿Tienen la vacuna contra la fiebre amarilla?»).</p>
<p>No sólo era la primera vez que nos pedían este papel, sino que, además, lo estaban haciendo en inglés&#8230; y no porque creyeran que nosotros hablásemos inglés, sino porque ELLOS hablan inglés.</p>
<p>La entrada a Guyana con pasaporte europeo es muy sencilla, simplemente nos sellaron el pasaporte luego de preguntarnos cuántos días nos quedaríamos y en qué lugar, chequearon la vacuna contra la fiebre amarilla, y ya está; nadie nos revisó la mochila ni nada. Todo muy rápido y con trato amable, característica que pronto veríamos, es típica en cualquier persona de este país.</p>
<p>En esta ciudad intentamos sacar dinero de un cajero pero éste se resistió, así que cambiamos los pocos reales que teníamos a dólares Guyanenses en una de las tiendas (chinas) que visitamos, lo cual resultó ser apenas&#8230; unos U$S 5. De eso, gastamos unos dos dólares en dos paquetes de galletitas que serían nuestro alimento ese día.</p>
<p>Ahora, sólo restaba buscar un lugarcito para hacer dedo.</p>
<p>No pudimos evitar algunas fotos con nuestros amigos de Boa Vista, quienes nos acompañaron hasta esa parte de la travesía.</p>
<p>Pero luego, el camino continuaba solos.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100803" src="/wp-content/uploads/2020/07/2.jpg" alt="Trotamundos Guyana2" width="1280" height="960" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/2.jpg 1280w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/2-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/2-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/2-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/2-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/2-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></a></p>
<p>Varios fueron los autos que aminoraban la velocidad para leer nuestro cartel, pero la mayoría se dirigían a Brasil, ya que eran personas que iban a realizar sus compras a Lethem.</p>
<p>Aun así, algunos de ellos desviaron su camino para venir a preguntarnos qué estábamos haciendo, de dónde veníamos (aunque el cartel ya lo explicara) y de qué manera viajábamos.</p>
<p>También se detuvo gente de Guayana que sentía la curiosidad de hablar con estos turistas que levantaban el pulgar bajo la lluvia, porque sí, en Guyana al igual que en el norte de Brasil, está comenzando la época de lluvias… no si yo te digo, vamos al lugar más frío en invierno, al medio del Ecuador en verano, y en plena época de lluvias a Guyana donde la mayoría de la ruta es de tierra… somos unos vivos que da miedo.</p>
<p>Uno de aquellos curiosos, nos pareció tan simpático que nos lamentábamos que no tomara nuestro camino, se reía mucho y nos decía en repetidas ocasiones «hitchhiking&#8230; in this weather?!» («haciendo dedo con este clima?!») a lo que nosotros respondíamos «no choice..» («no hay otra opción»).</p>
<div id="attachment_100804" style="width: 1290px" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/07/3.jpeg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-100804" class="size-full wp-image-100804" src="/wp-content/uploads/2020/07/3.jpeg" alt="Trotamundos Guyana3" width="1280" height="720" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/3.jpeg 1280w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/3-300x169.jpeg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/3-500x281.jpeg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/3-768x432.jpeg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/3-600x338.jpeg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/3-747x420.jpeg 747w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></a><p id="caption-attachment-100804" class="wp-caption-text">El cartel en la foto estaba en portugués pero del otro lado estaba en inglés</p></div>
<p>Hacer dedo en rutas Guyanenses no fue muy complicado en cuanto a los tiempos de espera; en el primer tramo esperamos alrededor de una hora, en la cual aprovechamos a comer parte de las galletitas que compramos, entendiendo también por qué eran las más baratas&#8230; se supone que eran galletitas estilo «María» pero eran tan desabridas que las bauticé Galletitas Gertrudis.</p>
<p>No se enojen, Gertrudis del mundo, no es nada contra ustedes, sino más bien contra su nombre.</p>
<p>Finalmente un camión se detuvo para llevarnos.</p>
<p>El monstruo metálico resultó ser un camión de guerra, de esos que se ven en las películas, con claraboya en el techo de la cabina y todo, por si tenés que salir por el techo a metralletar algunos enemigos.</p>
<p>Pero, si bien ya no se usaba para estos menesteres (menos mal), hay que reconocer que tener uno de estos monstruos es muy acertado en las carreteras Guyanesas.</p>
<p>Como yo andaba con el dedo mocho (me habían sacado los puntos el día anterior y no quería re-abrir la herida) preferí no subirme a la parte de atrás, donde iba Wa, si bien me moría por ir ahí, así que tuve que sentarme como una lady en la cabina, al lado de la acompañante del chofer.<br />
Ella y el chofer hablaban en un inglés que yo no lograba descifrar&#8230; ya sabía que esto podía pasar porque en Guayana se habla un inglés mezclado, sobre todo con “criollo” (ellos le llaman “kriol”), y otras lenguas nativas.</p>
<p>Aun cuando se dirigían a mí, y sabiendo que se esforzaban en hablarme en el inglés más limpio que podían, me costaba entenderles.</p>
<p>Mientras tanto, Wa iba saltando en la parte de atrás (no en modo “party hard” sino más bien en modo “¡help!”).</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100805" src="/wp-content/uploads/2020/07/4.jpg" alt="Trotamundos Guyana4" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/4.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/4-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/4-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/4-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/4-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/4-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Al final, en un momento que nos detuvimos, pedí para intentar subir atrás. Había que trepar por el costado del camión, subiendo por la rueda, y como yo no podía utilizar una mano fue algo difícil, pero la acompañante del chofer me calzó toda la mano en el traste y me empujó, así sin ningún pudor, y lo logré. Toda sonrojada, pero al menos estaba arriba.</p>
<p>El viaje en la parte de atrás fue más movido y sucio, por ende, más divertido.</p>
<p>Y supe que había sido una buena decisión haber elegido ir un tramo del viaje allá (aún si todavía no sabía cómo iba a bajar) cuando vi el atardecer que nos regaló la ruta de Guyana, en la parte de atrás de aquel camión de guerra.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/5.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100806" src="/wp-content/uploads/2020/07/5.jpg" alt="Trotamundos Guyana5" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/5.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/5-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/5-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/5-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/5-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/5-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>En este caso, se daba vuelta tortilla, lo importante no era el interior, sino el exterior.<br />
Mirábamos adentro del camión de guerra que se detuvo para llevarnos 100 kms, y veíamos puro barro y restos de mugre (sobre las cuales íbamos sentados).<br />
Pero si mirábamos para afuera este paisaje tan angelical y bello contrastaba con todo aquello que puede transmitir un transporte de Guerra.<br />
Lo único que lamenté, en ese momento, fue no haberme podido acercar al borde del camión para sacar la foto.<br />
Pero después lo pensé mejor&#8230; así como está, esas franjas que modeló el camión conducido por alguien que quiso ayudarnos desinteresadamente llevándonos unos kilómetros, son un recordatorio para no olvidar: nunca olvidar que todos los lugares se convierten en paraísos cuando descubrís la solidaridad en cada rincón del mundo.</p>
<p>Pero dejando la poesía de lado, hay que hacer mención a la ruta; es cierto que apenas recorrimos 100 kms en este camión, y que lo más difícil estaba por venir, pero este primer tramo fue algo así como la sala de espera de lo que vendría después.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/6.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100807" src="/wp-content/uploads/2020/07/6.jpg" alt="Trotamundos Guyana6" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/6.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/6-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/6-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/6-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/6-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/6-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Al ser época de lluvia, la ruta, que es de tierra, no sólo está llena de agujeros, sino que además esos agujeros están rellenos de agua&#8230; y no sólo los agujeros, había zonas donde realmente tuvimos que atravesar densidades similares a lagos para poder continuar.</p>
<p>Y claro, llovía y dejaba de llover a cada rato.</p>
<p>El paisaje era bastante monótono y no se veía a nadie alrededor; de hecho sólo nos cruzamos dos motos en la ruta, un camión, y un señor a caballo.</p>
<p>Y hablando del camión que nos cruzamos, menos mal que así fue porque cuando la noche cayó, el camión en el que íbamos sufrió una avería que lo hizo detenerse en medio de la ruta, justo en la parte más selvática del trayecto.</p>
<p>Y ésta, señoras y señores, fue la primera vez que empujamos un camión.</p>
<p>Yo pensaba que no iba a servir de nada, pero realmente se movió, lo cual me dejó el orgullo bastante risueño.</p>
<p>De todas formas, el camión necesitaba una fuerza más powerful para arrancar, y ahí fue cuando entró en escena este camión que asomó sus luces en frente nuestro. Con ayuda de una cinta muy fuerte y un par de ganchos, nuestro camión guerrero salió roncando y echando humito nuevamente.</p>
<p>Sobre las 21:00 hs llegamos a las afueras de Annaí, y pusimos la carpa en un quincho lleno de ganchos para colocar múltiples hamacas.</p>
<p>Resulta que donde nos estábamos quedando era un descanso de camioneros, así que había baños con duchas, y estos espacios techados para que los conductores pudieran relajarse y pasar la noche allí. También había un lugar para comer y un supermercado chico, así que compramos algo de tomar y nos comimos las últimas galletitas Gertrudis que nos quedaban junto con el refresco que habíamos comprado.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/7.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100808" src="/wp-content/uploads/2020/07/7.jpg" alt="Trotamundos Guyana7" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/7.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/7-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/7-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/7-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/7-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/7-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Fue en este parador de camioneros donde empezamos a descubrir los gustos musicales de la población de Guyanas, pero esto no sucedió sino hasta la mañana siguiente cuando nos despertámos al ritmo de un potente reggae que nos llenaba los oídos de Jamaica.</p>
<p>Seguimos nuestra ruta, caminando, buscando un buen lugar para hacer dedo y encontrar alguien que pudiera llevarnos los casi 700 kms que nos separaban de Georgetown, la capital de Guyanas.</p>
<p>Alrededor nuestro se divisaban casitas que se perdían en la inmensidad verde y de varias salía música reggae. Además, era muy común que tuvieran esa especie de quincho redondo en el jardín, igual que en el que habíamos pasado la noche.</p>
<p>De repente, de adentro de una de ellas sale corriendo un hombre, la alegría del vino pintada en el rostro y la botella en la mano izquierda, mientras con la derecha nos saludaba.</p>
<p>Cuando se acercó a hablarnos, el vino se hizo todavía más presente en el aire.</p>
<p>Estaba muy interesado en nosotros, y apenas le entendíamos algunas palabras, porque entre el inglés mezclado y los efectos del alcohol, digamos que su capacidad de habla estaba un poco limitada, al menos para nuestros oídos.</p>
<p>Pero una frase pudimos entenderla bien, no sólo por el énfasis que puso el señor en pronunciarla, sino además por la repetida cantidad de veces que la dijo, y acá se las dejo traducida: «¿Caminando? ¿No le tienen miedo al Jaguar?».</p>
<blockquote><p><strong>¿Qué jaguar señor, de qué nos está hablando?, pensábamos nosotros.</strong></p></blockquote>
<p>Resulta que nos enteraríamos luego que esa zona es territorio de nativos y del jaguar, así que es muy común encontrárselos si uno se adentra en la ruta. Claro, en auto no pasa nada, pero caminando era otro el cantar.</p>
<p>Al poco rato apareció otro señor que nos ofrecía pasar la noche en su casa y mañana nos llevaría a Linden, la ciudad anterior a Georgetown, pero nosotros planeábamos llegar ese mismo día a la capital o al menos a la ciudad anterior, así que rechazamos su oferta.</p>
<p>Además, tampoco logramos entendernos mucho con el y no nos quedaba claro si nos quería cobrar o no (a lo cual iría frito porque si teníamos 3 dólares en el bolsillo era mucho).</p>
<p>Media hora demoramos en sacarnos de encima al señor borracho para poder seguir caminando.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/8.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100809" src="/wp-content/uploads/2020/07/8.jpg" alt="Trotamundos Guyana8" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/8.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/8-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/8-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/8-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/8-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/8-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Todavía no habíamos encontrado un buen lugar para hacer dedo cuando sentimos el motor de un auto y decidimos hacerle dedo.</p>
<p>El auto para. Otro auto se detiene detrás.</p>
<blockquote><p><strong>El conductor del primer auto nos dice que puede llevarnos siempre y cuando no llevemos drogas ni armas encima.</strong></p></blockquote>
<p>Que nos pregunte si teníamos drogas me pareció entendible (no es la primera vez que un conductor lo hace) pero ¿armas?</p>
<p>Finalmente, nos hace subir al auto que se había detenido atrás el cual estaba conducido por dos empleados del primer conductor, y antes de que cerremos la puerta del auto nos dice que él va hasta Georgetown pero sólo nos va a llevar hasta el cruce de «nosequé» (no le entendimos) porque después el camino se volvía muy peligroso y no quería hacerse responsable de nosotros.</p>
<p>Duramente sincero el señor.</p>
<p>Así que, a todo ritmo con el reggae, empezamos a recorrer la ruta más complicada que vimos jamás.</p>
<h5><strong><u>SAFARI HACIA GEORGETOWN</u></strong></h5>
<p>La ruta iba adquiriendo matices cada vez más salvajes, y si bien el barro se hacía cada vez más intransitable, el cambio drástico se dio a partir de una rápida parada en una reserva natural llamada Iwokrama donde nos revisaron el pasaporte y nos elogiaron los ojos (por muy raro que eso suene).</p>
<p>En este punto creemos fue donde el señor iba a dejarnos porque luego el camino se volvía más peligroso, pero al final, decidió llevarnos con él.</p>
<p>Y vaya que entendimos por qué tenía miedo.</p>
<h5><strong><u>UN POCO DE HISTORIA, A ORILLAS DEL ESEQUIBO </u></strong></h5>
<p>Pero déjenme contarles primero, que para seguir camino por la ruta y llegar a Georgetown, es necesario utilizar un ferry gratuito puesto allí por el Estado. Cualquier podía subir, ya sea con vehículo o no, y cruzar al otro lado.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/9.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100810" src="/wp-content/uploads/2020/07/9.jpg" alt="Trotamundos Guyana9" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/9.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/9-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/9-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/9-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/9-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/9-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Mientras esperábamos que el ferry llegara, el señor que nos llevaba nos dió Coca Cola y agua, y se acercó a charlar con nosotros (no se olviden que el va manejando otro auto). Nos preguntó si teníamos comida, en caso que tuviésemos que quedarnos a dormir en la ruta, a lo que respondimos que sí (teníamos todavía galletitas Gertrudis) y aprovechamos a hacerle algunas preguntas sobre Guyana, entre ellas, qué era lo que pasaba entre Guyana y Venezuela, ya que el límite entre estos países figuraba puntuado en los mapas.</p>
<p>Nos explicó un poco la situación: el límite entre los países se había definido en el Tribunal Arbitral de París, el 3 de Octubre de 1899; en aquel Tribunal participó un abogado estadounidense llamado Severo Mallet-Prevost, siendo el representante de la defensa de Venezuela (la postura de Venezuela mantenía que el límite entre los dos países era el río Esequibo, el mismo que estábamos intentando cruzar ahora). Sucede que, después de la muerte de este abogado en 1949 su representante legal hace público un documento escrito y firmado por el mismo Mallet el cual debía ser dado a conocimiento luego de su defunción, según específicaba en su testamento. En esta carta Mallet explica que otros integrantes del tribunal no estaban actuando como jueces imparciales, sino que estaban presionando para aceptar la postura británica. Según explica, estos jueces habrían tenido este cambio de postura luego de realizar una visita a Londres.</p>
<p>El hecho público de este documento es lo que reabre la causa según el punto de vista Venezolano, y por esto es que los límites entre Guyana y Venezuela permanecen indefinidos a día de hoy.</p>
<p>Como ya estamos acostumbrados a ver, la corona británica mete sus narices en lejanas latitudes.</p>
<p>Y nosotros… sí, logramos cruzar el río.</p>
<h5><strong><u>LA RUTA CONTINÚA </u></strong></h5>
<p>Al otro lado del agua, volvimos a encontrarnos con la ruta embarrada.</p>
<p>Y ahora sí, acá es donde las cosas comenzaban a complicarse.</p>
<p>La ruta se volvía cada vez más intransitable, más barrosa, y más salvaje. Especialmente en una parte en donde comenzamos a ver autos detenidos, semi enterrados en el barro. Hasta este momento, siempre pudimos pasar a un ladito y seguir andando, pero esto cambió drásticamente cuando lo que estaba enterrado, atravesado en medio de la ruta, era un camión enorme… uno o dos.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/10.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100811" src="/wp-content/uploads/2020/07/10.jpg" alt="Trotamundos Guyana10" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/10.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/10-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/10-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/10-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/10-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/10-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>Tuvimos la suerte que el señor que iba en la camioneta delante de nosotros era una especie de Rambo-McGyver y llevaba una motosierra, así que nuestros autos se detuvieron y allá fue el con sus dos ayudantes a cortar arboles para ayudar a desenterrar el camión trancado; luego de esto, se detuvo un poco más adelante y comenzó a ayudar a todos los demás camiones y autos que estaban atascados.</p>
<p>Y no sólo fue el, mucha gente estaba en este tramo de la ruta, ayudando a todos aquellos que se quedaban trancados.</p>
<p>A nosotros nos tenía impresionados la solidaridad que se respiraba en el ambiente, ya que estas eran personas que se detenían para ayudar a las demás, como nuestro conductor, sin ánimos de ser retribuídos por ello.</p>
<p>Y déjenme decirles que esta característica no es una aislada en la gente de Guyana, de hecho, es una de las cosas lindas que nos llevamos de este país; la solidaridad y amabilidad de su gente.</p>
<blockquote><p><strong>Todas las personas corrían de acá para allá, con sus ropas manchadas, y los pies descalzos enterrados en el barro.</strong></p></blockquote>
<p>Mientras esperábamos el retorno del señor de la motosierra y sus compañeros (no quisimos ser estorbo para ellos metiéndonos en medio intentando ser útiles), tuve la genial idea de bajar del auto&#8230; y me quedó muy claro por qué la gente andaba descalza.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/11.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-100812 alignright" src="/wp-content/uploads/2020/07/11.jpg" alt="Trotamundos Guyana11" width="503" height="671" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/11.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/11-225x300.jpg 225w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/11-375x500.jpg 375w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/11-315x420.jpg 315w" sizes="(max-width: 503px) 100vw, 503px" /></a></p>
<p>A estos superhéroes de la ruta les llevó aproximadamente una hora liberar a aquellos que habían caído en las garras del barro, pero luego de esto, continuamos con el viaje.</p>
<p>Viaje que se estaba pareciendo al safari más salvaje que hayamos tenido en la vida&#8230; de hecho, hasta paramos en algunas oportunidades para buscar animales que los conductores creyeron ver, entre ellos, una harpía. Lamentablemente, nunca llegamos a corroborar estos posibles avistamientos.</p>
<p>Luego de realizar una bien merecida parada para comer algo en una especie de parador en el camino, después de haber pasado la parte complicada y selvática, seguimos viaje, para detenernos luego en Mabura, un pueblo en donde tuvimos que pasar por la policía para que chequeara nuestros pasaportes.</p>
<p>El policía, sumamente simpático, al escuchar que el conductor de la camioneta le explicaba que nosotros éramos de Uruguay y estábamos caminando bajo la lluvia en la ruta cuando él nos levantó (sí, con todo ese melodrama lo dijo) nos dijo la frase que ya habíamos escuchado antes pero de una boca con olor a vino&#8230; «¿caminando? ¿Y no le tienen miedo al Jaguar?». Le explicamos que no vimos ni un jaguar, y nos propone salir a caminar unos minutos a la ruta de nuevo, y seguro veríamos uno. Entre risas y recomendaciones de películas que no pudimos entender, nos despedimos del policía, quien nos advirtió muchas veces que no volviéramos a caminar por la ruta solos porque «esto es Guyana» y había muchos ladrones y asesinos. No sería la primera vez que escucharíamos esa frase haciendo alusión al supuesto peligro de Guyana, pero nos hizo particular gracia escuchar sus palabras mientras le dábamos una ojeada a una cartulina que colgaba en la pared de la oficina policial donde mostraba los últimos robos y asesinatos acontecidos en ese pueblo durante todo el 2018 y lo que iba del 2019&#8230; y correspondían a un asesinato y un robo. Nada más.</p>
<h5><strong><u>Y FINALMENTE, LLEGAMOS A GEORGETOWN</u></strong></h5>
<p>Finalmente, los kilómetros que nos separaban de la capital correspondían ya a un número decimal, y los recorrimos en el otro auto, el de la persona que eligió llevarnos en primer lugar.</p>
<p>Nos sorprendimos de escuchar a Cat Stevens, y otros oldies cuando entramos a su auto, en vez del ya típico reggae.</p>
<p>Porque sí, además del reggae, el segundo tipo de música que más se escucha en Guyana, son los oldies&#8230; seguro que no te la veías venir. Nosotros tampoco.</p>
<p>A la altura de Linden es donde comienza a aparecer el asfalto en la ruta, y continúa hasta Georgetown, e incluso más allá, hasta la frontera con Surinam.</p>
<p>Uno pensaría que esos 700 kms que separan Lethem de Linden, sin asfalto, son algo así como el rito de iniciación, y sólo aquellos pocos valientes que logren atravesarlo, llegarán a las ciudades principales.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/07/12.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-100813" src="/wp-content/uploads/2020/07/12.jpg" alt="Trotamundos Guyana12" width="800" height="600" srcset="https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/12.jpg 800w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/12-300x225.jpg 300w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/12-500x375.jpg 500w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/12-768x576.jpg 768w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/12-600x450.jpg 600w, https://www.sociedaduruguaya.org/sitio/../wp-content/uploads/2020/07/12-560x420.jpg 560w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
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