22 Oct '08

Sociedad Uruguaya

Carta de Otormín a los defensores del derecho de todos los niños a nacer

En esta ocasión compartimos la opinión del Pastor Juan Carlos Otormín, Presidente de la Convención Evangélica Bautista del Uruguay reflexionando sobre el proyecto de despenalización del aborto a tratarse el 4 de noviembre de 2008 en el plenario de la Cámara de Representantes. “Carta a cristianos, defensores del derecho de todos los niños a nacer y afines. Quien hoy escribe estas líneas ha vivido como testigo privilegiado, por su profesión, buena parte de la historia política de este país de los últimos veinticinco años y ha visto funcionar a todos los partidos políticos en el gobierno y en la oposición. Hoy no escribe el periodista, cuyo fuerte no es precisamente escribir sino informar a través de la radio y la televisión. He sentido la necesidad de compartir unas reflexiones con amigos y hermanos en la fe cristiana, antes de que se consuma el mas feroz de todos los ataques a la libertad y al derecho: el de impedir a los niños nacer. En nombre de las mayorías, del colectivo o invocando encuestas de opinión pública, hemos visto y hasta se nos han impuesto normas de distinto rango y, tal vez, hasta alguna nos haya parecido justas…mientras no estuvo nuestro derecho en juego. Así el salario dejo de ser ingreso para constituír renta, el sindicato siempre tiene razón y solo con el se negocia aunque sea una minoría, la salud es un derecho universal y no hay mas salud para pobres y para ricos, según dice la bailadora ministra, pero eso si la libertad de cambiarse de sociedad médica está por verse si algún día se consagrará mas allá de que una ley lo disponga y ni que hablar, porque no es el tema central de esta reflexión, del sin fin de prohibiciones consagradas en los últimos tiempos y las multas gravosas, supuestamente para enseñarnos a ser buenos ciudadanos, cuando en realidad para lo que sirven es para recaudar. En este país de libertades se llegó a prohibir por ley “hacer proselitismo religioso” en una radio comunitaria, aunque como es tan grande el desatino y tan flagrante la violación de la Constitución, los gobernantes no se han animado a llevar adelante tal iniquidad. También estuvo en duda en que categoría están las actividades religiosas y si no debían pagar impuestos y aportes, felizmente y con la ayuda que mucho valoramos de algunos cristianos católicos, en el gobierno, se pudo hacer entender que los artículos 5 y 69 de la Constitución están vigentes y deben ser respetados. Daría para mucho mas considerar otras imposiciones que se pretenden en nombre de la tolerancia y la diversidad, pero ustedes ya las conocen. Ahora lo que está en juego, no es como se ha dicho y se manipula en encuestas tendenciosas, evitar las muertes de mujeres que se practican abortos en situación de riesgo, sino conceder a la mujer, en virtud del derecho sobre su cuerpo también el derecho a matar, antes de las doce semanas de gestación al hijo que ha engendrado. Véase la evolución de las muertes de mujeres que lleva la estadística del Ministerio de Salud Pública y se constatará su abatimiento, ya con la ley vigente y mediante políticas públicas implementadas desde 2004 de asesoramiento. Por otra parte todas las demás variantes de abortos en situaciones límite con sus atenuantes y aún eximentes de pena ya existen en la ley vigente. De paso, el Estado (artículo 15 del proyecto) obliga a todas las instituciones de salud, públicas y privadas a hacer abortos, no importa que el mismo Estado les haya conferido a instituciones confesionales, mediante la aprobación de sus estatutos la habilitación a prestar servicios de salud en base a sus principios de fe. Si la ley se aprueba tendrán que matar aunque estén a favor de la vida y a los médicos y miembros del equipo quirúrgico se les da la opción de hacer objeción de conciencia, pero sólo una vez y en un término perentorio de 30 días desde la promulgación de la ley o al ingresar a una institución de salud y sin poder cambiar, porque no tienen derecho ni la libertad de cambiar de posición (artículo 16). Se les congela la conciencia. El próximo martes 4 de noviembre la Cámara de Diputados considerará el proyecto de despenalización del aborto, eufemísticamente llamado de “salud sexual y reproductiva” y nadie debe estar tranquilo, por el anuncio del veto presidencial que este proyecto no vaya a ser ley en el país. ¿De que depende que se apruebe o no esta iniquidad? Y la llamo así porque iniquidad implica maldad o injusticia grande y como las viejas leyes paganas que afligían al pueblo de Dios, ésta persigue y es injusta con los más indefensos, que son los niños por nacer. La aprobación o no depende, por supuesto, de la gracia y misericordia de nuestro Dios, que ha sido tan bueno con este país, que hasta ahora no ha permitido mas afrenta a sus amorosos propósitos y nos ha colmado de bendiciones a todos, creyentes o no, y por eso su pueblo ha de redoblar la oración en este tiempo, para lo cual está siendo convocada. Y ahora viene la explicación del título, que parece tan terrenal, aunque tan uruguaya. Nos hemos acostumbrado a ver como en lo deportivo muchas veces los partidos y las clasificaciones se obtienen no por acción, sino por omisión o por lo que hacen o dejan de hacer los demás y matemáticamente casi siempre tenemos chance. En la resolución de los grandes temas en el Uruguay esto también ocurre. En la votación del próximo martes y mas aún en el caso de que se sancione el proyecto y el presidente de la Republica lo vete, para que se levante el veto, no solo cuenta la mayoría que vota a favor sino también la oposición que vota en contra, que en este caso lo hace a favor de que los niños nazcan. La bancada del Frente Amplio tiene 52 diputados, tres de ellos votan en contra de la despenalización y según me han informado dos votarían solo ese artículo (artículo 9), pero en contra en general y de todos los demás artículos. Este primer dato hace suponer que la sanción del proyecto no depende exclusivamente de la mayoría oficialista que siempre está en sala, sino también de los 36 blancos, 10 colorados y 1 independiente, que generalmente ralean en sala. Más allá de algún colorado que votará o no el proyecto y de otro que se irá de sala, si repite la conducta que antes ha tenido en reiteración real en este tema, es imprescindible que estén todos en sala a la hora de votar. He visto en forma reiterada que varias leyes importantes de la legislatura y aún esta serie de reformas que se están votando antes del año electoral, se discuten y aprueban con mucha ausencia de legisladores de la oposición. No menos de 15 o 20 diputados, a los que todos les pagamos el sueldo pero no están en sala a la hora de votar. Si no están en sala el martes 4 para votar en contra los 36 nacionalistas y la mayoría de los 10 colorados (el independiente casi siempre está) que votarán en contra ¿Qué asegura que estén en sala para confirmar el veto presidencial mas adelante cuando convocada la Asamblea General “se estará a lo que decidan los tres quintos de los miembros presentes de cada una de las Cámaras” (art. 138 de la Constitución). El asunto parece demasiado serio para no votar o para hacerlo con los pies y después no será cuestión de culpar a la mayoría frenteamplista si no se hizo todo lo posible para evitar, lo que matemáticamente aún hay chance de evitar. En los tiempos electorales que corren algunos cristianos están incursionando en la política, en sectores principalmente del Partido Nacional y del Partido Colorado, cuyos tres líderes y pre candidatos presidenciales están en contra de esta ley, como también lo están por lo menos dos de los candidatos presidenciales colorados y los presidentes del Partido Independiente y de la Unión Cívica. A aquellos hermanos y amigos que están militando les animo a que además de orar fervientemente procuren que sus lideres convoquen a sus legisladores a estar en sala ellos o sus suplentes, si no pueden asistir a la sesión, para que el resultado sea de los 99 componentes de la Cámara de Diputados y de los 130 en la Asamblea General, si la hubiere. Además de cumplir con el deber que les impone el cargo, puede evitarse una gran injusticia que no edificará espiritualmente a esta nación, sino todo lo contrario”. Pastor Juan Carlos Otormín Presidente de la Convención Evangélica Bautista del Uruguay.

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