Las madres participan de talleres, los educadores hacen dormir a los bebés, las madres limpian el local, los educadores ayudan en la cocina; después, intercambian tareas.

El centro diurno CECRECE funciona todos los días desde las 8:30 a las 18:00 horas en Maldonado y Gutiérrez Ruíz. Más de 40 madres con sus niños concurren a este lugar en búsqueda de abrigo, un plato de comida, un lugar donde pasar el día o al menos alguien con quien dialogar y compartir algunos momentos.

Una casa amplia, con dos cocinas, una sala de juegos, un cuarto de bebés, un salón para actividades físicas y un baño, fue acondicionada para el funcionamiento del centro diurno. Técnicos del Ministerio de Desarrollo Social y la organización social Centro Diez trabajan en equipo para brindar las mejores respuestas posibles, según difunde el Mides en su página web a comienzos de abril del 2009.

Virginia Gaudenzi, coordinadora del centro, resume el trabajo en una frase: «La meta es que los niños pasen el menor tiempo en este lugar, trabajamos para que vayan a las instituciones que brindan servicios educativos y sanitarios y los acompañamos el tiempo que necesiten. Cuando llegan, en la mayoría de los casos, no accedieron a derechos como la educación, el documento de identidad o la asistencia médica. Nuestra primera misión es trabajar para informar a las madres y realizar las derivaciones necesarias en cada caso».

La vieja casona tiene suficiente espacio para que los niños jueguen al tiempo que sus responsables realizan tareas de limpieza. El mantenimiento del lugar está a cargo de las madres, al igual que la preparación de la comida. El equipo técnico, integrado por dos coordinadoras, tres psicólogos, una asistente social, una profesora de educación física y un educador encargado de talleres y recreación, acompaña, asesora y trabaja para favorecer la integración social.

«Todos realizamos todas las tareas, hay una carga vocacional en este trabajo y eso lleva a que en algún momento seamos educadores, escuchemos sus problemas, juguemos con los niños, compartamos una comida o simplemente una conversación». Sus palabras se aprecian a simple vista. Los niños parecen sentirse cómodos en ese lugar, sus madres comparten las actividades y los talleres. Hay tiempo para los juegos y las actividades educativas.

En total, más de cien personas pasan por CECRECE durante diez horas por día. Las derivaciones a escuelas, Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) y grupos de recreación, en forma ordenada, permiten que el lugar no esté superpoblado. Mientras sus niños están en alguna de las instituciones mencionadas, las madres realizan trámites para mejorar su calidad de vida o integran los talleres.

«Hay un trabajo de asesoramiento en derechos ciudadanos que debemos fortalecer. Los niños también tienen charlas acerca de identidad, temas relacionados con la cultura y la historia nacional y por supuesto, juegos libres o coordinados por un coordinador», agregó Gaudenzi.

La guardería, con siete cunas, tenía tres bebés que tomaban sus mamaderas acompañados por sus madres y dos educadoras. Otro gateaba sobre la alfombra verde hacia unos coloridos almohadones. La escena se repite a diario. Madres que estarían solas, en situación de vulnerabilidad social; son acompañadas por personas dedicadas a asesorarlas y buscar nuevas oportunidades junto a ellas.

Fuente: Ministerio de Desarrollo Social. http://www.mides.gub.uy