Adrián Aranda: El estigma y las enfermedades mentales
6 Dic '15

Sociedad Uruguaya

Adrián Aranda: El estigma y las enfermedades mentales

esquizofrenia-gettyLa religión, el estigma y las enfermedades mentales, forman parte de la siguiente reflexión de Adrián Aranda adrarcapp@gmail.com para Sociedad Uruguaya. Esperamos que sea de su interés.

“En la sociedad occidental influenciada por la filosofía helénica y por el judeocristianismo, hemos concebido desde nuestros inicios al ser humano como un individuo dual: alma y cuerpo.

Platón fue uno de los primeros en analizar este dualismo, señalando que existían dos mundos paralelos, el “mundo de las ideas”, metafísico y real, y  el “mundo de las cosas”, que era el reflejo del antes mencionado. En este dualismo, Platón entendía el alma humana como trascendental, eterna, pura, la cual reencarnaba en diferentes cuerpos. El cuerpo para Platón, representaba lo corruptible, lo mortal, y una especie de vehículo para el alma. Lo relevante de la filosofía platónica, era que el ser humano era explicado como un ser compuesto por alma y cuerpo unidos, pero no en su esencia, sino unidos accidentalmente, por lo que al momento de la muerte había una separación de ambos, siendo el ser mismo el alma.

En el siglo V, cuando el cristianismo ya era la religión oficial del Imperio romano, San Agustín, uno de los teólogos más influyentes de la doctrina cristiana, tomando los aportes del platonismo y neoplatonismo, sentó las bases teológicas de la fe cristiana sosteniendo la misma dualidad “cuerpo y alma” que sostenía Platón. San Agustín explicó el pecado de Adán como el pecado original que corrompió al ser humano y dio caída a su ser, es decir a su alma y cuerpo. No obstante, mediante la salvación, se podía redimir el alma, dejando al cuerpo en un estado de corrupción que no tenía reparo.

Sin embargo, al analizar la teología cristiana de los evangelios y las epístolas paulinas, la dicotomía alma-cuerpo no resulta evidente, sino que se plantea al ser humano como un individuo indisoluble, en el cual tanto el alma como el cuerpo son el Yo, y no solo el alma como lo plantea la filosofía platónica. Jesús, muchas veces hablando de la muerte no hacía alusión alguna a una separación del cuerpo y el alma, por lo contrario mencionaba características tanto corporales como almáticas presentes en la eternidad:

“…porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno”. Mateo 5:29

“Y gritando, dijo: «Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, pues estoy en agonía en esta llama»  Lucas 16:24

Por su parte, San Pablo hablando de la eternidad afirma:

“Él tomará nuestro débil cuerpo mortal y lo transformará en un cuerpo glorioso, igual al de él…” Filipenses 3:21

Esta dicotomía, sostenida hasta nuestros días por la religión judeocristiana y por algunas ramas de la medicina, ha alimentado de forma relevante el estigma y el autoestigma en personas que sufren enfermedades mentales. Cuando el cuerpo es concebido como algo no esencial del ser humano, sino como un depósito del alma, al enfermarse este, no es el individuo el que se enferma sino su cuerpo. Sin embargo, cuando el alma, hoy entendida como la psiquis, se enferma, es el individuo mismo que está enfermo, si el alma porta enfermedad, el individuo es enfermedad. Y la enfermedad debe ser excluida, aislada, y alejada del resto de las almas sanas. Claro ejemplo de esto es que la norma en los Hospitales es tener el área de Salud Mental apartada del resto de la Institución, sea tercerizando el servicio o asignando un edificio aparte para dicha actividad.

La ciencia contemporánea ha demostrado que las enfermedades mentales tienen un origen tanto biológico como psíquico. Las enfermedades psicosomáticas son un claro ejemplo de esto. Una patología mental puede expresarse tanto en desequilibrios químicos en el cerebro como en daños psíquicos causados por factores externos como internos.

El aislamiento del alma-ser enfermo, debería cesar en la política clínica del siglo XXI, pues la misma alimenta el estigma, el autoestigma y la incomprensión familiar que sufre el paciente, no resultando nada de esto positivo para su recuperación y reinserción en la vida cotidiana o su mejora de la calidad de vida”.

​Fuente Imagen: soriapuracabezadeextremadura.files.wordpress.com

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