Adrián Aranda: “Todavía estamos a tiempo…”
23 May '17

Sociedad Uruguaya

Adrián Aranda: “Todavía estamos a tiempo…”

toleranciaCompartimos la columna del ensayista Adrián Aranda, quien, una vez más, nos convoca a reflexionar sobre la tolerancia individual y como sociedad, y su incidencia en los destinos de un país.

“¿Será posible, que la libertad y lo colectivo puedan cohabitar en las sociedades plurales contemporáneas? La experiencia totalitaria del “socialismo real” y del “capitalismo neoliberal” han depositado en nuestra conciencia la conclusión de que la libertad y lo colectivo se excluyen, y por ende, no pueden coexistir. Es necesario re-preguntarnos hoy por esta posibilidad en tanto que la validez de la misma podría irrumpir el transcurso “normal” de las cosas, que de normal -si por normal entendemos las necesidades vitales cubiertas- no tiene nada. Vivimos en tiempos de polarizaciones socioculturales que se amplían cada vez más. La aproximación a lo radical es la tendencia, y la Negación-del-Otro pareciera ser el camino para que “mis ideas ganen”. Se utilizan términos de connotación bélica como “dictadura ideológica”, “batalla cultural”, para referirse a la existencia de múltiples maneras de concebir la vida que coexisten hoy. Vivimos  en una constante tensión entre “dominar” y “ser dominados”, una especie de sadismo-cultural se está apropiando de nuestra conciencia colectiva, manifestado en el placer y ambición por someter, derrotar y subyugar al que piensa y vive diferente.

El Hombre es el ser, ente, especie, más dinámico que existe sobre la faz de la tierra. La libertad inherente a él lo hace casi impredecible, irreductible en tanto que tiene delante de sí múltiples caminos y posibilidades abiertas para elegir. Cuando no reconocemos, es decir, negamos implícita o explícitamente esta libertad y horizonte que se encuentra en cada ser humano, lo cosificamos, lo objetivamos diría Sartre, lo volvemos algo estático, desconociendo así las propiedades más propias al sujeto-humano: su libertad, autonomía y subjetividad. Este sadismo-cultural subyace a todos los grupos sociales en menor o mayor medida. No se trata de izquierda/derecha, conservadores/progresistas, los mecanismo son los mismos, sea que se esté de un lado o de otro, y la pantalla de la victimización mantiene velado estos sádicos mecanismos por los cuales cada vez más se está optando. Supongamos que un grupo social “x” quiere lograr que se acepte tal o cual norma o principio “y”. El grupo social primero se presenta como minoría, atropellada, y se victimiza. Esta pantalla le da cierta autoridad moral para que su proposición sea aceptada, pero apenas se choca con la realidad de que influir en la convención social no es tan simple, comienza a mostrar su lado sádico atacando a su antagónico y devela que lo que se presentaba como una proposición siempre tuvo en sí  misma la potencia de imposición.

Al mismo tiempo que se diluye la libertad, se diluye el colectivismo en tanto que los mecanismos del diálogo y el consenso son herramientas en desuso. Nadie quiere recorrer el “tortuoso camino de resolver los conflictos dialogando” como bien señalaba Zygmunt Bauman. Es que dialogar y llegar a acuerdos implica sacrificar parte de mi totalidad dado que es imposible convivir sin acordar, y acordar sin ceder “algo”. Cuando no hay disposición a la cesión se devela el carácter de totalitario. Todo grupo que no esté dispuesto al diálogo y consenso es un grupo totalitario.

Las llamadas “grietas” están haciendo su trabajo en Argentina, Venezuela, Brasil. Estas grietas no son más que el producto de la renuncia al diálogo consensuado. El “Ellos y Nosotros” predomina. ¿Pero cuánto tiempo puede sostenerse una sociedad así? Venezuela está al borde de una guerra civil, Argentina es una sociedad dividida por muros ideológicos y Brasil tapada de corrupción, escándalos políticos y descontento social. Creo que estas grietas nacen, cuando alguien dice “no estoy dispuesto a dialogar con el fin del consenso”. Creo que los primeros golpes que causan las primeras fisuras en una sociedad provienen de no querer renunciar a la totalidad, es decir, a lo totalitario. ¿Seguirá Uruguay este camino o nos volcaremos al diálogo democrático? Todavía estamos a tiempo…

Fuente imagen: tanapaz.es

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