Cuando decidimos organizar desde ANDCU el encuentro del 27 de agosto de este año en el Parlamento, sabíamos que sentar en la misma mesa al regulador (BCU), a la banca pública (BROU), al sindicato (AEBU), al IPRU, Legisladores, Asesor Financiero, y a la academia era ambicioso, pero indispensable.
Mi experiencia como consultora internacional me ha enseñado que el sobreendeudamiento no se soluciona con parches, sino con consensos profundos, y me indica que no podemos seguir tratando el problema de forma aislada. Y es así, que ese evento marcó el inicio de un frente unido para proteger el bolsillo de la gente, y, con el objetivo de elevar el nivel del debate en Uruguay.
El sobreendeudamiento de las familias dejó de ser una problemática individual y aislada para convertirse en un fenómeno social que afecta cada vez más la estabilidad de los hogares y que obliga al Estado, la academia y el sistema financiero a dejar de mirar para el costado para asumir una responsabilidad compartida. Ya no se trata de «malas decisiones» tomadas en soledad; estamos ante un problema estructural en un país donde las deudas se usan para cubrir el costo de vida básico.
Uruguay necesita, con urgencia, reglas de juego claras para desactivar esta bomba de tiempo social. Durante los últimos tiempos en nuestro país la oferta de créditos fáciles y con tasas abusivas, los préstamos gota a gota, han avanzado a un ritmo mucho más rápido que los mecanismos de protección. La problemática que se aborda en el presente no es nueva, pero sigue siendo actual y cada vez más urgente.
El sobreendeudamiento de las familias dejó de ser una problemática individual y aislada para convertirse en una alarma pública que afecta cada vez más a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad —desde jóvenes trabajadores hasta jubilados y pensionistas—, asfixiando sus ingresos fijos con deudas impagables. El endeudamiento hoy no es para comprar lujos, sino para comer, pagar tarifas o comprar medicamentos, afectando directamente el salario real y las jubilaciones.
El acceso fácil y rápido al crédito en un solo clic puede volver cotidiano el endeudamiento En el 2025 durante los últimos meses después de la reestructura de los bancos sumo 150.000 deudores más volviendo a ingresar a la categoría 5 del BCU.
Jóvenes deudores irrecuperables
Como también un estudio nos muestra que más del 40% de los jóvenes deudores son considerados irrecuperables debido a su dificultad en la capacidad de pago, de acuerdo a un informe sobre endeudamiento entre personas de menos de 30 años , y además el relevamiento, que toma datos de la Central de Riesgos Crediticios (CRC), muestra además que la mayor parte de los deudores jóvenes con dificultades tienen deudas de crédito al consumo con Empresas Administradoras de Crédito. Este año se volvió a incrementar en 1,1% el endeudamiento en los consumidores en relación con sus ingresos según el Reporte del Sistema Financiero del BCU, y, particularmente, llega a un 10% de aumento en el último año. Tenemos el 64,4% de la población total del país con deudas activas, En crédito al consumo, los datos de junio de 2026 muestran dificultades en el 44,98% de los deudores de 18 a 29 años. Existen cerca de 37.000 empresas en situación de morosidad, acumulando una deuda en el sistema de unos quince mil millones de pesos uruguayos, a julio de 2025.
El 99% de este universo moroso corresponde a Micro y Pequeñas Empresas, un sector cuyo acceso al crédito es restringido y que sufre de forma desproporcionada los ciclos de ahogo financiero. En el BROU cuando llamaron a refinanciar eran unos 30.000 clientes con esa posibilidad o también cancelar, solicitaron refinanciación aproximado un 20%, y hubo un 39% que, debieron extornar el convenio de pago por incumplimiento Las tarjetas de crédito fueron hechas como un “alivio” para solventar los gastos a largo plazo de las familias. Y en un estudio reciente de acuerdo a datos del Observatorio Fiserv vemos que los uruguayos han aumentado este año en un 20% el uso de la tarjeta de crédito ya para compras de supermercados, combustible, salud, y lo realizan en cuotas. Es decir, apuestan a compras domésticas, pensando los gastos esenciales. El uso de las tarjetas de crédito sigue en alza y se afianza como la herramienta financiera más utilizada por los hogares para cubrir los gastos del mes. No poder seguir pagando la tarjeta de crédito es una de los riesgos que trae consecuencias en el corto plazo, pero que también puede generar repercusiones a futuro en la vida financiera de los consumidores/usuarios. El uso del crédito como mecanismo para llegar a fin de mes es uno de los factores centrales detrás del endeudamiento hoy en día.
El consumo exacerbado, es incluso respaldado y potenciado por la publicidad, que invade la sociedad desde cualquier medio de comunicación, promoviendo el continuo consumo. Y los mecanismos de refinanciación actuales siguen siendo insuficientes.
Crisis emocional y social
El pasado 27 de agosto, durante el encuentro sobre sobreendeudamiento del consumidor que tuve el honor de organizar, surgió un consenso unánime entre todos los expositores: el endeudamiento severo trasciende lo estrictamente financiero para convertirse en una crisis emocional y social. Es decir, llegamos a una misma e inquietante conclusión: el mayor obstáculo para resolver una deuda la vergüenza. Quienes atraviesan un problema de sobreendeudamiento suelen vivirlo en un absoluto y doloroso silencio; les cuesta asumirlo públicamente e incluso evitan compartirlo con sus amistades. Este temor al juicio social paraliza a los consumidores, impidiéndoles presentarse ante las entidades financieras para exponer que no pueden pagar y buscar una renegociación. Lamentablemente, este silencio autoimpuesto por el estigma tiene un costo humano altísimo. Los expositores coincidimos en que la carga emocional de ocultar una crisis financiera de esta magnitud suele desencadenar problemas de salud serios, tales como estados crónicos de angustia, depresión y un deterioro general del bienestar de la persona. A este complejo escenario psicológico se suma un factor externo que agrava profundamente la vulnerabilidad del deudor: el hostigamiento sistemático por parte de los acreedores y las agencias de cobranza. Los expositores denunciamos de manera unánime el impacto de las prácticas de cobranza agresiva, las cuales transcienden la mera gestión del cobro para convertirse en un acoso persecutorio mediante llamadas incesantes a deshoras, amenazas intimidatorias e intromisiones no autorizadas en el entorno familiar. Laboral, llegando a vecinos. Lejos de incentivar una solución, esta presión extrajudicial intensifica el sentimiento de humillación, destruye las redes de apoyo del consumidor al exponer públicamente su intimidad financiera, y acelera de forma dramática el deterioro de su salud mental, consolidando un círculo vicioso de aislamiento y parálisis.
“Gota a gota”
Esta mezcla de desesperación, silencio y acoso es el caldo de cultivo perfecto para el peligroso fenómeno del préstamo «gota a gota».
Cuando una persona siente que ya no tiene opciones, que la banca formal le dio la espalda y que el hostigamiento no la deja dormir, cae fácilmente en las redes de estos prestamistas informales que prometen dinero rápido y sin trámites. Sin embargo, el alivio dura apenas unas horas. En el evento coincidimos en que el «gota a gota» es una trampa mortal: las tasas de interés son impagables y, cuando el deudor no puede cumplir, las agencias de cobranza abusivas quedan en el olvido, siendo reemplazadas por amenazas de muerte, violencia y extorsiones que destruyen por completo la tranquilidad de familias enteras.
“Romper el silencio”
La principal lección que nos dejó este encuentro es que, para solucionar el problema del sobreendeudamiento, primero debemos romper el silencio. La recomendación más urgente de todos los expertos es humanizar los procesos de cobranza y crear canales de atención donde el respeto y la empatía sustituyan a la intimidación. Necesitamos que las personas sepan que no están solas, que la insolvencia es una circunstancia económica y no una falla moral, y que hablar de sus deudas con sus familias o buscar asesoría legal es el primer paso para recuperar su tranquilidad y su salud. Se requiere una intervención integral para revertir esta crisis implementar con urgencia educación financiera que desmitifiquen y eliminen el estigma social de la deuda, permitiendo al usuario buscar ayuda a tiempo.
Es indispensable implementar acciones que promuevan un crédito responsable o sea, que se concede con criterios correctos y racionales, donde el consumidor puede hacer una elección que cuente con información clara sobre las condiciones y las consecuencias no sólo de lo que implica asumir un crédito sino también de lo que este significará para el futuro de esa persona o familia, y donde existan mecanismos que permitan que las personas puedan salir de situaciones extremas que afecten su ámbito familiar, laboral y social.
En este último sentido, es imperioso que de la misma manera en que se ha expandido la oferta de créditos y se ha potenciado por parte de los estados y de la banca y el comercio esa oferta, existan también mecanismos que auxilien y pongan a salvo de situaciones que se generen por el uso inconveniente de esos créditos, ya sea a través de amplios programas de educación e información a los consumidores como de legislación que los ampare cuando esas infortunadas situaciones acaecen.
La información que actualmente reciben los consumidores en relación con los créditos de consumo proviene casi exclusivamente de los datos y la publicidad que realizan los bancos y otras entidades financieras. No se trata de demonizar el acceso al crédito, sin lugar a dudas necesario para una sociedad saludable, pero deben comprenderse las consecuencias de un endeudamiento desorganizado y mucho más cuando el consumidor accede al crédito fácil sea formal, o informal.
El Estado tiene la obligación de ofrecer procedimientos eficientes y accesibles, como la exoneración de deudas y prevenir el sobreendeudamiento implementando políticas de consumo razonable.
Al ir a la Comisión de Hacienda de Diputados por el proyecto de deudores propuse el Curso Obligatorio de Formación Financiera que sería como condición para acogerse a los beneficios de esta ley, el consumidor debería realizar y aprobar un curso de formación financiera obligatoria, cuyo contenido será definido por la Autoridad Competente. Dicho curso abordará por ejemplo la gestión responsable del dinero, el funcionamiento del crédito, los riesgos del sobrendeudamiento y el uso adecuado de herramientas financieras digitales pensarse en cursos en el programa obligatoria del liceo, y hasta pautas publicitarias.
“Drama humano”
El sobreendeudamiento en Uruguay dejó de ser una cifra macroeconómica para convertirse en un drama humano que se padece en silencio dentro de los hogares. Lo que quedó claro en el Parlamento es que las respuestas individuales ya no alcanzan para un problema que es profundamente político y estructural. Si el BCU, la banca pública, el sindicato, la academia y los técnicos coinciden en la gravedad del abismo, la inacción legislativa es imperdonable. No se trata de rescatar a deudores irresponsables; se trata de liberar a las familias trabajadoras, jubilados y pensionistas de una trampa crediticia sin fin. El sistema financiero debe estar al servicio del desarrollo y el bienestar de la gente, y no la vida de la gente al servicio de cuotas impagables. Es hora de legislar con valentía.
Adriana Besso.
Consultora int en los derechos del Consumidor.
Presidenta de Andcu.
