6 Oct '06

Sociedad Uruguaya

Jorge Drexler se animó otra vez a cantar «a capella»

El cantante uruguayo Jorge Drexler cautivó a los franceses dando su primer concierto en París. Acudió sin banda de acompañamiento y equipado tan sólo de una guitarra, una computadora y –según se afirma- mucho sentido del humor

Drexler abrió su recital en la sala Café de la Danse con «Eco», tema que da nombre a uno de sus discos.

«Milonga paraguaya», «Guitarra y vos», «Tamborero», «El pianista del gueto de Varsovia», «Se va, se va, se fue» o «Todo se transforma» se fueron sucediendo ante un auditorio repleto.

El cantautor uruguayo residente hace muchos años en Madrid desgranó también varias canciones de su último disco, «12 segundos de oscuridad», publicado en España hace dos semanas y que él mismo considera su trabajo más «emocionalmente expuesto». Ese disco fue inspirado una noche en las playas del Cabo Polonio, en el departamento esteño de Rocha.

Drexler, quien ha empleado bases de ritmos y programaciones en varios de sus álbumes, hizo uso durante el concierto de un «sampler» para introducir coros y arreglos que cubrían la desnudez de la guitarra.

Se atrevió con dos temas a capella, el primero de ellos «Al otro lado del río», por el que obtuvo el pasado año el Oscar a la mejor canción original, compuesta para la película «Diarios de motocicleta», del brasileño Walter Salles.

«Este tema ya lo canté a capella involuntariamente y ahora lo voy a hacer de forma voluntaria», bromeó en un esforzado francés que causó las risas cómplices del público durante todo el concierto.

Drexler recordaba con esta frase la ceremonia de entrega de los Oscar del año pasado cuando tarareó brevemente esta canción como una pequeña «venganza» a la decisión de los organizadores de preferir al actor español Antonio Banderas y al guitarrista mexicano Carlos Santana para interpretarla durante la ceremonia.

Su segundo tema desprovisto de instrumentos fue «Ela faz cinema», del músico brasileño Chico Buarque, que dedicó a la actriz española Leonor Watling y a la portuguesa María de Medeiros, ambas presentes en la sala.

«La canto a capella porque no me sé los acordes», confesó divertido.

Tras algo más de una hora de concierto, prologado hasta en dos ocasiones a petición de sus incondicionales, mayoritariamente hispanos, Drexler puso fin a su recital mientras daba las gracias por una noche «muy especial» y manifestaba su deseo de volver a actuar algún día en París.

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