Reflexión del diputado Gerardo Amarilla titulada: “la legalización del autocultivo: su inconveniencia”.

“Hace días que se viene planteando en el ámbito parlamentario la necesidad de legalizar el autocultivo de marihuana como una estrategia para reducir el daño que otras sustancias vienen generando en el seno de la sociedad uruguaya.

Sin perjuicio de respetar los fundamentos y los objetivos ulteriores que se persiguen, discrepo con la medida en el entendido de que no creo que nos ayude a minimizar el problema y si por el contrario creo que, cedemos terreno y comenzamos a legalizar situaciones que no nos sentimos con fuerzas para cambiar.

Efectos de la marihuana.

Mucho se habla que la marihuana es una droga de las denominadas “blandas” y por lo tanto sus efectos no son tan perjudiciales para el ser humano como otro tipo de drogas.

Para mi información resultaron contundentes algunas afirmaciones vertidas en la Comisión creada en el parlamento para analizar los impactos de las adicciones en la sociedad uruguaya.

A ese respecto, el Dr. Guillermo Castro Quintela, quien compareció por la organización Ser Libre pero que además es responsable del Departamento de Psiquiatría del Hospital Británico, claramente sentenció que resultaba una “falsedad biológica” afirmar que la marihuana es menos dañina que la cocaína por ejemplo. Agregando además que “estamos hablando de una sustancia que es diecisiete veces más cancerígena que el tabaco” y que “está demostrado que es probable que la marihuana pueda desarrollar esquizofrenia en pacientes predispuestos”. Nos alertaba también respecto a que “ entre el 70% y el 80% de los fumadores de marihuana van a desarrollar depresión mayor en un período menor a cinco años” con un riesgo aún mayor si hay combinación con alcohol, situación que es muy frecuente .

Por su parte el Doctor Pablo Fieltz, profesor agregado de la Clínica de Psiquiatría de la Facultad de Medicina nos informaba que vulnerabilidad biológica para la marihuana es del 40%, es decir que tenemos un 40% de chance de tornarnos dependientes de esa sustancia si la fumamos más o menos frecuentemente , cifra que es sustancialmente mayor a la vulnerabilidad del alcohol que es apenas del 10%.

Respecto a la banalización que existe hoy en nuestra sociedad frente a este tipo de sustancias el Director del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina expresaba que “como sociedad teníamos la idea de que no pasaba nada con fumarse un porro pero ahora empezamos a tener idea de que sí pasa, que cuando los gurises y no tan gurises consumen una o dos dosis esporádicamente de marihuana o alguna línea de cocaína generan cambios sobre las propiedades psíquicas de la persona”. Nos agregaba que “el fumarse un porro provoca cambios en nuestro sistema nervioso central, en el sistema de manejar y modular nuestra psiquis y lleva el riesgo implícito de toxicidad más adelante”. Arribaba a la conclusión de que “el uso agudo de una dosis de marihuana genera cambios y si hacemos algún test a un sujeto, encontraremos que no tiene memoria en ese momento y que sufre una alteración en la noción espacio tiempo” .

A eso habría que agregarle una no menos alarmante conclusión publicada en el diario EL Mundo de Madrid, el 30 de marzo de 2011, donde se anuncian conclusiones preocupantes de resultados sobre efectos secundarios de la utilización del cannabis en el tratamiento de esclerosis múltiple. En estudios realizados en la Universidad de Toronto (Ontario – Canadá) y publicado por la revista “Neurology” el grupo de pacientes que utilizó cannabis en el tratamiento de la esclerosis múltiple presentó el doble de probabilidades de ser clasificados como individuos con deterioro de sus capacidades cognitivas con resultados significativamente peores en capacidad de atención, velocidad de pensamiento, percepción espacial y función ejecutiva.

La progresividad

Es una larga discusión si los consumidores de pasta base comenzaron su experiencia con las drogas a partir de la marihuana y luego suben el escalón a otra droga más fuerte; o por el contrario terminan consumiendo pasta base porque los que comercializan manejan el mercado y con la ausencia de marihuana colocan otras sustancias.

Lo que no parece tener discusión es que los consumidores problemáticos, que se encuentran en clínicas de recuperación o rehabilitación, la gran mayoría comenzaron consumiendo marihuana y luego pasaron a otras sustancias. También es cierto que muchos consumidores de marihuana no traspasan la barrera de esa sustancia y se contienen allí (con las también nefastas consecuencias para su propia salud), pero resulta imposible saber a priori cuales serán unos u otros y como vimos la vulnerabilidad a la marihuana es de 40%, cuatro veces más que la vulnerabilidad del alcohol.

Separar los consumidores.

Un argumento fuertemente utilizado es que en la actualidad los consumidores de diferentes sustancias concurren al mismo proveedor tanto por la marihuana como por la cocaína, pasta base u otras sustancias. En esa situación y a menudo a la falta de marihuana terminan consumiendo otra droga mucho más perjudicial.

SI bien puede ser de recibo el argumento, no tenemos garantías de que muchos consumidores no continúen concurriendo a esos expendios y sigan sometidos al riesgo, máxime si tenemos en cuenta que estamos frente a propuestas de autocultivo, que seguramente no resolverán toda la demanda de cannabis y que – por un tema de costos y practicidad- va a seguir existiendo el tráfico y comercio de la sustancia en conjunto con las otras ilegales.

Argumentos que se pueden trasladar.

También me pregunto si los argumentos de que muchos consumidores de marihuana no son problemáticos y no generan perjuicios para terceros, no pueden trasladarse a consumidores de otras sustancias como cocaína y entonces también no podríamos considerar la producción doméstica para consumo personal, legalizándola y en suma promoviéndola.

Hemos escuchado y leído argumentos acerca de que los fumadores de marihuana no son consumidores problemáticos, que muchos lo hacen con total privacidad y sin “perjuicio” para terceros; en un artículo destacado de un matutino se hizo referencia a decenas de uruguayos con diversas actividades o profesiones que seguramente fuman o fumaron marihuana y ello no les habría impedido cumplir con sus obligaciones sociales y familiares, ni con sus responsabilidades ciudadanas y profesionales.

A esa afirmación me pregunto y ¿cuántos de ellos subieron el escalón para consumir cocaína o pasta base?, ¿cuántos de ellos, bajo el efecto de la droga tuvieron sexo sin protección y contrajeron alguna enfermedad venérea o SIDA?, ¿cuántos de ellos se vieron involucrados en actos de violencia o accidentes? , ¿cuántos de ellos la mezclaron con alcohol y tuvieron consecuencias desagradables para ellos mismos o para terceros?, ¿cuántos de ellos vieron potenciada su depresión y se precipitaron al suicidio?, ¿cuántos de ellos con el consumo despertaron su latente esquizofrenia?, ¿cuántos de ellos alimentaron su cáncer de pulmón?, en fin, ¿cuántos de ellos comenzaron a destruir su vida y tornaron un calvario la vida de su entrono a partir de fumar un aparente inofensivo e insignificante porro?

Claro que el daño que se infringen los consumidores a sí mismos no es el fin del problema, hay un daño sumamente importante y es que generan en su entorno, a sus familias, a la sociedad toda.

La pregunta es ¿si estamos dispuestos como sociedad a permitir que las nuevas generaciones se autodestruyan y causen un daño grave o en muchos casos gravísimo a su entorno?. ¿Estamos dispuestos a que nuestro prójimo se auto infrinja un daño, en muchos casos irreversible?;. Esa actitud nuestra podremos catalogarla de permisividad a la autodestrucción del prójimo o de tolerancia ante la opción del otro por dañarse a sí mismo o de resignación a que algunos promuevan estas conductas tan placenteras como riesgosas.

Me gustó mucho la respuesta del Dr. Eduardo Casanova refiriéndose al argumento de que liberando o legalizando la marihuana se desplazaría a las drogas más nocivas, a ese respecto dijo que “el argumento teórico aplica el modelo de “ética de mínimos” para elegir “el mal menor”, en este caso la marihuana. Sin embargo para la salud, definida como bien de referencia, no existe el “mal necesario” para orientar políticas de salud. Esto es así porque el mal, aunque sea menor, como carencia de bien, no existe; y la salud, como “calidad de vida”, es un concepto cualitativo y no cuantitativo.”

Antes de darnos por vencidos frente a este tema y comenzar a retroceder frente a las diferentes sustancias creo que tenemos un gran asunto pendiente: la educación y formación para la prevención. En este sentido ha habido esfuerzos muy bien intencionados pero aislados y con escasos resultados; creo que deberíamos adoptar una política de Estado en ese sentido en función de que tenemos en juego la salud y la calidad de vida de las actuales, pero sobre todo de las futuras generaciones”.

Dr. Gerardo Amarilla

Representante Nacional

Fuentes:

Acta N° 328 de 2010, Sesión de la Comisión Especial sobre Adicciones, consecuencias e impacto en la sociedad uruguaya, 11 de noviembre de 2010.

Acta N° 227 del 2010, Sesión de la Comisión Especial sobre Adicciones, consecuencias e impacto en la sociedad uruguaya, 9 de setiembre de 2010.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/03/30/neurociencia/1301474739.html

http://www.elpais.com.uy/110324/lault-555382/mirador/El-debate-sobre-el-consumo-de-drogas/

Fuente Imagen: elalmanaque.com