PCU: Hay un primer nivel de polémica con la derecha y con sectores del campo popular: el intento de demonizar la lucha
25 Oct '15

Sociedad Uruguaya

PCU: Hay un primer nivel de polémica con la derecha y con sectores del campo popular: el intento de demonizar la lucha

PCUCompartimos la Resolución Política del Comité Central del PCU en su sesión del 24 y el 25 de octubre de 2015 “Julio Escudero, Eduardo Bleier y Manuel Brieba”.

Realizamos este Comité Central, en el marco de la conmemoración del 95 aniversario de nuestro PCU y el 60 aniversario de nuestra UJC. A un año de la victoria popular de las elecciones nacionales, ratificada un mes después, que implicó la derrota política de la restauración neoliberal, la conquista del tercer gobierno nacional del Frente Amplio, con mayorías parlamentarias y en mayo de este año, de seis gobiernos departamentales. A un año de la victoria popular, con enorme protagonismo juvenil, contra el proyecto reaccionario de bajar la edad de imputabilidad.

Es necesario un permanente esfuerzo político para centrar los ejes del debate y de la acción. Debemos superar el totalitarismo de la anécdota y ser capaces, con nuestra acción política, de recuperar la noción de proceso histórico, de perspectiva estratégica. Asumir y proponer, a todo nuestro pueblo, una mirada general; cualquier enfoque reduccionista o parcial conduce a errores políticos, a subestimar hechos y tendencias o sobreestimar otras.

La caracterización central, definida en nuestro XXX Congreso, es que estamos en un período de crisis estructural del capitalismo. En su forma concreta de hoy: el imperialismo; con el predominio del capital financiero sobre el productivo, de las grandes empresas trasnacionales, con el reparto del mundo como escenario de especulación y el peligro para la paz y la propia existencia de la vida y del planeta que esto conlleva. La crisis es económica, es política, es ideológica, es energética, es ecológica y es ética. Lo que está en crisis estructural y crónica es el capitalismo como propuesta civilizatoria de una clase para hegemonizar a la humanidad.

Está en marcha una gigantesca contraofensiva del imperialismo para trasladar el foco de esa crisis, hasta hoy en los países centrales, hacia la periferia. Está en marcha un gigantesco ajuste global para que los pueblos paguen los costos y una contraofensiva política e ideológica para frenar cualquier perspectiva transformadora y recuperar los espacios de hegemonía política perdidos.

Es esa situación objetiva la que provoca la agudización de la lucha de clases. En particular en América Latina, principal escenario de construcción de espacios de independencia, soberanía y alternativa política. Por ello valoramos en toda su importancia las próximas elecciones presidenciales en Argentina y Guatemala y parlamentarias en Venezuela. Seguimos con atención la difícil situación económica y política en Brasil. Los procesos de experiencias populares y progresistas en Bolivia, Ecuador, Chile, El Salvador y Nicaragua. El proceso de transformaciones y reafirmación revolucionaria en Cuba, en particular los pasos hacia la normalización de las relaciones diplomáticas con EEUU, que exigen que se ponga fin al bloqueo. El proceso de paz en Colombia. No lo hacemos como observadores, somos parte de la lucha de esos pueblos hermanos y desplegamos nuestra solidaridad activa con ellos.

Es la materialidad de esa crisis, y sus correlatos políticos e ideológicos, lo que golpea a nuestro país y desafía, a un nivel hasta ahora inédito, al proceso histórico de cambios y a las fuerzas sociales y políticas que lo encabezan. El debate teórico, político y práctico, debe estar centrado en como se enfrenta mejor el impacto de esa crisis y cual debe ser la salida. Concebida la salida como una construcción ideológica, política y social, un camino de lucha.

En nuestro Uruguay este desafío se concreta en la contradicción central entre un país productivo, con profundización democrática y más justicia social o más dependencia; y se expresa políticamente en dos proyectos de país y en dos bloques políticos y sociales que los representan e impulsan.

El PCU sostiene, como definición política central, que aún en un escenario de desaceleración económica y de dificultades mayores, la salida debe ser de avance en las transformaciones, de más democracia y más justicia social. Ello implica la conquista de más derechos, más distribución del ingreso y avanzar hacia la distribución de la riqueza.

Para la concreción de ese rumbo crítico promoveremos y lucharemos por los siguientes ejes:

1) Seguir haciendo crecer la masa salarial en el PBI, que aún está muy por debajo de lo que era antes de la dictadura: esto implica más salario y más jubilaciones. También como una manera de fortalecer la demanda interna y atemperar el impacto de las dificultades externas.

2) Mayor inversión pública, como motor del crecimiento ante la posible retracción de las inversiones privadas. Pero también como un mecanismo más eficiente para la canalización de los recursos de la sociedad hacia donde realmente se requieren. Unido a la defensa del papel del Estado, de la Educación Pública, de la Salud Pública y de las Empresas Públicas, en tanto constituyen factores claves del fortalecimiento democrático y también de la perspectiva transformadora.

3) Una discusión para avanzar en las transformaciones de la política fiscal, apuntando a que paguen más lo que más tienen y los que más ganaron.

4) Una política de regulación de precios que evite la especulación y usura de sectores que por su posición oligopólica operan casi sin contrapeso, sobre todo en lo referente a los productos de la canasta básica y en los alquileres.

5) Promover y defender la presencia estatal, y dentro de ella el control social, en las principales cadenas productivas y de valor, en la carne, la pesca, en la obra pública, etc.

6) Debatir a fondo la necesidad de una inserción internacional independiente y soberana; para construir unidad regional y continental, de pueblos y gobiernos, para enfrentar de mejor manera el embate del imperialismo y construir, también en el plano continental, una perspectiva emancipadora.

7) Impulsar un conjunto de leyes, con la 1001, el Frente Amplio y el movimiento popular que concreten estos planteamientos: Ley de Empleabilidad para las Personas con Discapacidad, Ley del Fondo de Insolvencia Patronal, ampliación de la Ley de Mano de Obra Local, Ley para poner al servicio de la sociedad las viviendas desocupadas, Ley de Salud Mental, etc.

8) Avanzar en la lucha contra la impunidad, en la conquista de verdad y justicia y la construcción colectiva de memoria histórica.

9) Desarrollar a un nuevo nivel la unidad y a todos los componentes del bloque histórico, político y social radical de los cambios. El Frente Amplio, la acción de gobierno y la acción política, su unidad, su propuesta. El movimiento popular, el movimiento sindical, el movimiento estudiantil, todo el sistema de organizaciones populares.

10) Para todo ello avanzar en el fortalecimiento teórico, político, ideológico y organizativo del PCU y la UJC y dar un fuerte impulso a la construcción y despliegue nacional del Espacio 1001.

Es desde esa perspectiva y con esas prioridades que analizamos los acontecimientos políticos, el desempeño de nuestro gobierno, el accionar parlamentario, la lucha popular, la construcción del bloque histórico político y social radical de los cambios.

La agudización de la lucha de clases pone en tensión la unidad. Asistimos a un ataque concentrado sobre la unidad del pueblo en un doble sentido. En primer lugar para intentar separar al componente político del componente social, aislando al gobierno de la fuerza política y a ambos del movimiento popular. En segundo lugar para dividir o erosionar la unidad de cada herramienta popular, el Frente Amplio, el PIT-CNT, el movimiento estudiantil.

La defensa de la unidad social y política del pueblo como una conquista estratégica es un compromiso y una necesidad para resolver los desafíos del presente y sobre todo para defender una perspectiva revolucionaria: es parte integrante de esa perspectiva. Concebida la unidad, en todos los planos, no como un espacio para repartir cuotas de poder, sino como una poderosa herramienta para potenciar la lucha y avanzar.

Con esa premisa y con ese objetivo afrontamos, sin rehuir ninguna, las polémicas ideológicas y políticas que se expresan en el presente.

Hay un primer nivel de polémica con la derecha y con sectores del campo popular: el intento de demonizar la lucha. Defendemos el papel de la lucha y la participación popular organizada en las transformaciones sociales. Los cambios se conquistarán con lucha y con protagonismo organizado de miles, nunca la acción espectacular de unos pocos podrá sustituir la experiencia de miles, ni en lo inmediato y mucho menos en la gran perspectiva histórica. La lucha es el camino, no un problema, pero debe ser de miles.

En esa lucha, y en el marco de la más amplia unidad del pueblo, tienen un rol central los trabajadores, junto con la participación de todos los sectores sociales, organizados en el sistema de organizaciones populares y en las nuevas formas de organización y expresión, particularmente del movimiento juvenil, pero también las asociadas a la organización barrial, vinculadas de múltiples maneras, por ejemplo, al proceso de descentralización.

El protagonismo de los trabajadores, su unidad, su organización, su capacidad de propuesta y de lucha, han sido centrales para el proceso de acumulación de fuerzas, fueron centrales para la victoria popular de hace un año, siguen siendo centrales en el presente, como lo demostró el gigantesco paro del 6 de agosto y las masivas movilizaciones posteriores y lo son para la profundidad y la posibilidad misma de una perspectiva revolucionaria.

Por ello discrepamos tanto con las concepciones que limitan el horizonte de los cambios a las posibilidades que el sistema otorga como con las que apuestan a todo o nada; las dos carecen de perspectiva, prescinden de la acumulación de fuerzas y no colocan el centro en el enfrentamiento de dos proyectos de país.

Para los comunistas superar la polémica anterior, es un camino práctico, que no implica buscar el término medio, estéril y paralizante, sino una síntesis política e ideológica superadora, de masas.

En este período hemos tenido pruebas de ello. Fueron la lucha y la movilización las que conquistaron la victoria de sacar al Uruguay del TISA, sin dudas el principal logro estratégico en este período de gobierno. Allí actuaron en conjunto el movimiento popular, la lucha de masas, el debate en el Frente Amplio y la acción de gobierno.

Fueron la lucha y la movilización las que lograron transformar en avance la Ley sobre el FONDES. Las que reabrieron la perspectiva del ANTEL Arena. Las que evitaron que el Estado quedara entrampado en las maniobras de las trasnacionales en la Regasificadora y mantuvieron abierta una perspectiva para ese proyecto estratégico para el cambio de la matriz energética y la matriz productiva. Las que lograron la flexibilización del criterio erróneo de las pautas salariales restrictivas para la actividad privada, aún insuficiente, y que se plantearan mejores pautas para los trabajadores públicos. Las que permitieron el nuevo convenio comercial y productivo con Venezuela. Las que llevaron a que el plan de obras públicas pasara de los anunciados 3 mil millones de dólares a 8.800 millones, más los potenciales 4.000 millones adicionales que se buscan de inversión privada. En este plano, y también en el Presupuesto, analizaremos con detenimiento la modalidad impulsada de Participación Público Privada, sobre todo en lo atinente a en manos de quién quedará la gestión y la propiedad de los emprendimientos.

Valoramos esos avances, que muestran un camino y una necesidad. Para avanzar hay que desplegar la acción de todo el bloque histórico, político y social radical de los cambios, con menos no alcanza. El gobierno con iniciativa y aplicación del programa, el Frente Amplio con acción política y el movimiento popular con propuesta y con lucha.

Por ello entendemos que no contribuyeron al avance popular algunas decisiones y acciones de nuestro gobierno. La declaración de esencialidad en la Enseñanza, corregida luego, también en virtud de la movilización y el debate político. El desalojo del CODICEN, que más allá de las concepciones equivocadas de movilización y del oportunismo irresponsable de algunas acciones, no debió ocurrir. No las compartimos porque no contribuyen a una salida popular a las contradicciones objetivamente planteadas y porque erosionan y golpean al proceso de acumulación de fuerzas. Ante estos hechos el PCU no solo opinó, sino que actuó y se movilizó, en todos los espacios, para lograr una salida que generara una síntesis superadora a favor del pueblo.

Cuando damos esta discusión está en proceso el debate sobre el Presupuesto Quinquenal, valoramos positivamente el incremento de 1.100 millones de dólares que implica una diferencia sustancial con el recorte reclamado por la derecha, también lo acertado de las prioridades: educación, salud, vivienda y políticas sociales. Pero lo decimos con claridad: es insuficiente para enfrentar el impacto de la crisis del capitalismo y para los compromisos expresados en el Programa del FA.

En el marco de esa definición general no compartimos que se recortaran recursos del Sistema de Cuidados en la reasignación de recursos. Así como defendimos, con todo el Frente Amplio, el Plan de Emergencia y el Plan Juntos, definidos como buques insignias de nuestro primer y segundo gobierno, defendemos hoy, el Sistema Nacional Integrado de Cuidados, definido como buque insignia de este tercer gobierno frenteamplista. Había alternativas y las plantemos y peleamos por ellas. Tampoco compartimos que se haya modificado el acuerdo logrado como fruto de la negociación colectiva en el MIDES para la regulación de la situación de cientos de trabajadores.

Luchamos en Diputados y lo haremos en el Senado para mejorar lo máximo posible el Presupuesto, y mantendremos iniciativa y movilización para lograr, con todos los instrumentos institucionales posibles, que se cumpla con el 6% del PBI para la educación y con las necesidades del desarrollo productivo y la justicia social.

Parado en esta realidad, que no da lugar alguno para el desánimo, muy por el contrario, necesita de mayor compromiso, más militancia y más lucha, el PCU se propone ampliar y fortalecer todo su accionar.

Se necesita más y mejor PCU y UJC como una contribución concreta a una síntesis superadora a favor del pueblo. Más organización, más formación teórica, más debate y acción política y más militancia social y política.

La revolución, que para eso nació el Partido Comunista hace 95 años, es una obra histórica, de todo el pueblo, y la principal tarea, permanente además, es la construcción de la fuerza social que la pueda llevar adelante, y para ello hay que unir al pueblo y organizar la lucha.

Por ello la consigna que preside nuestro 95 aniversario es artiguista y viene del Reglamento de Tierras: Qué los más infelices sean los más privilegiados. Esto es así, porque junto con el Manifiesto Comunista, el internacionalismo y las ideas de Marx, Engels y Lenin, los comunistas uruguayos incorporamos la elaboración propia de los caminos de la revolución en Uruguay.

Retomando lo planteado en nuestro XXX Congreso y junto con el movimiento popular uruguayo, nos proponemos levantar una perspectiva revolucionaria, que está históricamente unida con la revolución artiguista inconclusa, con su contenido democrático radical y popular. Colocar sobre la mesa y discutir el tema del poder, como un problema político concreto, para seguir avanzando.

Levantar una perspectiva revolucionaria, superadora del capitalismo, es un componente de la lucha, ya que la construcción del país productivo, con profundización democrática y justicia social, implica un período histórico.

Afinar y darle contenido de hoy al concepto de avanzar en democracia, hacia una democracia avanzada, con rumbo al socialismo, es un requerimiento y un desafío práctico, no solo elaboración teórica. Al igual que poner en debate cuáles son las fuentes de recursos que permitan ese cambio en la matriz productiva y el desarrollo productivo con justicia social. Y también integran ese proceso de debate y construcción política que contenido tiene hoy el concepto de revolución, de socialismo y como construir práctica y perspectiva superadora del capitalismo.

Cuanto más se avanza más se agudizan las contradicciones, y se necesita más pueblo organizado y luchando.

Por ello expresamos nuestra solidaridad con las y los trabajadores de Fripur, de la Fibra Óptica y con todos los conflictos a los que hay que seguir rodeando de solidaridad.

Como contribución a eso nos proponemos realizar, junto con el Espacio 1001, 100 Cabildos Populares, en todo el país. Para escuchar y proponer, para convocar y convocarnos, con estas ideas y con este compromiso de lucha”.

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