6 Sep '10

Sociedad Uruguaya

Los supervivientes del accidente aéreo de Los Andes ayudan a los mineros

(F. PEREGIL, ENVIADO ESPECIAL a Mina San José de Chile del diario El País de Madrid). Había 40 pasajeros y cinco tripulantes en aquel avión que en octubre de 1972 se estrelló en Los Andes cuando trasladaba al equipo de rugby uruguayo Old Christians hacia Santiago de Chile. Los 45 sobrevivieron al golpe. Pero después de una semana sólo quedaban vivos 27. Al cabo de 73 días, en los que se vieron obligados a alimentarse con el cuerpo de sus compañeros muertos, sobrevivieron 16. Cuatro de ellos -José Luis Inciarte, Pedro Algorta, Ramón Sabella, Gustavo Zerbino- viajaron ayer al desierto de Atacama para animar a los mineros que cumplen hoy un mes enterrados a 700 metros bajo tierra.

Las familias de los mineros contactan por videoconferencia con los 33 enterrados

Inquietud por el proyecto de levantar un santuario en la mina

Con aquella odisea se llegó a montar toda una industria de entretenimiento. En 1993 se rodó la película Viven, antes y después se escribieron varios libros, se filmaron documentales, se organizaron viajes turísticos al lugar del accidente y se creó una página oficial de Internet sobre el accidente. Ramón Sabella explicó ayer que los dos accidentes fueron muy distintos, pero guardan puntos en común: «Cuando ustedes estaban buscándolos con las sondas y las sondas perforaban en lugares equivocados, a mí me recordaba cuando pasaban los aviones por arriba nuestro; de repente se estaban acercando, de repente se alejaban y nos abandonaban de vuelta. Yo creo que ellos sintieron las mismas sensaciones en ese momento».

Gustavo Zerbino, de 57 años, no deja de impartir por el mundo conferencias sobre superación personal. Entre sus muchas ocupaciones destaca la de asesor psicológico de la selección de Uruguay en el Mundial. Cuando se le preguntó a Zerbino si la película Viven, en la que ellos colaboraron, recoge con fidelidad lo que ocurrió realmente en Los Andes, comentó: «Es una película, una interpretación artística de la realidad, que intenta reflejar en una hora y media lo que pasó en 73 días. ¿Desde cuándo una película tiene algo que ver con lo que pasó en la realidad?».

Zerbino puede emitir ráfagas de 10 frases lapidarias por minuto, como sacadas de un libro de autoayuda. Ahí van algunas de ellas:

– Le venimos a decir que a nosotros también nos dieron por muertos, y tras 73 días, a 5.000 metros de altura, con temperaturas que iban de los 40 grados de calor a 40 bajo cero, sin comida, ni ropa apropiada, sobreviviendo a la caída de un avión y a una avalancha… lo logramos. Ellos también podrán.

– Cuando pensás como una víctima y no aceptás lo que ocurrió y buscas porqués, estás muy mal. Te tienes que preguntar qué quieres hacer y cómo puedes hacerlo.

– Lo importante en la vida no es lo que te pasa, sino cómo afrontas lo que te pasa.

– El único lugar donde el éxito está antes que el trabajo es en el diccionario.

– El caos se organiza sólo. El orden, hay que conseguirlo con trabajo y esfuerzo.

– En la vida sólo se quejan los que están bien. Los que están mal saben que hay que organizarse.

– Todo lo que soportamos en la montaña fue para abrazar a nuestras familias, que era lo que realmente nos daba fuerza. Ellos harán lo mismo.

¿Y qué consejo daría Zerbino para que los 33 evitaran los enfrentamientos entre ellos?

– Si tienen ganas de maldecir, que maldigan y se desahoguen y que después pidan perdón. Nosotros, al cabo de 38 años, somos hermanos, nos conocemos, nos maldecimos y nos perdonamos. Saldrá lo malo y lo bueno de cada uno. Pero hasta lo malo les va a servir para salir de ahí.

Si se trataba de contagiar optimismo, ganas de luchar y de vivir, casi tan importante como lo que dijo Zerbino a las familias de los 33 mineros fue la vitalidad contagiosa con la que se expresó. Ramón Sabella, otro de los supervivientes que visitaron la mina, recogió el sentir de sus compañeros cuando en los 30 segundos en que pudo charlar con Luis Urzúa, el líder y jefe de turno de los 33 enterrados, le dijo: «Cuando todo esto termine y pasen los años, y sean viejos como nosotros, estos problemas que están pasando acá les van a parecer minúsculos al lado de la alegría que es la vida. Una vez que salgan abrazándose con las familias todo esto va a quedar como una anécdota».

Fuente: Diario El País de Madrid. www.elpais.com

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