En esta ocasión el dirigente de Concordia Nacional, Hernán Bonilla nos presenta su opinión “Cambalache impositivo”.

“El partido de gobierno está discutiendo públicamente  cuáles son los cambios que piensa  realizar al sistema tributario. Puede sonar extraño que luego de una reforma profunda –más allá de la opinión que tengamos de ella– realizada en el primer gobierno del Frente ahora quieran volver a cambiarlo. En el programa de gobierno la promesa es clara: bajar la tasa del IVA básico del 22% al 20%. Pero fue el propuo Presidente Mujica quien abrió el debate cuando declaró que a los más pobres les llegaba poco de esa rebaja, y se manifestó a favor de implementar un IVA diferencial para ese sector. Luego, ante la lluvia de opiniones, el Presidente realizó una curiosa conferencia de prensa a la que sólo accedieron algunos medios y dijo que la discusión recién comenzaba.

Las opiniones manifestadas fueron de lo más diversas. Algunos hablaron de poner detracciones a las exportaciones como en Argentina, otros de bajar el IVA de bienes de consumo básicos, otros de unificar la tasa al 18%, otros que pasen a estar exentos bienes de la canasta básica. En cuanto al IRPF tampoco faltaron ideas. Se habló de gravar con tasas más altas a “los que ganan mucho”, de modificar el mínimo no imponible o de tener en cuenta además del monto las horas trabajadas. No faltaron las propuestas sobre el IRAE, ya que dirigentes del MPP y del Partido Comunista se expresaron a favor de aumentarlo de 25% a 30%. El tema es importante y merece ser analizado con cuidado, así que vayamos por partes.

La forma de la discusión

Debería ser evidente, pero parece que no lo es. No es serio que se discuta sobre impuestos como quien discute sobre fútbol. La sólo posibilidad de que se aumente un impuesto cambia las proyecciones que un inversionista, grande o chico, hace sobre la realidad. No es lo mismo tener un IRAE del 25% o del 30%, no es lo mismo pagar un IRPF del 15% que del 25%, no es lo mismo tener detracciones sobre las exportaciones que no tenerlas. ¿O el gobierno ignora que una parte fundamental de la verdadera revolución que existió en el sector agropecuario se debió a inversores que huían de Argentina?. Que se presente a la opinión pública este cambalache de ideas, algunas sencillamente absurdas como la de Fernández Huidobro de ponderar ingresos y horas trabajadas (¿alguien puede imaginarse la complejidad burocrática de ese sistema? ¿cómo se controlan las horas trabajadas de los trabajadores independientes?) sólo puede servir para confundir y afectar las decisiones de inversión. Y decisiones de inversión que pueden ir desde un kiosco a una industria papelera. Los dirigentes del oficialismo deberían llamarse a silencio, discutir el tema en la interna del Frente y después anunciar que van a hacer. Una de las funciones de un gobierno es reducir la incertidumbre que enfrentan los ciudadanos. Cuando la aumenta es evidente que no está cumpliendo con uno de sus cometidos esenciales.

Los antecedentes

El gobierno, o al menos su equipo económico, es conciente de los perjuicios que todo esto puede tener sobre la economía, y por eso ya se anunció que en abril Mujica comparecerá ante un foro de empresarios para asegurar el mantenimiento, de los principales lineamientos de la política económica. Parece razonable, pero hay un detalle, Mujica eso ya lo hizo y ya incumplió su palabra, cuando hace casi un año es el célebre discurso del Hotel Conrad prometió que no iban a cambiar las reglas de juego, llamó a invertir a los empresarios extranjeros y, más aún, a vivir en Uruguay. Unos meses después el Parlamento aprobó una ley que flexibilizó el levantamiento del secreto bancario y gravó varios tipos de ingresos hasta entonces exentos, por ejemplo, ¡la renta  que cobra un extranjero en su país de origen! ¿Cómo se habrá sentido el jubilado alemán que le creyó a Mujica y se vino a vivir a Uruguay? ¿Qué confianza tendrán en el Presidente de la República los empresarios que vinieron a invertir cuando no se gravaban los ingresos generados o los depósitos en el exterior?

Los antecedentes liquidan toda chance de que un discurso presidencial llame a la tranquilidad de los empresarios. Hubo gente que le creyó a Mujica cuando el discurso del Conrad, pero hoy, a la luz de la experiencia, no va a tener el mismo efecto, cuando vuelva a prometer respetar lo que ya no respetó.

Los argumentos

La promesa de campaña del Frente fue bajar el IVA dos puntos. El argumento de Mujica es que ahora se dieron cuenta que no beneficia a los más pobres, lo que en todo caso era evidente desde el principio. Ahora bien, la discusión se amplió debido a la preocupación de varios sectores por la distribución del ingreso. Y ahí empezaron los problemas, porque lo que en un comienzo iba a ser una rebaja impositiva pasó a ser una discusión sobre ¡qué impuestos aumentar! Resulta ridículo por dónde se lo mire. El país el año pasado creció al 8%, la recaudación creció y el gasto –presupuesto mediente– creció en forma brutal, o sea que el fin de aumentar los impuestos no sería aumentar el gasto social, por ejemplo. De hecho, la discusión comenzó viendo como se asignaba la “renuncia fiscal” de los dos puntos de IVA. El argumento de Vázquez de que a los que le fue bien en estos años tienen que empezar a pagar más no tiene sentido. No sabemos como será el futuro, capaz que a los que les fue bien ahora les va a ir mal, o más o menos, o seguirán bien, pero en todo caso que en el pasado les fue bien no tiene nada que ver con poner más impuestos en el futuro. Y los impuestos retroactivos son contrarios al estado de derecho y la mejor forma de espantar inversiones.

Pero vamos al fondo del tema ¿Se mejora la distribución del ingreso aumentando impuestos? Definitivamente no. Aumentando el IRPF se va a lograr que pague más impuestos la clase media, no los más ricos. Lo mismo que al gravar los depósitos en el exterior, como ya se hace desde diciembre, se grava al que tiene cuentas chicas, los que tienen guita enserio ya encontraron la forma de no pagar. Y eso siempre es así, los impuestos los paga el que no puede eludirlos o trasladarlos, y esos son los trabajadores o los que pequeños rentistas, no los grandes.

El sistema tributario es la forma en que el estado consigue los recursos que necesita, pero es una mala herramienta para hacer justicia social. Es un hecho reconocido ampliamente desde hace tiempo que es a través del gasto público, en particular en áreas dónde efectivamente el dinero llega a quienes lo necesitan, que se mejora la equidad. En este sentido, es lo que se invierte en educación y salud, y la forma en que se gasta, naturalmente, lo que hace que una sociedad sea más justa. Ponerle más impuestos a quien más trabajan no sólo no es justo, lleva a que se trabaje menos y el producto sea menor. Mal negocio para todos.

Otro error en el que suele caerse cuando se analiza la distribución del ingreso es analizar la realidad en forma estática. Supone pensar que la torta que hay para repartir tiene un tamaño fijo y por lo tanto lo que se como uno no se lo puede comer otro. Para darle más a alguien, hay que decidir a quien se le saca. Pero en realidad, y afortunadamente, el producto de nuestra economía no es fijo, sino que crece. Si la torta es mayor se puede repartir más sin sacarle nada a nadie, incluso puede ser una situación dónde todos nos veamos beneficiados. Así, al crecer el producto se pueden mejorar los planes sociales, la educación, etc. o bajar impuestos a los más pobres, sin necesidad de subírselos a nadie. Hay un solo límite que no se puede pasar sin eliminar la cadena del crecimiento: no se puede separar el proceso de generación de la riqueza del de su distribución. Si aquel que produce algo no lo puede conservar estaremos matando el incentivo a producir y en consecuencia, en palabras del Presidente Mujica “la gallina de los huevos de oro”.

Conclusión

Es difícil de entender porqué cuándo al país le va bien en materia de crecimiento económico se desata un debate que lo puede afectar desde el propio gobierno. El actual debate en el momento que vivimos es altamente perjudicial para el país, y el equipo económico lo sabe. Vivimos una coyuntura que permite crecer y repartir, sin necesidad de afectar los factores fundamentales del crecimiento, esto es lo que no deberíamos perder de vista. Aumentar impuestos hoy (ajuste fiscal en lenguaje antiguo) es un absurdo que además del daño directo que haría, demostraría que el gobierno definitivamente perdió el rumbo. La baja del IVA o de algún otro impuesto está bien, y será bueno más allá de la forma en que se instrumente, aunque preferimos la baja de la tasa básica de 22% a 20% por dos razones. Una, es el compromiso electoral del Frente. Dos, beneficiaría a toda la población. Si pudiéramos elegir preferiríamos subir el mínimo no imponible del IRPF antes que bajar el IVA. Y si en vez de comenzar a cobrar el impuesto desde sueldos de $15.000 se pasara a cobrar desde $20.000 muchas familias pasarían a sentir que tienen más dinero en el bolsillo, con el natural efecto multiplicador que también sentiría la industria, el comercio, etc. y por lo tanto también en el empleo. No hay dudas de que nuestro país debe tener menos impuestos, menos gravosos y menos complicados, lo que hace más absurdas las propuestas de aumentarlos. El gobierno es quien debe encausar esta discusión y llevarla a una conclusión razonable para que sepamos que el Uruguay va a poder seguir creciendo y bajando la pobreza, sin que seamos nosotros mismos los que nos busquemos los problemas”.